El aumento de los incendios forestales que afectan a poblaciones en España ha abierto un debate en los servicios de extinción: ¿Qué se debe hacer con los ciudadanos —cada vez más— que quieren ayudar contra el fuego? En estos momentos, Extremadura tramita un decreto para regular la colaboración de los voluntarios en la extinción de incendios forestales y en León, vecinos de los pueblos se están formando en cursos para aprender a actuar contra las llamas. E incluso en lugares como Cataluña funcionan desde hace 40 años grupos organizados de voluntarios apoyados y equipados por las administraciones que apagan fuegos. Para algunas voces del sector, resulta prioritario impulsar el voluntariado en el país para combatir las llamas, pero otras piden dejar los trabajos de extinción para los bomberos profesionales y aprovechar a estas personas para otros cometidos con menos peligro, principalmente, para la prevención.“Es entendible que no se quiera correr riesgos, pero tampoco podemos negar una realidad: hay una parte emocional y, si la gente de los pueblos ve que un incendio amenaza sus casas, sus terrenos o su ganado, va a querer actuar sí o sí”, comenta Nacho Martín, bombero forestal y fundador de SOS Wildfire, una ONG que imparte cursos para enseñar a ciudadanos a luchar contra el fuego. “Estamos teniendo un aluvión de solicitudes para dar esta formación en pueblos de León”, afirma el especialista en incendios, que critica que gran parte de las administraciones está mirando para otro lado para no tener que dar una solución a esta forma de voluntariado que reclama colaborar.La Ley del Sistema Nacional de Protección Civil establece tanto el deber de colaboración de los ciudadanos en emergencias como su derecho de participación. E incluso determina que los poderes públicos deben promover la implicación y la formación de voluntarios. En la práctica, esto se limita por lo general a actuaciones ciudadanas más relacionadas con tareas de protección civil y logística, lejos de las llamas, aunque en algunos sitios existen sistemas organizados de voluntariado apoyados por las administraciones locales que en ocasiones sí se enfrentan al fuego, como las Agrupaciones de Defensa Forestal (ADF) de Cataluña. Las ADF se crearon tras los graves incendios de Montserrat de 1986 y hoy en día hay cerca de 307 en toda Cataluña, en las que participan más de 6.700 voluntarios. Como explica Jordi Tort, presidente de la Federación de ADF del Bages-Moianès, “somos ciudadanos con otros trabajos, que cuando acabamos nuestra faena ayudamos en esto, pero estamos organizados y formados, y tenemos nuestros equipos de protección, nuestros vehículos y nuestras cubas de agua”. Estas agrupaciones colaboran en la prevención de incendios todo el año, retirando ramas secas y realizando trabajos forestales, y también efectúan tareas de vigilancia. No obstante, por su amplia distribución en el territorio, resultan especialmente interesantes en la respuesta rápida frente a las llamas, pues a menudo son los primeros en llegar en los inicios del fuego, cuando todavía se trata de conatos fáciles de sofocar. De hecho, según incide Jordi Fàbrega, diputado delegado de prevención de incendios de la Diputación de Barcelona, en esta provincia los voluntarios de las ADF contribuyeron directamente a apagar 89 fuegos el año pasado.“Para nosotros es fundamental tener este ejército de voluntarios, que en Barcelona incluye más de 4.000 personas“, señala Fàbrega, que cuenta que la Diputación apoya a estos voluntarios con kits de extinción, cisternas y vehículos, además de darles dinero cada año para combustible. Con todo, lo que existe en Cataluña representa lo más avanzado en voluntariado contra el fuego en el país, y no es lo habitual. Como señala el bombero que está dando cursos para vecinos de los pueblos, “a menudo nos pasa que estamos trabajando y de repente aparece un grupo de cuatro o cinco personas con su azada y te dicen: ‘Oye que venimos a colaborar’”. Esto es un problema que puede complicar más que ayudar a la extinción, pero, para Martín, resulta inevitable que estas personas quieran defender su tierra. “Lo ideal sería ya formar brigadas de voluntarios perfectamente equipados, pero eso todavía va a tardar en llegar. Por eso es importante formar a los vecinos para que al menos sepan lo básico y, sobre todo, lo que no tienen que hacer”. “Nosotros lo que decimos es que busquen al responsable para coordinarse: no vayas nunca por tu cuenta, sin que nadie lo sepa”, destaca.El verano pasado murieron dos voluntarios en Quintana y Congosto (León) cuando ayudaban en tareas de extinción. Trabajaban con maquinaria como desbrozadoras para reducir la vegetación cuando el fuego les rodeó. Otra persona falleció en el incendio de Tres Cantos (Madrid) al tratar de salvar unos caballos. También hubo voluntarios heridos y situaciones de peligro. Por todo, para algunos servicios de extinción, resulta hoy en día prioritario regular la colaboración de la ciudadanía en la extinción, como en Extremadura, que tramita en estos momentos un decreto para ello. Según el Gobierno de esta región, lo que se pretende es “crear el marco jurídico necesario para que ayuntamientos y/o mancomunidades de municipios de toda la comunidad autónoma creen grupos, que ejercerán sus funciones de forma coordinada con las agrupaciones de protección civil de las localidades”. “El objetivo general de la medida es regular la participación de los voluntarios en la extinción de los incendios forestales, de modo que se eviten situaciones de riesgo tanto para ellos como para el personal del Plan Infoex, a la vez que se aproveche su conocimiento del terreno y su aportación en materia de logística y apoyo a los profesionales de la extinción”.En el gremio de los incendios, hay opiniones encontradas. Desde la Fundación Pau Costa, Luis Berbiela considera que “la respuesta al fuego debe ser cada vez más profesionalizada”. Por ello, defiende “enfocar cada vez más el voluntariado hacia los aspectos de prevención, de sensibilización, de gestión del territorio: es ahí donde tenemos la gran oportunidad de establecer un voluntariado cada vez más valioso en entornos de núcleos rurales y urbanizaciones para limitar las consecuencias del fuego, garantizar la seguridad y, al mismo tiempo, hacer que la comunidad participe de una cultura del riesgo”. Para explicar su postura, el ingeniero de Montes pone un símil con vacunas: “Mucho mejor que los ciudadanos aprendan a pinchar es que ayuden a hacer campaña para que se vacune más gente en su barrio”.Para otros, en cambio, esto no quita que haya ciudadanos que, si hace falta, puedan desenvolverse con una aguja. “Los voluntarios tienen que existir sí o sí, porque no hay bastantes bomberos para hacerlo todo”, reivindica el presidente de la Federación de ADF del Bages-Moianès. “Es verdad que los bomberos son los profesionales, pero nosotros estamos para echarles una mano y que no se nos queme el país”.