El verano es el momento de la temporada alta de muchas frutas y hortalizas, y el tomate es uno de sus grandes protagonistas. Los tres meses más calurosos del año coinciden con su momento de maduración, cuando el fruto ofrece un sabor más intenso y una carne más jugosa. Por eso esta es la época en la que se preparan las conservas caseras: una forma de disfrutar del tomate en pleno invierno sin renunciar al sabor de la cosecha, y una costumbre que se transmite de generación en generación en numerosos recetarios familiares.

Además de evitar que se desperdicien los tomates que maduran antes de tiempo, hacer conserva permite tener siempre a mano una salsa base para infinidad de platos, como pasta, arroces, guisos, pizzas, sofritos o carnes. Elaborarla en casa tiene, además, una ventaja añadida: permite controlar por completo la calidad de los ingredientes, sin conservantes ni azúcares añadidos.

Para lograr un buen resultado, la elección del tomate es fundamental. Las variedades más carnosas, como el tomate pera, tienen menos agua y más pulpa, lo que da lugar a una salsa más espesa y concentrada. El otro secreto está en la sencillez, ya que esta receta requiere pocos ingredientes, pero de calidad, y hojas de albahaca frescas que potencien el sabor final.