0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialHay momentos en los que la política debería hablar menos y decir más. Los grandes incendios de este verano no son solo una tragedia ambiental y humana. Son también una prueba para las instituciones y para quienes las dirigen. Precisamente por eso, es ahora, mientras el humo aún oscurece el horizonte y los equipos de emergencia se juegan la vida, cuando conviene observar qué hacen y qué dicen los responsables públicos. Después llegarán otras noticias y ese mecanismo tan humano de archivar lo importante en el cajón del olvido.En medio de la emergencia, Alberto Núñez Feijóo ha llamado a remar todos juntos y a evitar la confrontación política. El propósito sería difícilmente discutible si no fuera porque las palabras también tienen memoria y sus declaraciones de ahora huelen a aquello de excusatio non petita, acusatio manifesta .Feijóo pide remar todos juntos y huele a “excusatio non petita, acusatio manifesta”“Nadie puede tensionar más de la tensión que produce el incendio”, afirmó, antes de añadir que “cada uno es responsable de lo que hace y de lo que no hace. De lo que hizo y de lo que no hizo”. La apelación a la unidad, aun con ese estilo rajoyesco que parece que se ría de lo que dice y de quien lo escucha, resulta deseable. Pero lo que chirría es el historial de quien la pronuncia.Alberto Nuñez Feijóo, acompañado del consejero de Medio Ambiente de Madrid, Carlos Novillo, y del consejero de Presidenica, Miguel Ángel García Martín, visita el puesto de mando avanzado de Navalcarnero (Madrid).FERNANDO VILLAR / EFEPorque la credibilidad no nace de un discurso, sino de la coherencia. Cuesta aceptar esa llamada de quien ha hecho de la confrontación una herramienta política constante. Cuesta escucharla desde un partido que gobierna con fuerzas como Vox, que cuestionan el cambio climático o desacreditan políticas para combatirlo como la Agenda 2030. Y cuesta todavía más cuando alguien tan destacado en el PP como Isabel Díaz Ayuso dice: “España tiene un problema de limpieza de montes. Eso demuestra en qué manos estamos”. Obviando que esa competencia corresponde, en gran medida, a las comunidades autónomas como la suya.Ellos no ayudan, pero tampoco lo hacen diputados como aquel del PP que, cuando se hablaba en la Asamblea de Madrid sobre efectos del cambio climático, dijo que él estudió “en un colegio en Murcia, donde cuando hace calor, hace calor, y aquí estoy y aquí estamos, y no pasa nada”. Y, no, una ocurrencia no cambia el clima, pero revela una forma de entender la política donde la caricatura sustituye al diagnóstico.Antecedentes a parte, en una de sus primeras reacciones ante los incendios, Feijóo agradeció la labor de los gobiernos autonómicos, pero evitó cualquier reconocimiento al Gobierno de España, precisamente cuando esas mismas comunidades habían solicitado apoyo y la UME ya estaba desplegada. No se trata de repartir medallas, sino de asumir que, en una emergencia así, la coordinación institucional está por encima del interés partidista.Porque los incendios acabarán extinguiéndose. Pero la cuestión es si mientras eso pasa seguirá apagada la capacidad de muchos, demasiados, para exigir a quienes aspiran a gobernar que sean consecuentes con lo que predican. Y es que, como escribió Aristóteles, “la dignidad no consiste en recibir honores, sino en merecerlos”. Y añado: ser presidente, también.
La hora de la coherencia, por Toni Aira
Hay momentos en los que la política debería hablar menos y decir más. Los grandes incendios de este verano no son solo una tragedia ambiental y humana. Son también una prueba para las instituciones y para quienes las dirigen. Precisamente por eso, es ahora, mientras el humo aún...













