27 de julio, 2026 - 07h00En 1943, convencido de “que los seres humanos son capaces de algo más grande que la guerra, el prejuicio y el odio”, A. Maslow publicó A theory of human motivation, un ensayo que ordenaba las necesidades humanas (fisiológicas, seguridad, afiliación, reconocimiento y autorrealización) en forma ascendente. Al satisfacer una necesidad, incluso en parte, se aspira a colmar la siguiente. La teoría de Maslow podría contextuar la “era de los descontentos” descrita por F. Panizza (2025); un malestar ciudadano ante el funcionamiento democrático, estancamiento económico, fracturas sociales y demandas de seguridad, educación y justicia. La crisis de representación política, estructural y de época, las bajas barreras de entrada y la visibilidad mediática que reduce el peso de la trayectoria vuelve “fácil ganar, pero difícil gobernar”. Los gobiernos sin partido o en minoría corren riesgos de impeachment, parálisis legislativa y estallidos, dando paso al populismo autoritario.La polarización proviene de una línea real o simbólica, anota L. Miller en Polarizados. La política que nos divide (2023). Con sangre, banderas, héroes, mitos o eslóganes se construyen y contraponen identidades, se activan pertenencias y rivales, y se recurre al “arsenal simbólico” de conflictos previos cual tribalismo moderno. Escribía Vargas Llosa en La llamada de la tribu que el tribalismo del cual nos había librado la cultura democrática liberal (la racionalidad) reaparecía con líderes carismáticos y volvíamos a ser “masa enfeudada a un caudillo, santón religioso de palabra sagrada, irrefutable como un axioma, que resucitaba las peores formas de la demagogia y el chauvinismo”.Para Miller no basta cambiar los prejuicios sobre partidos opuestos, regular el comportamiento de las élites y crear consensos con expertos. Propone juntas cívicas, debates públicos, decisiones locales concretas sin tanta abstracción ideológica, y la disminución de tensiones socioeconómicas (ojalá la Agenda Crecimiento Ecuador 2040 sirva a ello). En el texto When polarization turns violent, S. Kopstein (2026) advierte de la violencia colectiva cuando el conflicto político se vuelve afectivo, emocional y moralizante, y los otros se perciben ajenos, amenazantes e ilegítimos. Si la inclusión agrava los conflictos, el reto no es eliminarla sino evitar que el conflicto devenga existencial. Habría que desentrañar entonces el porqué de las identificaciones ligadas a emociones primarias más que a la razón. Con intercambios empobrecidos, insultos e infamias, los grupos se excluyen, apasionados, adentrándose en lo oscuro de la violencia destructora que debilita la democracia. H. Maturana sostenía que al cambiar una emoción básica (alegría, tristeza, enojo, miedo y amor) cambia ‘el razonar’, porque los sentimientos surgen en la reflexión sobre ‘el emocionar’ con el lenguaje. Así, el abordaje a la polarización no sería su negación sino el desarrollo de una mentalidad de renuncia –lo proponía Rousseau en El contrato social– para la construcción colectiva de bienes públicos. De no hacerlo, la amenazante inteligencia artificial podría decidirlo. (O)
Gilda Macías Carmigniani: Polarizados y violentos | Columnistas | Opinión
Con sangre, banderas, héroes, mitos o eslóganes se construyen y contraponen identidades, se activan pertenencias y rivales...










