Actualizado Viernes,
julio
14:44El silencio apenas dura unos segundos. En una esquina del pabell�n, alguien arrastra una cama plegable reci�n montada mientras varios grupos observan atentos para luego replicar el montaje. En otra, una mesa llena de voluntarios reparte botellas de agua mientras, fuera del recinto, una cola humana va apilando una a una decenas de cajas de comida. Un procedimiento que no deja de funcionar desde primera hora de la ma�ana.Entre medias, la escena se compone de rostros cansados que tuvieron que dormir sentados en sillas de pl�stico el d�a anterior, familias viendo pasar las horas y vecinos que miran el tel�fono cada pocos minutos esperando una �nica noticia. Nadie sabe cu�ndo llegar� el momento de poder volver a casa.El polideportivo municipal de Villamanta se ha convertido en el refugio improvisado de centenares de vecinos evacuados de Villa del Prado y otros municipios del suroeste madrile�o por los incendios que mantienen en vilo a la Comunidad de Madrid. Algunos llegaron de madrugada. Otros llevan casi dos d�as fuera de sus viviendas entre confinamientos y desalojos."Nos desalojaron anteayer. A las once de la noche nos dijeron que pod�amos volver porque parec�a controlado, pero media hora despu�s nos avisaron otra vez para salir", cuenta Mar�a Pilar Garc�a, alicantina casada con Amos, madrile�o, que todav�a es incapaz de entender la rapidez con la que cambi� la situaci�n. "La gente no ha pegado ojo. Hab�a quien estaba en el suelo porque al principio ni siquiera hab�a colchones", relata.Mar�a Pilar Garc�a sentada en el polideportivo de VillamantaMUNDOUna escena que se repite en cada rinc�n del polideportivo, donde nadie se arrepiente de haberse dejado algo en su hogar. "Nos pill� completamente por sorpresa. Cogimos la medicaci�n, el dinero, la documentaci�n, a la ni�a... y nos fuimos", explica Christian, evacuado junto a su familia. Desde entonces solo saben que, de momento, el fuego no ha alcanzado el n�cleo donde est� su vivienda. "Pero no sabemos nada m�s".Desalojo urgente a los ancianos de la residencia de Pelayos de la PresaA su lado su madre, Ildefonsa, recuerda c�mo un familiar fue a buscarla tras recibir el aviso de evacuaci�n. Apenas puede caminar con normalidad y abandonar la casa supuso un aut�ntico reto. Aun as�, insiste en que la atenci�n recibida ha sido impecable. "No nos ha faltado de nada. Anoche faltaron camas, pero era porque la UME estaba completamente desbordada".Hace cuatro a�os sufri� un trombo que la mantuvo cuatro meses hospitalizada y del que, contra el pron�stico inicial de los m�dicos, consigui� recuperarse sin perder la movilidad ni el habla.Ildefonsa y su hijo Christian, caminando por el polideportivo de VillamantaMUNDOAhora camina despacio, con dificultad. Sentada en una de las sillas del polideportivo de Villamanta, cuenta las horas para volver. "El hogar al final siempre es tu lugar seguro", afirma.Y detr�s de las miles de historias que esperan con impaciencia que las llamas desaparezcan, cientos de vecinos entran y salen continuamente con bolsas, ropa, caf� caliente o alimentos. Miguel Velasco y �ngel Ram�rez llevan horas ayudando a descargar, mover cajas y atender sin dejar a nadie de lado.Ninguno vive la tragedia en primera persona, pero sienten que podr�an ser ellos quienes necesitaran ayuda cualquier otro d�a."No tiene m�s misterio. Trata a los dem�s como te gustar�a que te trataran a ti", resume Miguel. "Cuando nos toque necesitar ayuda, tambi�n querr�amos que alguien estuviera ah�". Reconoce, sin embargo, que le sorprendi� ver c�mo algunos vecinos se limitaban a observar desde la puerta mientras otros no paraban de trabajar. "Hab�a cuarenta chavales mirando. Yo me encend�a un cigarro, daba dos caladas y lo apagaba porque hab�a que seguir ayudando".�ngel Ram�rez, voluntario en el polideportivo de VillamantaMUNDOY es que son los propios evacuados quienes se�alan continuamente a esos voluntarios que, a pesar de su juventud, son los primeros en. "Lleva aqu� desde ayer y todav�a no se ha ido a dormir", dice Ildefonsa mientras se�ala a uno de los j�venes que sigue repartiendo agua y organizando la llegada de material. "La gente joven de este pueblo me est� sorprendiendo much�simo".Mientras tanto, las horas pasan. Los desalojados dependen de las reuniones del Centro de Coordinaci�n Operativa Integrada (CECOPI), encargado de decidir cu�ndo podr�n regresar. Nadie se atreve a hacer planes. "Hoy estamos aqu�. Ma�ana no sabemos", resume Christian.Ni ayer ni hoy se habla de muebles ni de objetos perdidos. Se habla de volver. De abrir otra vez la puerta de casa. De comprobar que todo sigue all� y de que, a pesar de vivir una de las temporadas de incendios m�s devastadora de los �ltimos a�os, lo �nico que queda es la confianza.












