Actualizado Mi�rcoles,

junio

03:19"El rey de las grandes maniobras diplom�ticas". As� defin�a Le Monde a Mohamed VI en un profundo an�lisis del pasado agosto en el que el diario franc�s detallaba el casi silencioso pero muy astuto activismo internacional del soberano alau�, pilotado en torno a las dos cuestiones fundamentales para el trono en los �ltimos a�os: la marroquinidad del S�hara Occidental como principio irrenunciable y la normalizaci�n de relaciones con Israel. De esto �ltimo se han derivado, claro, ventajas tan trascendentales para Rabat como el consolidarse como el ojito derecho de la Administraci�n Trump en el Magreb, con un respaldo ilimitado y m�s claro que nunca a la anexi�n de la ex colonia espa�ola.Pese a las debilidades internas del r�gimen autoritario marroqu� -el �ltimo gran estallido social se vivi� en oto�o con la revuelta de los j�venes para exigir mejoras en sanidad y educaci�n, y oportunidades de futuro, mientras tantos ven con indignaci�n c�mo buena parte de las inversiones m�s recientes se dirigen a megaproyectos fara�nicos como los estadios de f�tbol para el Mundial 2030-, Mohamed VI ha sabido transformar la diplomacia en un verdadero instrumento de poder que hasta la fecha ha logrado que la Monarqu�a quede al margen de cualquier cuestionamiento de las fallas del sistema, cada vez m�s evidentes.Las autoridades del Reino han visto en la reivindicaci�n del S�hara no s�lo una vieja bandera, agitada ininterrumpidamente desde la Marcha Verde de 1975. Tambi�n es el asunto que con m�s eficacia galvaniza el nacionalismo marroqu�, insuflando a la ciudadan�a del mejor trampantojo para mantener prietas las filas m�s all� de la crisis econ�mica, social, de fuerte desempleo y de campante corrupci�n en la Administraci�n que azota a la naci�n magreb�. En la batalla diplom�tica, en noviembre Trump sirvi� a Mohamed VI el S�hara en bandeja de plata, con una resoluci�n del Consejo de Seguridad de la ONU que vino a legitimar de facto el control que Rabat ya ejerce sobre el inmenso y muy rico territorio en recursos en proceso de descolonizaci�n, seg�n la misma Organizaci�n de Naciones Unidas. De modo que no sorprende que el r�gimen marroqu� pise tambi�n el acelerador en la batalla propiamente militar, como demuestra con su �ltimo golpe al Polisario en un ataque con drones que es un clar�simo aviso a navegantes en la nueva reconfiguraci�n del tablero geopol�tico y toda una exhibici�n de impunidad de quien se siente tan fortalecido por el indisimulado apoyo de Washington y Tel Aviv, a la vez que Rabat ha visto en poco tiempo c�mo Espa�a, Francia y varias potencias africanas sucumb�an a su exigencia territorial.Cabe subrayar que ataques en el S�hara occidental se producen con demasiada frecuencia desde 2020 -si bien la muerte del dirigente Lahbib Mohamed Abdelaziz, hijo del fundador de la organizaci�n independentista saharaui es m�s que un salto cualitativo-. Estamos ante un conflicto latente y enquistado, en el que los enfrentamientos entre las dos partes contendientes se avivaron tras el fin del cese de hostilidades por parte del Polisario, sobre todo en las inabarcables zonas des�rticas situadas al este del denominado muro de defensa marroqu�, la barrera fortificada de m�s de 2.700 kil�metros que divide el espacio de la ex colonia espa�ola. La capacidad de vigilancia y la eficacia en los ataques por parte de Rabat se ha multiplicado con el respaldo armament�stico y de herramientas como los drones por parte de EEUU e Israel.Acuerdos de AbrahamMarruecos se convirti� el 20 de diciembre de 2020 en el cuarto pa�s musulm�n que normaliz� las relaciones con Tel