Nos encontramos en el mar de Iroise. Situado en el extremo occidental de la Bretaña francesa, es uno de los más peligrosos para navegar del mundo, debido a sus arrecifes, profundidades variables y fuertes corrientes. De ahí que sea el lugar de Europa con mayor concentración de faros y balizas. El extremo sur de este mar está en la Punta de Raz, y aquí espera nuestro primer faro, el de la Vieille (faro de la Vieja), que comenzó a construirse en 1882 y no fue hasta 1887 cuando se pudo encender por primera vez. Este faro señala a los barcos el peligroso paso del Raz de Sein, entre la isla de Sein y la Punta de Raz.Más al norte está el de Tévennec, un faro que enloqueció a más de un farero al escuchar, decían, las voces agonizantes de los náufragos que habían perdido la vida en el mar. Así, 23 guardianes se sucedieron en la roca durante 35 años, hasta su automatización en 1910. En 2016, Marc Pointud, presidente de la Sociedad Nacional para el Patrimonio de los Faros y Balizas de Francia, lo habitó durante 69 días, lo que dio lugar al libro Tévennec: Las puertas del infierno.Dejamos Brest atrás y vamos más allá, hasta la punta y el faro de Saint-Mathieu, cuyo nombre en bretón, Penn-ar-Bed, significa “fin del mundo”. El faro, construido en 1835, tiene a sus pies las ruinas de una antigua abadía del siglo XI, la capilla Notre-Dame-de-Grâce y un semáforo naval. El conjunto es espectacular a cualquier hora del día, pero sobre todo cuando el sol se apaga en el mar y se enciende el faro. Paseando por la costa, en menos de cuatro kilómetros se llega a Le Conquet (Konk Leon, en bretón), una pequeña y agradable ciudad de cara a la ría y a sus grandes mareas, con un puerto muy vivo desde el que parten cada día los barcos de pesca y los que conectan el continente con las islas de Molène y Ouessant. Atravesando la pasarela de Croaë sobre la ría se alcanza la península de Kermorvan y, tomando cualquier sendero, se llega al extremo de la misma y al faro homónimo, que se puede visitar. Seguimos rodeando la península y nos topamos con el fuerte de La Latte, al que se accede durante la marea baja. A continuación, la playa de Blancs Sablons, de 2,5 kilómetros de longitud, recorrible por un pequeño sendero que discurre por encima del arenal.En lancha por el archipiélago de MolèneLa compañía Archipel Excursions ofrece salidas en embarcaciones semirrígidas de diferente duración por el mar de Iroise. La más extrema dura nueve horas y llega a los seis infiernos, que es como llamaban los fareros a los faros en alta mar de Le Four, La Jument, Kéréon, Les Pierres Noires, Ar-Men y La Vieille, por su aislamiento extremo, unas condiciones meteorológicas brutales y la peligrosidad de la vida de quienes residían en ellos. Pero esa excursión, debido a las corrientes y la climatología, solo se consigue hacer unos cinco días al año, así que nos embarcamos para ver las focas grises zambullirse y secarse al sol en el islote de Kervourok, pasar por la isla de Beniguet y, finalmente, llegar al faro de Les Pierres Noires. Esta torre, que emerge 30 metros del mar, es el primer “infierno” que se construyó y el primero en automatizarse, en 1992.La travesía a la isla de Ouessant, a tan solo 20 kilómetros del continente, pero tan aislada en el pasado, hoy dura tan solo hora y media, parando en la isla de Molène. Entre las dos divisamos el faro de Kéréon, que fue patrocinado por la señora Jules Le Baudry en 1910 y fue apodado el Palacio del Mar por las maderas nobles que visten su interior. En bretón, Ouessant es Enez Eusa, la más lejana, pero era también llamada la isla de las mujeres porque los hombres pasaban largas temporadas en alta mar y eran ellas las que realmente la habitaban. Hoy es una isla con mucha vida y merece la pena echarle un vistazo a su agenda antes de visitarla para no perderse nada (ot-ouessant.fr/agenda). También podemos leer Los crímenes de la isla de Ouessant (2025), de Jean-Luc Bannalec, que transcurre en este escenario y sirve como guía.Aquí conocemos a Ondine Morin, guía y pescadora de la isla que, como dice el comisario George Dupin en el libro, “es el alma de la isla”. Uno lo comprueba dejándose guiar por ella para descubrir este peculiar territorio repleto de faros en su excursión nocturna (kalon-eusa.com). En Ouessant está el faro más potente de Europa, con 60 kilómetros de alcance: Créac’h, enclavado en un increíble paisaje de agujas de piedra y que en unos años albergará el Museo de los Faros y Balizas, actualmente en construcción. También el faro de Stiff, obra del famoso ingeniero Vauban y en funcionamiento desde 1700, al cual se puede acceder para ver la isla desde lo alto.Merece la pena ver la película El extraño (2004), de Philippe Lioret, rodada en la isla y en el faro de La Jument, para hacerse una idea de cómo era el día a día de los fareros y cómo lograban hacer los cambios de guardia. Las rotaciones, que eran de 15 días, no siempre se podían llevar a cabo, como fue el caso de Ar-Men, cuyos fareros permanecieron sin relevo 102 días, y 97 los de La Vieille.La Jument, situado frente a la costa suroeste, se hizo famoso por la fotografía que tomó el 21 de diciembre de 1989 desde un helicóptero Jean Guichard al faro y a su farero en pleno temporal. Con ella ganó el segundo premio de naturaleza del World Press Photo. La historia que llevó a su construcción es bien curiosa: al morir en 1904, Eugène Potron, miembro de la Sociedad de Geografía de París, dejó al Estado francés dinero suficiente para su construcción, pero con la condición de que se levantase en siete años. Se retrasaron siete meses, pero a nadie pareció importarle.También merece una visita el faro de Isla Virgen, a tan solo 1,5 kilómetros de la costa. Tiene 82,5 metros de altura, 383 escalones y paredes revestidas de opalina azul celeste. Se puede llegar en barco y en otro tipo de embarcación, como un kayak.Se dice que la primera leyenda bretona fue la de la barca de los muertos conducida por Ankou, en la que los marineros llevaban un pendiente de oro para poder pagar al barquero en caso de morir en el mar. Las bellas Morgans, con su ciudad sumergida, o las Cygnes, mujeres aladas con cara de cisne, son otros mitos que han llegado hasta nuestros días contados de manera oral, generación tras generación.A Jean-Luc Bannalec se le atribuye la frase: “En la Bretaña hay más luz que en ningún otro rincón del mundo”. Después de recorrerla viendo sus faros iluminarla, añadimos: “Tanto de día como de noche”.