Las cifras asustan. Después de verse obligados a trasladar el centro de mando de Cenicientos a Navalcarnero para poder seguir la evolución del fuego, las autoridades reconocen ya más de 90.000 personas afectadas, entre desalojados y confinados, entre Ávila y la Comunidad de Madrid. Son la principal consecuencia humana de los incendios que asolan el centro peninsular. Lo hacen a través de distintos fuegos que amenazan con unirse en un inmenso frente y que solo en la quincena que va del 9 al 22 de julio suman 72.000 hectáreas. En lo que va de año, la superficie quemada asciende a 126.000 hectáreas.
Las malas noticias, sin embargo, no acaban aquí. Tal y como han comprobado en la mañana y la tarde del sábado en poblaciones tan turísticas como San Lorenzo de El Escorial, no es necesario que el fuego entre en un municipio para que cause estragos. En el caso de este histórico municipio, bastó el vaticinio de que el fuego podría extenderse por la zona, que se disparó a última hora de la noche del viernes, para que en pleno 25 de julio la localidad presente un aspecto desangelado, con plazas vacías, restaurantes sin apenas clientes y hoteles que han sufrido una sangría de huéspedes que han hecho las maletas antes tiempo. Temen que el viento vire de nuevo y el fuego vuelva a amenazar.











