Mis veranos en la ciudad siendo una niña nunca fueron la envidia de mis compañeros del colegio: ni aire acondicionado en casa, ni pueblo en La Mancha al que escapar los findes, ni urba con piscina para celebrar mi cumpleaños a mediados de junio. Tampoco me gustaba ir de campamentos ni tenía hermanos con los que jugar y pelearme por el trozo de chocolate más grande. Sin embargo, aunque lo haya pintado regular, disfrutaba las vacaciones como nadie. Y mucha culpa de ello la tenía la tele, y en especial la programación de Disney Channel. Yo nací en 1999, viví el boom de este canal infantil y juvenil que lanzó a los grandes ídolos de la música y la actuación que a día de hoy son, entre otros, Miley Cyrus, Selena Gómez, Demi Lovato, Sabrina Carpenter, Olivia Rodrigo o los Jonas Brothers. Toda mi infancia y los primeros años de adolescencia giraron en torno a las series y películas que estas superestrellas protagonizaron, en su mayoría realizadas en Estados Unidos (os podéis imaginar mi decepción al llegar al instituto y saber que no iba a tener una taquilla chulísima que tunear a mi gusto). Como toda mi personalidad se basaba en estas ficciones, en verano no pedía otra cosa que verlas sin parar, sin tener que acostarme a las 21.00 porque había cole al día siguiente. En especial, me obsesioné con High School Musical, que se estrenó en 2006 y estaba protagonizada por unos jovencísimos Zac Efron, Vanessa Hudgens y Ashley Tisdale. Se trataba de una saga de tres películas musicales que siguen a un grupo de estudiantes de instituto que descubren su pasión por la música mientras enfrentan decisiones sobre su futuro y la presión de encajar. Tenían todos los ingredientes para triunfar y así fue: se convirtieron en un fenómeno mundial. Pero sin duda, la segunda parte de esta trilogía sería la que marcaría mis veranos infantiles. En High School Musical 2 (2007), los personajes deciden marcharse a trabajar a un club de verano de gente adinerada con el objetivo de hacerse con ahorros de cara a la universidad, antes del inicio del último año de instituto. Yo solía veranear con mi familia en Málaga, pero justo ese año, y los siguientes, dejamos de hacerlo. Tenía 8 años y la versión moderna del crash del 29 llegaba a España. La crisis económica golpeó muchos hogares, incluido el mío. Recuerdo estar algo apenada por no poder ir a la playa y encontrar refugio en esta película en la que había baños en la piscina, paseos por inmensos campos de golf, picnics al atardecer y conciertos nocturnos con canciones de las que todavía podría cantar las letras de principio a fin. Todo sin moverme del sofá, o del suelo, cuando las temperaturas no daban tregua. Han pasado casi 20 años y no cambiaría esos veranos al calor de la televisión, bailando en el salón y con mi película veraniega favorita de fondo.