OpiniónAntes de dominar las instituciones, los autoritarios procuran conquistar el lenguaje, monopolizar el discurso.14.07.2026 22:01 Actualizado: 14.07.2026 22:01 En una entrevista reciente en El País de España, Yuval Noah Harari decía que la democracia es, ante todo, una conversación. Una idea tan sencilla que podría parecer una obviedad, pero no lo es, porque toda conversación depende del lenguaje; y cuando el lenguaje se empobrece, también se empobrece la democracia.No se trata de defender el subjuntivo ni de promover una cruzada por las tildes, sino de comprender que la palabra no solo es la base de la comunicación sino del entendimiento. Basta mutilar el lenguaje, reducir el vocabulario, eliminar los matices y sustituir las ideas por consignas para obtener ciudadanos menos críticos, más previsibles y mucho más fáciles de manipular. Es el sueño de cualquier autoritario —sea de izquierda, de derecha o de donde venga—; de esos que confunden la diversidad con la deslealtad.George Orwell lo explicó hace casi ocho décadas en las páginas de 1984. La neolengua no pretendía embellecer el idioma, sino anular el pensamiento. Si desaparecen ciertas palabras, desaparecen también las ideas que esas palabras expresan. Un idioma incapaz de distinguir entre los matices del pasado, del presente y del futuro termina produciendo ciudadanos que apenas viven el instante y cada vez reflexionan menos; por eso, antes de dominar las instituciones, los autoritarios procuran conquistar el lenguaje, monopolizar el discurso.No siempre censuran. A veces les basta con cambiarles el significado a las palabras. La censura se convierte en regulación; la propaganda pasa a llamarse información; la obediencia se disfraza de patriotismo; el clientelismo se presenta como justicia social, y los ataques contra la prensa terminan rebautizados como defensa de la verdad. Las palabras dejan entonces de describir la realidad para empezar a fabricarla.El psiquiatra argentino Hugo Marietán observó que los líderes con rasgos psicopáticos suelen movilizar a sus seguidores alrededor de conceptos deliberadamente vagos: la patria, el pueblo, la nación, Dios, la revolución. Nunca los definen, porque no les conviene. Cuanto más ambiguas sean esas banderas, más fácil será manipular a quienes creen en ellas. El objetivo nunca ha sido formar ciudadanos que piensen, sino seguidores que repitan.Las democracias necesitan diccionarios; los autoritarios prefieren catecismos políticos.El próximo 7 de agosto, con el relevo en el gobierno, llega también un nuevo relato oficial. Donde unos predicaban el cambio, otros promoverán el orden; donde unos hablaban de paz, otros hablarán de seguridad; donde unos invocaban al pueblo, otros invocarán la patria. Eso ocurre en todas las democracias y no tendría por qué escandalizar a nadie. Lo que no sería aceptable es que el nuevo poder pretendiera empobrecer también nuestro lenguaje, al decidir qué palabras son legítimas, qué preguntas resultan incómodas o qué frases tienen que modificar los periodistas por miedo a una demanda. Las democracias necesitan diccionarios; los autoritarios prefieren catecismos políticos.Por eso sigue siendo tan vigente el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que protege el derecho de toda persona a buscar, recibir y difundir ideas y opiniones, y a no ser molestada por ello. Ese matiz importa más que nunca, porque la libertad de expresión no desaparece solamente cuando el poder prohíbe hablar; también empieza a extinguirse cuando consigue que algunos prefieran callar.Harari tiene razón: la democracia es una conversación, y ninguna conversación sobrevive cuando las palabras en vez de servir para pensar nada más sirven para obedecer. Quizá por eso el Evangelio de Juan no dice que en el principio estaba el poder, sino el Verbo. Y los autoritarios siempre han querido pervertir ese orden.De modo que cuando un gobierno —del color que sea— sustituye el diccionario por el catecismo, aunque nos permita votar, nos quita algo mucho más importante: la libertad de pensar.puntoyaparte@vladdo.com Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.
El poder y la palabra
Antes de dominar las instituciones, los autoritarios procuran conquistar el lenguaje, monopolizar el discurso.









