La única certeza de la última andanada arancelaria anunciada por Donald Trump para 60 países, entre ellos España y el resto de la Unión Europea, es que eleva la sensación de caos en el comercio con Estados Unidos. Los nuevos tipos de entre el 10% y el 12,5% sitúan a todos esos territorios ante la duda de a qué productos afectarán y cuáles serán las excepciones. En el caso de la UE, la incógnita principal es cómo convivirá ese nuevo marco con el acuerdo, bastante ventajoso para EE UU, que firmó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con el propio Trump hace casi un año en Escocia. La industria española ya empieza a temer que ese nuevo esquema implique, para algunos sectores, triplicar el coste actual de exportar a Estados Unidos. Otros, por contra, pueden salir aliviados.Lo más llamativo en esta nueva ofensiva es el argumento legal que la sustenta. El presidente se escuda en una norma que permite gravar las exportaciones de otros países cuando se detecte que los bienes allí producidos emplean trabajo forzoso (o al menos no lo persiguen adecuadamente). Resulta casi sarcástico que Estados Unidos, un país con una regulación laboral mucho más laxa y dispar que la europea, vea en el Viejo Continente indicios de que no se lucha suficientemente contra las prácticas de la explotación laboral.Resulta más lógico pensar que el Departamento de Comercio ha recurrido a esta vía tras haber chocado contra el muro legal del Tribunal Supremo, que acabó revocando la primera gran oleada de aranceles, aprobados en abril de 2025, por haberse amparado en un marco erróneo. Descartada esa opción, que suponía invocar poderes de emergencia para aprobar esos sobrecostes a la exportación, el Gobierno estadounidense aprobó un marco provisional que vencía el viernes. De ahí la necesidad de nuevas medidas. El anuncio genera muchas dudas sobre su aplicación. En principio, resulta lógico pensar que el nuevo marco faculta para elevar al 10% (o 12,5% en el caso de los países que Washington considera que no regulan el trabajo forzoso) los aranceles de todos los productos que queden por debajo de ese umbral. Es lo que temen los exportadores españoles. Más discutible resulta que lo aprobado permita rebajar automáticamente los porcentajes más elevados. La pregunta planea sobre el acuerdo con la Unión Europea, que grava muchos productos europeos con un 15%. Habrá que esperar a la letra pequeña de lo anunciado. Y muy probablemente, a un nuevo bandazo de Trump en materia comercial.