OpiniónDesmilitarizar la mente, desarmar la palabra, despertar memoria e imaginación y, ante el auge del odio, conectar con el semejante para construir paz.ARTISTA INDISCIPLINAR, MÚSICO, GESTOR CULTURAL.10.07.2026 23:01 Actualizado: 10.07.2026 23:01 Como conejillos de Indias en una rueda giratoria, vivimos atrapados en un scroll infinito de información. El algoritmo nos predice y manipula. La mirada se vuelve estrecha, del tamaño de la pantalla de un celular. Contenidos de baja calidad nos inundan como aguas sucias. No logramos fijar la atención ni distinguir la verdad de la mentira. Veloz, la IA nos reemplaza y toma decisiones. Se rebaja la capacidad de pensar Sin darnos cuenta, resetean nuestros cerebros.La hipertrofia del presente debilita la memoria y la imaginación. No hay nada estable, se disparan el miedo y la incertidumbre.La sicopolítica ha realizado un trabajo de reingeniería en los imaginarios a nivel global, instalando ciertos relatos: el dominio del hombre sobre la naturaleza, la preponderancia de lo individual sobre lo colectivo, la sociedad del rendimiento, donde eres el dueño de tu destino, tu éxito o tu fracaso. Una promesa de felicidad seguida de una vida de autoexplotación. Si eres tu propio jefe, no hay contra quién rebelarse. La libertad se devora a sí misma. La vida mercantilizada convierte al ciudadano en cliente. Dominio sin conciencia de ser sometidos. Nada lejos de la distopía narrada por Aldous Huxley en Un mundo feliz.Los populismos de nuevo cuño exaltan al trepador social convertido en hombre de éxito, sin importar los medios para llegar al poder. Ungido por Dios, el político-performer se proclama salvador de la patria.La democracia, en su fragilidad, sucumbe ante lo que Martín Baró llamó la militarización de la mente. El adversario y el diferente son convertidos en enemigos. Se los deshumaniza, se los demoniza. No se dialoga, se aniquila, se niega al otro. El ministro de Defensa de Israel se refiere a los palestinos como “animales humanos”.La militarización de la mente se acompaña de gestos y símbolos. Musk alza el brazo en la posesión de Trump. El presidente electo saluda como militar en el Palacio de Justicia. El tigre ruge, la manada aplaude. Enarbolar las banderas de la guerra a muerte de Bolívar no es la respuesta.La cultura, tan inútil a ojos de muchos, entiende el desajuste y abre caminos. Podríamos comenzar por desmilitarizar la mente, desarmar la palabra.Despertar la memoria y la imaginación. No creer ciegamente en salvadores de turno. Ante el auge de los odios, conectar con el semejante. Esperanzar.Desintoxicar la psique. IVÁN BENAVIDES Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
Desintoxicar la psique
Desmilitarizar la mente, desarmar la palabra, despertar memoria e imaginación y, ante el auge del odio, conectar con el semejante para construir paz.










