La crisis de Ceuta no ha sido un hecho fortuito. El jueves 30 de julio tuvo lugar en Marruecos la Fiesta del Trono, una celebración que conmemora el ascenso de Mohammed VI el 30 de julio de 1999. Significativamente, el lugar elegido este año por el rey de Marruecos para celebrar la festividad fue la prefectura de Rincón-Castillejos, una zona del país limítrofe con Ceuta. Allí fue agasajado Gianni Infantino, presidente de la FIFA. Su presencia forma parte de las maniobras de Rabat, que, tras ser invitado por el gobierno español a acoger partidos de fútbol del Mundial que España y Portugal organizarán en 2030, ahora pretende ser protagonista absoluto celebrando la final en el que será el mayor estadio de África. La elección de una fecha señalada para activar una crisis internacional no es ninguna novedad. En el año 2001, el 11 de julio, un día antes de la boda de Mohammed VI con Salma Benami, miembros de la Guardia Civil se encontraron en una patrulla rutinaria a miembros de la Fuerza Auxiliar marroquí en el islote de Perejil. ¿Fue un regalo de bodas?, se llegó a preguntar por aquel entonces un diplomático español. En abril de 2021, Marruecos desveló que el líder del Frente Polisario, Brahim Gali, estaba internado en un hospital español. Tras consultas y quejas del gobierno marroquí, el 17 de mayo estalló una crisis en Ceuta con avalanchas de ciudadanos marroquíes que entraron en la ciudad española bordeando a nado el espigón que prolonga la frontera terrestre. Una situación calcada de la vivida el pasado día 29 de julio de 2026, pero cuyas cifras, unos 8.000 marroquíes que accedieron ilegalmente en Ceuta, ahora quedan empequeñecidas. Las avalanchas humanas que entraron en Ceuta el día 29 de julio de 2026 han sido explicadas por el supuesto efecto llamada que causó una sentencia del Tribunal Supremo español sobre las 'devoluciones en caliente'. La resolución del 8 de julio venía a decir que, si bien las personas que eran interceptadas tras saltar la valla fronteriza podían ser devueltas sobre la marcha, las que llegaban desde Marruecos por mar debían tratarse como el equivalente a náufragos de origen incierto y no podían 'devolverse en caliente'. Pero la supuesta estampida por el efecto llamado tuvo una fecha concreta. Según contó Ignacio Cembrero en El Confidencial, se disparó entre los días 21 y 28 de julio, provocando lo que describió como una "crisis migratoria". Nuevamente, las fechas son clave para entender la nueva situación. El lunes 20 de julio de 2026, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, visitó Argelia para restaurar las buenas relaciones bilaterales, afianzando el papel del país magrebí como seguro proveedor energético en una era de profunda inestabilidad en Oriente Medio. La crisis en Ceuta sólo puede, por tanto, interpretarse como una medida coercitiva de Marruecos contra España. TE PUEDE INTERESAR Opinión La crisis de Ceuta ha sido descrita en alguna portada de diario como una invasión. Se destaca en comentarios de redes sociales que el perfil más frecuente de los inmigrantes irregulares que se ven en las fotos y vídeos de la frontera de Ceuta son jóvenes en "edad militar". Y se hacen desde esas mismas redes sociales peticiones de que las fuerzas armadas sean empleadas de forma contundente. El discurso belicista no encaja con la realidad de los hechos sobre el terreno. No hay movimientos de tropas, no hay explosiones y no hay una respuesta militar por parte de España que resulte razonable. Poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, desde el Cuerpo de Infantería de Marina de Estados Unidos se asistió con preocupación a que el ejército acaparaba todo el protagonismo de la nueva guerra global contra el terrorismo. Los marines percibían que su especialización como fuerza anfibia los hacía irrelevantes en conflictos como la ocupación de Afganistán e Iraq, donde se comportaban como una fuerza terrestre más. Así que desde un laboratorio de ideas de los propios marines se decidió estudiar cómo estaba cambiando la guerra para poder mantener al Cuerpo de Infantería de Marina relevante en las guerras del futuro a ojos del Pentágono y de los legisladores de Washington D.C. Un nuevo concepto para una nueva guerra El estudio de las guerras del futuro recayó en Frank Hoffman, que encontró que en el Pentágono había dos campos. Uno consideraba las guerras de Afganistán e Irak como una pérdida de tiempo. Ese bando creía que Estados Unidos debía prepararse para las guerras convencionales de alta intensidad y debía impulsar nuevas tecnologías para anticiparse a los intentos de cualquier potencia competidora que intentara ponerse a la par en poderío militar (peer competitor). El otro bando consideraba que el poder militar estadounidense no tenía parangón y que sus principales enemigos en los años venideros serían fuerzas irregulares como los talibanes o Al Qaeda. Y que el primer bando tenía una obsesión enfermiza con las guerras del futuro cuando Estados Unidos no había logrado vencer en las guerras donde estaba en aquel entonces presente. Frank Hoffman zanjó el debate argumentando que ambos bandos estaban en el fondo