Aviv, tras Emiratos �rabes Unidos, Bahrein y Sud�n, en el marco de los Acuerdos de Abraham impulsados por la Casa Blanca. La ofensiva militar israel� en Gaza, tras los brutales atentados de Hamas y Yihad Isl�mica el 7-O, supondr�a enseguida un motivo de tensi�n en las calles marroqu�es, con una ciudadan�a en general poco proclive al acercamiento al Estado jud�o. Sin embargo, Mohamed VI ha aguantado muy bien el pulso todo este tiempo. Con excepci�n de algunas grandes manifestaciones en Rabat y otras grandes ciudades, el r�gimen ha hecho uso de la fuerte represi�n, como denuncian las ONG sobre el terreno, para impedir movilizaciones en favor de los gazat�es y de Palestina. La Monarqu�a alau�, a pesar de que Mohamed VI preside el Comit� Al-Quds (Jerusal�n), un �rgano creado por la Organizaci�n para la Cooperaci�n Isl�mica para proteger la ciudad santa, ha dejado completamente de lado la causa palestina a cambio de la valios�sima contribuci�n que Tel Aviv y Washington est�n haciendo para la imposici�n de la marroquinidad del S�hara Occidental.Mohamed VI junto al presidente de Emiratos, el jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan, la semana pasada.E. M.Y, en paralelo, toda la recomposici�n del puzle del mundo musulm�n a ra�z de la guerra a varias bandas en Oriente Pr�ximo, con la ofensiva contra Ir�n en especial, est� siendo bien aprovechada por Mohamed VI para llevarse el agua a su molino en el juego de alianzas diplom�ticas que hoy traza nuevas estrategias de influencia. Uno de los movimientos t�cticos m�s fruct�feros para Rabat es el fortalecimiento que est� experimentando su pacto con actores tan relevantes en el conflicto en marcha como Emiratos �rabes Unidos. El monarca alau� se presenta como mediador entre Abu Dabi y Riad, gracias a sus excelentes relaciones tambi�n con Arabia Saud�, otro de sus viejos aliados estrat�gicos. Y para Mohamed VI est� siendo una gran ventana de oportunidad la actual pugna de las dos potencias sun�es del Golfo -sus intereses son irreconciliables en Yemen o en la guerra de Sud�n, pero tambi�n divergen a ra�z de la ofensiva contra Ir�n en asuntos econ�micos de calado, con la salida de Emiratos de la OPEP-, al posicionar a Rabat como un "poder equilibrista", como lo han bautizado distintos analistas, que de pronto gana mucho peso en la diplomacia del mundo musulm�n. El viaje de la semana pasada al encuentro de Mohamed VI por parte del presidente de Emiratos, el jeque Mohamed bin Zayed Al Nahyan, incidi� en el auge de ese protagonismo de un Marruecos que, insistimos, centra todos sus esfuerzos en no dejar escapar por m�s tiempo el codiciado bot�n del S�hara.En este sentido, de modo casi silente, Rabat suma extraordinarios aliados africanos en su reclamaci�n territorial a trav�s de una activa diplomacia en la que tampoco falta la chequera. En abril, el Polisario recibi� otro mazazo con la decisi�n de Mal� de romper relaciones con la autodenominada Rep�blica �rabe Saharaui Democr�tica, 40 a�os despu�s de su reconocimiento. Bamako sigui� los pasos de otras naciones del Sahel y el resto del continente, como Zambia y Ghana, que ya aplauden el plan de autonom�a para el S�hara defendido por Marruecos. Rabat ofrece a los pa�ses del Sahel que le secunden acceso al Oc�ano Atl�ntico y con los ping�es beneficios de los megacontratos explotados en la zona est� limando las resistencias de los m�s numantinos. El avance yihadista en el norte africano tambi�n es un argumento de peso que corona a Rabat en su papel de gendarme tanto ante sus vecinos como ante la temerosa Europa. Hoy Mohamed VI ya se sabe, por todo, rey del S�hara Occidental.