El lenguaje es una herramienta poderosa. Es el instrumento del pensamiento. Se puede usar para alimentar la arquitectura de la convivencia, la cohesión social, el respeto, la igualdad y la inclusión, que ayudan a levantar sociedades plenas de derechos y cada vez más democráticas. Con esta herramienta positiva de comunicación y respeto, que sirve para nombrar y decir con verdad, para expresar sentires de forma amplia y diversa, llegan las sociedades avanzadas −como la española− a crear una realidad democrática que se ha levantado gracias a un esfuerzo de años de trabajo reivindicativo cooperativo y solidario, con el objetivo loable de ampliar los derechos para todas las personas. El lenguaje, las palabras crean conciencia y modifican actitudes, son importantes para construir el edificio de la democracia con estructuras sólidas que permitan un entendimiento basado en el respeto y destierren la estigmatización, la exclusión o el señalamiento.
Utilizan un tipo de lenguaje político que está diseñado para que las mentiras suenen a verdad
Por el contrario, se puede optar por convertir el lenguaje en un arma de guerra, usando las palabras a cañonazos, creando frases discursivas cargadas de odio, que revientan el cuerpo social como las bombas de racimo, destruyendo la realidad y la convivencia democrática. Este es el lenguaje de los bárbaros, de aquéllos que aman el totalitarismo, y quieren cercenar los derechos que elevan las sociedades a estándares en los que la evolución humana signifique avanzar con las personas dentro, avanzar en común ensanchando los espacios de la igualdad.







