Otro día, otro arancel. La semana pasada el presidente Donald Trump generó más del tipo de caos que tanto le gusta al volver a lanzar el desafío arancelario a decenas de naciones. Parte de esto se debía a su intento de eliminar el trabajo forzoso de las cadenas de suministro de los países que exportan bienes a Estados Unidos. Otra parte se debía a la aplicación de normas obsoletas para castigar a países —como Canadá— que simplemente parece que lo molestan. Pero también se debía a las disputas desde hace mucho tiempo entre las compañías estadunidenses y los reguladores extranjeros, sobre todo en el ámbito de tecnología. El mandatario dijo que impondría más impuestos a la Unión Europea e iniciaría nuevas investigaciones, dado que los europeos están gravando a las compañías estadunidenses de tecnología.El 21 de julio, un grupo de congresistas estadunidenses escribió a Trump elogiando sus amenazas de aranceles a las naciones europeas que imponen un impuesto a los servicios digitales, alegando que esta y otras regulaciones de la Unión Europea perjudican a las firmas estadunidenses. Dos días después, el Representante Comercial de EU, Jamieson Greer, emitió la siguiente declaración: “Hoy, la Comisión Europea anunció que multará a Google con casi mil millones de dólares, la medida más reciente de una estrategia cada vez más agresiva contra las compañías estadunidenses de tecnología. Esto se suma a dos acciones recientes de la comisión en virtud de la Ley de Mercados Digitales que afectan al sistema operativo Android y a los servicios de búsqueda de Google, los cuales representan graves riesgos para la privacidad y la seguridad de los usuarios, constituyen una transferencia forzada de tecnología y un robo de propiedad intelectual de facto, e imponen sanciones económicas desproporcionadas”.Greer añadió que “la Unión Europea suele afirmar que busca la estabilidad y la previsibilidad en nuestra relación comercial, pero estas acciones están generando una enorme incertidumbre para las exportaciones estadunidenses de bienes y servicios a Europa. Tratamos de resolver nuestras preocupaciones sobre la Ley de Mercados Digitales de la Unión Europea y otras acciones mediante un diálogo responsable y constructivo. Pero un diálogo real sólo puede tener lugar durante un cese al fuego. Las recientes acciones de la Unión Europea socavan estos esfuerzos y representan un riesgo real para la continuidad de la estabilidad transatlántica en materia de comercio”. El propio Trump, por supuesto, fue más directo: los europeos están “robando a las compañías estadunidenses y, a su vez, al contribuyente estadunidense”.Bien, entonces. Es otra vez un toma y daca con los aranceles. El problema es que Europa no grava a las grandes compañías de tecnología por ser estadunidenses, sino porque la Unión Europea decidió que éstas plantean problemas de seguridad del consumidor y abuso de mercado, sin más. De hecho, la mayor demanda por seguridad en línea jamás interpuesta en la Unión Europea se presentó recientemente no contra una compañía estadunidense, sino contra una china, Temu. Las preocupaciones europeas en materia de competencia existen desde hace mucho tiempo. Pero dada la hegemonía de la inteligencia artificial (IA) tanto en EU como en China, los líderes europeos también exigen una mayor independencia en sus cadenas de suministro tecnológico por motivos de seguridad. La semana pasada, la comisionada europea de Tecnología, Henna Virkkunen, declaró a Financial Times que a los europeos les preocupa cómo puede utilizarse la IA como arma geopolítica y que están desarrollando capacidades regionales para contrarrestar la actual necesidad de elegir entre los gigantes chinos o estadunidenses.Eso es algo positivo (si se llega a concretar). Siempre he pensado que debe haber múltiples nodos de producción y consumo para productos cruciales como chips, productos farmacéuticos y, sin duda, servicios cruciales como la IA. Sin embargo, el cabildeo que ejerce la industria estadunidense de tecnología para impedir que los europeos creen su propia infraestructura tecnológica y protejan a sus ciudadanos mediante leyes como la Ley de Mercados Digitales alcanzó niveles alarmantes, tanto en Washington como en Bruselas.“Las grandes compañías de tecnología aprovechan sus conexiones con la Casa Blanca para que funcionarios de Trump ataquen las normas antimonopolio, de seguridad en línea y otras de diferentes países que se oponen a ellas, alegando discriminación comercial cuando en realidad se trata de eludir responsabilidades”, dice Lori Wallach, directora del programa Rethink Trade del American Economic Liberties Project (AELP).De hecho, la realidad no respalda la idea de que las grandes compañías de tecnología sean objeto de ataques por motivos de nacionalidad, como demuestra un nuevo estudio del AELP. Los europeos han utilizado la Ley de Servicios Digitales (DSA, por su sigla en inglés) y la Ley de Mercados Digitales (DMA) para investigar a decenas de compañías chinas, europeas e incluso una canadiense, además de las numerosas empresas estadunidenses que son revisadas. Invité a Wallach a que profundice en su trabajo, nos explique por qué cree que el argumento de Trump es hipócrita y hable sobre lo que observa en cuanto al cabildeo de las grandes compañías de tecnología a ambos lados del Atlántico. Lori, ¿cómo va a terminar todo esto? Tienes la palabra en Swamp Notes.Lecturas recomendadas-Hay un artículo de The New Yorker que examina la que tal vez sea una de las últimas formas de discriminación socialmente aceptadas: el prejuicio por la apariencia.-Todo el mundo habla del artículo de portada de The Atlantic sobre el “fin de la lectura”, lo que me da esperanzas de que tal vez el fin aún no está aquí.-En Financial Times, mi colega Gillian Tett tuvo la amabilidad de mencionarme en su artículo sobre el algodón de azúcar financiero (la superficialidad financiera), un tema de mi columna de los lunes sobre cómo los mercados se están convirtiendo en hologramas tokenizados de sí mismos.