Frailecillos, acantilados y carreteras que conducen al fin del mundo: este archipiélago del Atlántico norte limita el acceso a algunos senderos y anima a los viajeros a comer en casa de los locales
Las Islas Feroe no son un destino fácil. El clima es impredecible. Los precios son altos. Las carreteras son estrechas. Pero precisamente por eso, son más atractivas. De momento, estas islas al norte se protegen de la llegada del turismo masivo con tasas turísticas, limitando el acceso a algunos senderos y promoviendo experiencias lentas y diferentes, como comer en casa de los habitantes locales....
Las Islas Feroe apenas llaman la atención en el mapa: son 18 islas volcánicas perdidas en el Atlántico norte, entre el Reino Unido, Noruega e Islandia, muy lejos de Dinamarca, de la que forman parte con un estatus especial de “nación constituyente”, como Groenlandia. El paisaje de estas islas todavía no ha conseguido ser domesticado, a pesar de estar a poco más de dos horas desde Copenhague y de que su aeropuerto internacional, en Vágar, tiene vuelos directos desde Copenhague y, de forma estacional, desde algunas ciudades de España, Escocia o Francia.
¿Y por qué ir hasta un lugar tan remoto y solitario? Tal vez por eso: por el aislamiento y la originalidad. Vale la pena explorar sus faros solitarios y pueblos atemporales, recorrer senderos de montaña y observar aves, pero siempre hay que ir preparado para un tiempo realmente impredecible, con viento, lluvia y niebla. Es un destino para viajar sin prisas: aquí el tiempo avanza a otro ritmo. Lentamente. Las carreteras no nos llevan a ciudades, sino a acantilados, en los que habrá que luchar contra el viento. La sensación de aislamiento radical es su mayor atractivo, con montañas de basalto, estrechos marinos y acantilados repletos de aves. Aquí llueve o nieva más de 250 días al año, y quizá por eso, el visitante aprende pronto que viajar en Feroe no consiste en acumular lugares, sino en aceptar el clima, el silencio y la incertidumbre. El lujo no está en la comodidad, sino en experiencias como viajar por carreteras sin tráfico, con ovejas que se cruzan en el camino.







