OpiniónSin saberlo, nos vamos sometiendo al dominio de esta herramienta oscura, generando hacia ella una dependencia esencial, primaria.PROFESORA DE ESCRITURA CREATIVA, COLUMNISTA Y ESCRITORA26.07.2026 23:18 Actualizado: 26.07.2026 23:18 Sugiere Freud que el carácter se constituye por identificación, es decir, nos vamos asemejando a aquello que alguna vez amamos. ¿Somos entonces imitadores de otros? ¿Es nuestra identidad un producto derivado de una copia? La copia de otro que es a su vez la copia de otro que es a su vez... y así hasta el infinito. Pero siempre, al parecer, siguiendo una línea “humana”. “Profundamente humana”, diría la inteligencia artificial, pues, según mi editora, “si la cubierta pone que estamos ante un libro ‘profundamente humano’ es porque está escrito con IA”.A esta cadena de psiquis que imitan a otras psiquis a la que llamamos humanidad, que compone una genealogía de la moral basada en repeticiones y castigos, tenemos ahora que añadirle un nuevo actor, uno todopoderoso y temible, por cuenta del desarrollo tecnológico. Esta “inteligencia” imita todo lo que mastica para regurgitarlo engrandecido. Porque a diferencia de los humanos, la IA no tiene criterio, no elige qué imitar y qué rechazar, no tiene una opinión, un juicio moral, una preferencia basada en una identidad, un cuerpo, una historia, una experiencia, un gusto, una predilección, un alma. La IA no sabe lo que se siente meterse al mar, besar a un ser querido, quemarse con la estufa o darse un golpe en la cabeza. Y no sabe estas cosas porque carece de sentimientos. No va a llegar a sentir nada nunca y, aun así, nos sometemos a ella.A veces pienso que la única manera de salvarnos como civilización es dándole un portazo a la impostora, la monstruosa, esta que busca devenir nosotros mientras nos subordina, nos encarcela y reduce haciendo nuestro trabajo, escribiendo nuestros textos, diseñando nuestras presentaciones, haciendo nuestros cálculos financieros. Y es que uno es esclavo de todo aquello que necesita.Sin saberlo, sin pensarlo demasiado, quitándole importancia, nos vamos sometiendo al dominio de esta herramienta oscura, generando hacia ella una dependencia esencial, primaria. Del mismo modo que el niño necesita de su madre para sobrevivir, y desarrolla un vínculo con ella trazado por la necesidad y la sujeción, los humanos nos entregamos a esta madre siniestra que ha venido a hacer nuestras tareas. Entre más la necesitamos para vivir, más subordinados estamos a su dominio.¿Cómo podemos librarnos de esta esclavitud? ¿Habrá todavía una salida o será demasiado tarde? ¿Quizá si nos vamos a vivir al bosque, a la montaña, a una isla desierta? ¿Si buscamos volver a los inicios de los tiempos donde lo único que teníamos era nuestras piernas, nuestras manos y nuestros congéneres para avanzar?La inteligencia artificial nos gobierna en un sentido metafórico y también literal. ¿O es que no han visto todos los videos del gobierno entrante de Abelardo De La Espriella? Cuando veo esas imágenes pienso en el fin de la felicidad y la belleza. Hay para mí en estas representaciones una negación de humanidad, de lo “profundamente humano”, del trazo, la pulsión creativa, rebelde, orgánica, impredecible.¿Estaremos ante el fin de la civilización tal como la conocíamos? ¿Y si ya se acabó y no nos hemos dado cuenta? Hay en esos videos una negación de la vida. Porque las voces son metálicas, sin modulaciones. Las imágenes brillantes, rígidas, de colores artificiales y figuras plásticas. ¿Qué pasa? ¿En qué momento nos entregamos a este agente del mal que expresa repulsión por la existencia?Mi hija Matilde pasa a la cocina a servirse un cereal y me ve escribiendo. Pregunta qué hago, le cuento por encima, y mientras la veo regar la leche en el suelo y limpiarla con un trapo me dice: a mí me preocupa que a nosotros la IA nos va a robar el futuro. ¿Por qué lo dices? Pregunto. Porque hasta ahora nos hemos expresado a través de las artes, la literatura; si perdemos eso, perderemos la humanidad. Escríbelo, añade. Y se aleja hacia su cuarto con un plato de Corn Flakes mientras pienso que cuando uno va, ellos ya vienen de regreso.MELBA ESCOBAREn X: @melbaes(Lea todas las columnas de Melba Escobar en EL TIEMPO aquí) Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. 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