El agresivo regreso de la política arancelaria impulsada por Donald Trump está sacudiendo el complejo ecosistema comercial internacional. Bajo la premisa de restaurar la soberanía industrial de Estados Unidos y recortar los déficits bilaterales, el presidente norteamericano volvió a erigir barreras aduaneras de alcance masivo y con consecuencias desastrosas. A partir de ayer comienzan a regir los nuevos aranceles para unos 60 países, que van del 10% al 12,5%. Lo que en el discurso político se presenta como una medida contundente y directa, en la práctica representa una intervención traumática sobre un sistema hipercomplejo cuyos efectos colaterales desbordan cualquier previsión inicial. The New York Times y Financial Times coinciden en señalar que la estrategia de la administración estadounidense parte de una visión simplificada del comercio. Históricamente, la aplicación de aranceles buscaba proteger a las industrias locales frente a la competencia extranjera. No obstante, en la era de las cadenas globales de valor, los insumos importados constituyen la materia prima fundamental de la propia industria local.

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