Mar�a Santamar�a MadridActualizado Martes,

julio

00:20El viernes pasado parecia un d�a normal de verano en el Camping de El Escorial: familias en la piscina, barbacoas a medio hacer y ni�os corriendo por la zona. Sin embargo, para Jeroen y Arlette, una pareja holandesa instalada all� con sus hijos, la tranquilidad empez� a fracturarse cuando una densa nube de humo elimin� del horizonte hasta la cruz del Valle de Cuelgamuros. El olor a chamusquina se volvi� insoportable y una fina lluvia de ceniza comenz� a cubrir las carpas y las mesas. Lo que empez� como una peque�a inquietud se convirti� r�pidamente en un aviso por megafon�a: "Hay que desalojar de inmediato".El incendio forestal que sigue castigando el suroeste de la regi�n avanzaba el viernes con fuerza y oblig� a activar una evacuaci�n de urgencia que dej� desiertas las instalaciones del camping, donde en ese momento se alojaban alrededor de 4.600 personas. Tras la reapertura autorizada por el CECOPI, los campistas han comenzado a regresar de forma escalonada entre tareas de limpieza y el montaje de las tiendas de campa�a por una segunda vez.Las pertenencias a�n sin reclamar de algunos campistas.Javier BarbanchoEl MundoPara la familia de Jeroen y Arlette, estas vacaciones en Espa�a eran la oportunidad perfecta para desconectar. Ya hab�an visitado el pa�s dos a�os atr�s y quer�an repetir la experiencia. Sin embargo, su estancia en El Escorial dio un giro imprevisto el d�a previo al desalojo, cuando regresaban de excursi�n desde un lago cercano y se toparon con carreteras cortadas y llamas visibles al otro lado de la calzada. "Al d�a siguiente nos despertamos con una capa inmensa de humo sobre la parcela", recuerda Jeroen mientras se�ala los residuos oscuros que todav�a ensucian los muebles exteriores.La cola de personas buscando informaci�n a la entrada del campingJavier BarbanchoEl MundoCuando los avisos de desalojo empezaron a sonar por los altavoces, la barrera del idioma no impidi� a la familia entender que se trataba de algo serio. "Un vecino nos avis� por tel�fono y de pronto lleg� la polic�a diciendo que hab�a que irse. Tuvimos que cargar el coche r�pido, dejando casi todo atr�s... Dejamos hasta los platos con comida fuera", relata la pareja.A pesar de la incertidumbre, destacan la calma con la que reaccion� el resto de los campistas en la caravana de salida, desde donde emprendieron viaje hacia Valladolid para pasar la noche. "Daba miedo no saber a qu� distancia real estaba el fuego, pero todo el mundo fue incre�blemente amable. Nos ayud�bamos unos a otros", comentan. Hoy, tras comprobar que sus pertenencias estaban intactas, respiran aliviados: "Nos alegramos de ver que todo sigue en su sitio. Ahora solo queremos intentar aprovechar los d�as de vacaciones que nos quedan".Mario Mu�os, responsable del camping con los trabajadores.Javier BarbanchoEl MundoEl reto de vaciar un recinto con miles de personas sin que se produjera un solo incidente tuvo una respuesta inmediata desde la gesti�n del recinto. Mario Mu�oz, responsable del Camping de El Escorial, no oculta su satisfacci�n al recordar c�mo se ejecut� el operativo. "Nos coordinamos perfectamente con la Guardia Civil y en apenas dos horas estaba todo el camping totalmente desalojado", explica Mu�oz. "Estamos muy orgullosos del personal y enormemente agradecidos con el comportamiento de todos los clientes, que mantuvieron la calma en todo momento".Tras la reapertura, la direcci�n ha dispuesto facilidades para adaptar las estancias afectadas. "A la gente que lo ha solicitado se le est� devolviendo el dinero de los d�as no disfrutados, mientras que otros han preferido cambiar sus fechas para volver en otro momento o reincorporarse hoy mismo", se�ala el responsable.Juan Diego Herrera con su hija junto a la tienda de campa�a.Javier BarbanchoEl MundoEntre quienes han decidido regresar de inmediato est�n Juan Diego Herrera y su familia. Ellos vivieron el aviso con las cosas casi sin desempaquetar: "Llegamos el jueves, nos pusimos el ba�ador y, de repente, el cielo se cubri� de cenizas y humo", explica Juan Diego. Ante las indicaciones de las patrullas, la prioridad absoluta fue poner a salvo a los ni�os. "Dejamos la tienda armada con todo dentro y uimos de los primeros en cruzar la puerta".Nuria Barrero con su hija a su vuelta a El EscorialJavier BarbanchoEl MundoEn otra de las calles del recinto, Nuria Barrero terminaba de desempaquetar todo para volver a disfrutar de la naturaleza. "A las siete y media de la tarde fuimos a recepci�n a preguntar si hab�a riesgo y nos dijeron que todo estaba en orden, que no hab�a orden oficial. Pero justo a la media hora empezaron a recorrer las calles diciendo que hab�a que desalojar de inmediato", relata Nuria sobre lo vivido el viernes.La prisa provoc� momentos de incertidumbre ya que su marido se ten�a que ir en moto y se dieron cuenta de que no les quedaba gasolina: "No sab�amos si las gasolineras de la zona estar�an abiertas o si quedar�amos atrapados". Por indicaci�n de los servicios de emergencia, la estaci�n de servicio cercana permaneci� abierta hasta que sali� el �ltimo veh�culo. "Afortunadamente todo estuvo muy bien organizado. Nos fuimos a Valdemoro a dormir y esta ma�ana, en cuanto le�mos el comunicado de reapertura, cargamos todo de nuevo para aprovechar la semana".Joaqu�n y M�nica con sus cosas acumuladas tal y como las dejaron.Javier BarbanchoEl MundoEn una de las parcelas m�s asentadas, Joaqu�n y M�nica limpiaban los restos de polvillo de su caravana. Instalados desde hace un mes y con una estancia prevista hasta mediados de agosto, la pareja opt� por mantener la calma cuando las calles internas empezaron a colapsar. "Nosotros llevamos mucho tiempo aqu� y tenemos montada mucha infraestructura. Para recoger todo eso r�pido nos habr�a hecho falta medio d�a", comenta Joaqu�n. "Decidimos cerrar bien la caravana, coger lo de valor e irnos a nuestra casa en Madrid a pasar el fin de semana".La reapertura del Camping de El Escorial devuelve poco a poco la normalidad a la zona, aunque la amenaza del fuego siga a�n latente a pocos kil�metros y las altas temperaturas obligan a mantener la guardia alta. Mientras, la caba�a de Jeroen y Arlette vuelve a lucir abiertan, como el mejor s�mbolo de que el verano en la Sierra se ha resistido a terminar.