equivocados porque entendían el mundo en categorías estancas y que la realidad era más compleja. Hoffman anticipó que los grupos irregulares del futuro se dotarían, gracias al abaratamiento de las tecnologías o del colapso de estados fallidos, de medios muy sofisticados que les permitirían desafiar a los ejércitos regulares de tú a tú. Mientras que las potencias en ascenso rehuirían de enfrentarse a Estados Unidos en guerras convencionales de alta intensidad para usar estrategias asimétricas, armas de destrucción masiva o la instrumentalización de grupos no estatales. Las categorías se iban a difuminar en una nueva era de guerras híbridas. TE PUEDE INTERESAR El nuevo término se popularizó en el Pentágono tras la guerra del Líbano de 2006, en la que Israel se vio sorprendido por la forma en que el grupo libanés Hezbolá había usado misiles antibuque, cohetes de artillería y misiles anticarros. El concepto de grupos irregulares plantando cara con medios sofisticados a un ejército convencional parecía ser totalmente correcto. Pero el acontecimiento que catapultó el concepto al lenguaje popular llegó en 2014. Rusia invadió Crimea con una combinación de fuerzas de operaciones especiales con ropa civil y militares sin insignia, mientras impulsó un conflicto armado en la región oriental de Ucrania mediante la acción de agentes agitadores respaldados por voluntarios ultranacionalistas, contratistas y militares obligados a desvincularse temporalmente del ejército. Las acciones rusas fueron acompañadas por intensas campañas de desinformación, ciberataques y guerra electrónica. El factor clave fue la negación plausible. El Kremlin introducía tropas en Ucrania, como el sistema Buk que derribó un avión de pasajeros el 17 de julio de 2014, mientras negaba toda relación con los acontecimientos sobre el terreno. La ambigüedad y novedad de los acontecimientos llevó a buscar un nuevo concepto para describir qué había sucedido en Ucrania. 'Guerra Híbrida' parecía englobar la mezcla de guerra convencional e irregular o la mezcolanza de acciones tanto en el ámbito material como en el campo de lo intangible. Pero pronto el término empezó a ser empleado en cualquier ejemplo de estrategia agresiva y hostil. Como por ejemplo, el empleo de la inmigración irregular como herramienta de presión. Este nuevo concepto planteaba un problema. Una guerra implica un acto hostil que, por su naturaleza, legitima bajo el derecho internacional el uso de la fuerza. Y los acontecimientos vividos en Ceuta están lejos de lo que Naciones Unidas entenderían como justificativos del uso de la fuerza militar en legítima defensa o la OTAN viera como suficiente para activar una respuesta colectiva bajo el Artículo 5.º de la Alianza Atlántica. TE PUEDE INTERESAR El éxito del concepto de Guerra Híbrida, tan empleado en la prensa, curso, charlas y congresos, empujó a que en el seno del Pentágono se buscara una alternativa. La búsqueda de un nuevo concepto surgió en el Mando de Operaciones Especiales (SOCOM). La idea principal es que había que entender que estábamos hablando de conflictos que sucedían por debajo del umbral de la guerra abierta. Para ello habría que comprender que en el orden internacional no existen únicamente situaciones extremas de paz o guerra. Hay un espacio intermedio, la Zona Gris, en el que tienen lugar acciones hostiles que, si la víctima responde con contundencia mediante sus fuerzas armadas, se ganaría la condena internacional. Ello es debido a que también es importante la ambigüedad de las acciones o la negación plausible. Nunca hay plena seguridad en la atribución de la responsabilidad. Por ejemplo, responder al uso de la inmigración irregular o los tráficos ilícitos como herramienta de presión con bombardeos aéreos no sería percibido como una acción legítima porque se entendería como una respuesta desproporcionada. También, porque el agresor puede escudarse en la falta de pruebas sobre su responsabilidad última. TE PUEDE INTERESAR Otra característica fundamental de la Zona Gris es que en ella actúan países que ponen en cuestión el statuo quo. Por ejemplo, países que quieren revisar el trazado de las fronteras. De ahí que se hable de 'potencias revisionistas'. Actúan de forma agresiva y continua con el propósito de obtener repetidamente pequeñas ventajas. En vez de aspirar a un cambio repentino y profundo, la acumulación de pequeñas victorias diplomáticas va permitiendo a las potencias revisionistas lograr sus objetivos en el largo plazo. Las ventajas que obtenga Marruecos de esta última crisis de Ceuta serán un buen indicador de si Marruecos sigue sacando réditos de su estrategia en la Zona Gris o si, por el contrario, se empieza a entender en España la necesidad de contestaciones adecuadas ante quien se aprovecha de la ambigüedad y la dificultad de llegar hasta el último responsable.
Bienvenidos a la Zona Gris: si esto es una guerra híbrida, España no tiene manera de responder
El uso de la presión migratoria es un arma más dentro de este nuevo tipo de conflicto y España carece de respuestas adecuadas ante la dificultad de encontrar al último responsable