-Y mi colega Leo Lewis presenta, también en Financial Times, argumentos cada vez más convincentes de que las cosas están cambiando en Japón.Lori Wallach respondeGracias, Rana. Diste en el clavo al plantear dos preguntas que considero que están relacionadas en este delicado equilibrio. La primera es si la administración Trump realmente pondrá en peligro el recién aprobado Acuerdo Turnberry y el comercio real entre EU y la Unión Europea al aumentar los aranceles a los productos del bloque, sólo porque los amigos de Trump, los magnates de las grandes compañías de tecnología, detestan la idea de que cualquier país tenga políticas para contrarrestar los abusos de estas empresas, o que tenga que pagar multas que no representen una mínima parte de sus utilidades diarias cuando infringen las leyes.La segunda es si los funcionarios en Bruselas o en las capitales de los estados miembros de la Unión Europea cederán preventivamente ante las absurdas amenazas estadunidenses y debilitarán las políticas digitales del bloque; o, más probablemente, se mostrarán aún más permisivos en la aplicación de las leyes de supervisión digital cuando se trate de compañías estadunidenses que infrinjan las normas.En el informe que menciona Rana, “Crying Discrimination: How the Trump Administration Weaponizes US Trade Policy for Big Tech (Discriminación denunciada: Cómo la administración Trump converte en arma la política comercial estadunidense para las grandes compañías de tecnología)”, intentamos desmitificar las políticas antimonopolio y otras políticas digitales de la Unión Europea para los responsables de la formulación de políticas y el público estadunidense. Algunos aquí se enteran por primera vez de la existencia de la DMA y la DSA cuando los funcionarios de Trump atacan las normas del bloque, que en realidad son preocupantemente débiles, como si fueran armas nucleares diseñadas para eliminar a las empresas y la innovación estadunidenses.Al mostrar qué conductas indebidas persiguen la DMA y la DSA, que sus designaciones se basan en criterios cuantitativos específicos y al analizar el historial de multas y otras medidas coercitivas, queda claro que, por ejemplo, las cinco firmas de EU incluidas en la lista de guardianes de la DMA (junto con una empresa china y una de la Unión Europea) se incluyen por su posición dominante, no sólo por ser estadunidenses.Las compañías estadunidenses y de otros países son sancionadas (muy pocas veces) cuando infringen estas leyes. Por ejemplo, el informe muestra que las empresas chinas han sido objeto de diez investigaciones de la DSA, y las empresas con sede en la Unión Europea, de siete, por lo que es evidente que las políticas del bloque no son sólo a las empresas estadunidenses. La china Temu ha sido objeto de la mayor multa de la DSA, mientras que Google se ha enfrentado a la mayor sanción de la DMA (la que provocó la ira de Greer la semana pasada).En cuanto a discernir el límite donde la retórica amenazante de los funcionarios de Trump puede traducirse en acciones, y si ese tipo de medidas serán simbólicas o perjudiciales, el único indicador confiable es que las acciones que causan una gran disrupción del mercado se evitan o se revierten con rapidez. Esta regla se aplica, por desgracia, incluso respecto a diversos asuntos de comercio y transferencia de tecnología con China, donde una postura firme y la ausencia de cambios redundarían en el interés nacional.Ahora, a medida que nos acercamos a las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, también vale la pena considerar la política. Los demócratas tuvieron un día de campo político el año pasado cuando el secretario de Comercio de Trump, Howard Lutnick, ofreció explícitamente a los funcionarios de la Unión Europea eliminar los aranceles al acero y al aluminio (protecciones comerciales reales para la industria estadunidense de fabricación que Trump afirma favorecer) si Bruselas debilitaba el DMA y el DSA.Por tanto, es fácil imaginar la alegría de los demócratas si la Casa Blanca aumentara los aranceles a las importaciones europeas en vísperas de las elecciones de mitad de mandato en 100 días, que se decidirán en función de la “asequibilidad”, ya que los principales medios de comunicación convencionales confunden los aranceles con el aumento de precios. Las nefastas consecuencias para Trump de que los demócratas tomen la Cámara de Representantes, y peor aún, el Senado, son innegables.Además, uno de los pocos temas que une a los estadunidenses de todos los partidos y regiones es el rechazo a las grandes compañías de tecnología, alimentado por la descarada política de favores a cambio de acceso de Trump en su toma de protesta, las cenas en la Casa Blanca a cambio de dinero de los magnates del sector de tecnología y las exclusiones explícitas de aranceles para sus amigos de las grandes compañías del ramo. A esto se suma el hecho de que estas políticas no discriminan a Estados Unidos y que muchos estadunidenses estarían encantados de que alguien exigiera rendición de cuentas a las grandes empresas.Y, por si fuera poco, existe legislación, como la Ley de Innovación y Elección en Línea de Estados Unidos, con apoyo bipartidista en el Congreso, así como demandas antimonopolio presentadas por Trump contra las grandes compañías de tecnología que incorporan elementos clave de las políticas digitales europeas.Espero que los funcionarios de la Unión Europea no se dejen intimidar y que el próximo Congreso promulgue parte de la legislación pendiente sobre la rendición de cuentas de las grandes compañías de tecnología, para que el argumento de la “discriminación” pierda aún más credibilidad.
El tamaño sí importa cuando se trata de amenazas arancelarias
El cabildeo de la industria estadunidense de tecnología para impedir que Europea genere infraestructura y proteja a sus ciudadanos alcanzó niveles de alarma














