Hay que aprender a vivir con el fuego. Así lo llevan inculcando las voces científicas durante las últimas semanas –y los últimos años–. Ahora bien, ¿cómo se aprende? ¿Cómo se garantiza que las vecinas y vecinos de un municipio cuentan con la formación necesaria para hacer frente al fuego cuando llega? Esta es una de las tareas que las administraciones públicas tienen todavía pendiente impulsar, y que a menudo suplen organizaciones de la sociedad civil de manera voluntaria.Publicidad"Está claro que incendios va a seguir habiendo", dice a Público Lourdes Hernández, especialista en incendios forestales de WWF España. Por este motivo, se requiere ir adaptando nuestros entornos para que "los municipios sean zonas seguras, que en caso de que haya un fuego, no evolucione hacia las situaciones tan extremas como las que estamos viendo". Maria Cifre, antropóloga de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) especializada en los dominios social, histórico y ambiental del fuego, remarca que es necesario "dar más información". Sin embargo, esta tarea se debe tomar en serio. "No es suficiente colgar un tríptico con lenguaje supertécnico en una página web de un ayuntamiento o de un cuerpo de bomberos. Hay que hacer que la información sea relevante, que sea accesible, que sea entendible y hacerla llegar a la población".Aquí entra en juego SOS Wildfire, una asociación de bomberos forestales que se encarga de hacer cursos de formación en entornos rurales a lo largo de la geografía española. Nacho Martín, bombero forestal y fundador del proyecto, explica a este diario que se trata de "un curso teórico-práctico de día y medio", en el cual se enseñan "conceptos básicos de extinción de incendios forestales basado en la seguridad como eje principal". De este modo, la población aprende cómo enfrentarse a un fuego para mantenerse a salvo, pero también se fomenta la conciencia de corresponsabilidad, en virtud de la cual la ciudadanía también debe estar activamente implicada en las emergencias ambientales.Empoderamiento vecinal frente al fuego "Dentro de las capacidades que ellos tienen, les enseñamos qué pueden aportar y, sobre todo, cómo se pueden y se tienen que coordinar con los responsables en la extinción de incendios", abunda el bombero. Se trata de un elemento fundamental, ya que Maria Cifre recalca que, si bien el conocimiento en prevención es imprescindible, este no es el único eje formativo del que deben disponer quienes viven en zonas vulnerables. La experta insiste en que las personas "deben saber qué hacer antes de un incendio para aumentar la seguridad", pero también "qué hacer durante y qué hacer después".En esto consistiría la nueva cultura del fuego basada en la percepción del riesgo, según describen estos días diferentes voces científicas. Los cambios en el uso del suelo homogeneiza el paisaje y aumenta la masa forestal inflamable, lo que facilita la propagación del fuego a mayor velocidad. La construcción de viviendas en la interfaz urbano-forestal, además, dificulta las labores de extinción. A ello se suma la crisis climática y sus consecuentes olas de calor, cada vez más largas, intensas y frecuentes.PublicidadTodo ello provoca un estrés hídrico en la abundante vegetación, lo que la hace más sensible a la ignición. El conjunto de estas condiciones conllevan una simultaneidad de los focos, lo que obliga a repartir las fuerzas de trabajo y los medios disponibles y priorizar por orden de urgencia. En última instancia, esto significa que cada vez es más probable que un incendio supere las capacidades de extinción. Ante una circunstancia de este tipo, se vuelve urgente que las personas sepan cómo actuar.Implicación ciudadana ante la falta de recursos públicosEn este sentido, Nacho Martín valora que los pueblos "están muy interesados" en las actividades formativas de SOS Wildfire. "Son conceptos nuevos que ellos no conocían y la verdad es que se están sintiendo con una visión y mentalidad diferentes hacia los incendios forestales". Pero también cambia la actitud hacia "algo muy importante", como son los servicios de extinción. "A nosotros nos interesa que también sean conscientes de lo que hacemos y por qué hacemos determinados trabajos, para que empaticen, para que comprendan y para que sepan lo que hay". El bombero forestal indica que este tipo de conocimiento agiliza la coordinación de las personas voluntarias con los equipos profesionales. Si bien antes "se ponían a trabajar en cualquier sitio de cualquier manera", las formaciones "van a servir para que sepan hacer unas labores efectivas".PublicidadEste tipo de experiencias de aprendizaje responden a un requerimiento social en el nuevo contexto ambiental: "Vecinos implicados activamente", menciona Lourdes Hernández. Pero se necesita también un segundo ingrediente: "Municipios que informen y se preparen debidamente frente a estos eventos". La especialista de WWF España defiende que son las administraciones públicas quienes deben facilitar los recursos para garantizar una sociedad cohesionada y debidamente formada ante las emergencias. En caso de que las localidades carezcan de medios para ello, Hernández recalca que son las comunidades autónomas las entidades que deben proporcionarlos.Pero la teoría difiere sobremanera de la realidad. "Las administraciones públicas en el tema de la formación no están haciendo nada", lamenta Nacho Martín. "Están un poco ausentes", añade. Los bomberos forestales llevan a cabo estas capacitaciones de manera voluntaria y en su tiempo libre, por lo que no tienen capacidad de responder a todas la solicitudes que reciben de las diferentes localidades vulnerables. Tanto Martín como Hernández abogan por una mayor inversión pública que a la postre desarrolle una ciudadanía entrenada para hacer frente a unos desastres naturales que han venido para quedarse.