12 de septiembre, 2026 - 07h00“Estamos en un mundo absolutamente demencial”. La frase es de Jorge Carrión, doctor en Humanidades y director del Máster en Creación Literaria de la UPF Barcelona School of Management, pero me adhiero a ella. Cómo no, si el ilustrado personaje ha estado experimentando con la inteligencia artificial (IA) para ver cuán osada llega a ser y esta le ha dicho algo que, sin duda, lo hizo caer del sillón: Cien años de soledad, la obra maestra del colombiano más universal, Gabriel García Márquez, “tiene trazas de IA”. Y lo peor es que, también sin duda, habrá alguien que se lo crea.No cuestiono ni por un momento el valor de la IA y creo que bien utilizada es ya una de las herramientas más avanzadas que nos ha dado la tecnología. Sería necio estar contra el desarrollo digital, que ha llegado a copar todos los espacios. Pero sí me preocupan fallas como esta que ponen en entredicho a quien quiera ser pulcro con el lenguaje (ergo, sospechoso automáticamente de haber utilizado más la IA que sus conocimientos) y así se invita a escribir con liviandad.Creo que no está en duda que Cien años de soledad es una de las obras más importantes de la historia de la literatura global y que fue escrita con dos dedos y un viejo y bullicioso teclado por Gabriel García Márquez en 1967, o sea, hace 59 años, cuando quizás algunos de los desarrolladores de la IA aún no nacían. Considerada como una de las más traducidas y leídas en español, el posterior premio nobel de literatura escribió su gran obra durante 18 meses, entre los años 1965 y 1966, en la Ciudad de México, para posteriormente salir a la venta en 1967, una vez que encontró en Argentina una editorial que creyó en él y decidió parir al mundo el realismo mágico de Macondo.Entonces, resulta tirado de los pelos que casi seis décadas después Cien años de soledad haya dado positivo en un control realizado por un detector de inteligencia artificial, lo que supondría que García Márquez tenía una máquina del tiempo, o supo de los multiversos antes que Marvel, para poder utilizar la IA en su obra y volver a la década de los 60 a fingir su gran parto literario. Estudiosos del idioma, como Carrión y otros, han llegado a una conclusión a la que también me suscribo: aparentemente, si tienes una buena ortografía y puntuación adecuada (es decir, si escribes como una persona estudiada y minuciosa con la gramática), los programas lo detectan como hecho con IA, porque no parecen programados para concebir que haya un cerebro humano con el grado de meticulosidad que están logrando los algoritmos. O sea que, pronto, todos los esfuerzos por lograr la reconciliación de las nuevas generaciones con las tildes e inocularles que la “h” por muy muda que sea no puede ser obviada en el momento de usar verbos en participio pasado serán vanos, batalla perdida, sin posibilidad al menos de llegar a un empate.Y todo esto, que puede resultar jocoso y anecdótico en medio de un almuerzo familiar de domingo, no debe dejar de preocuparnos a quienes tenemos hijos en edad de ser absorbidos por el metaverso IA, al que le cree más que a quienes los rodeamos y protegemos. A estar atentos. (O)
Gustavo Cortez Galecio: Macondo y la IA | Columnistas | Opinión
Y todo esto, que puede resultar jocoso y anecdótico en medio de un almuerzo familiar de domingo, no debe dejar de preocuparnos...
Detector de IA clasificó 'Cien años de soledad' como generada por máquina confundiendo buena gramática con escritura automática. Expone falla crítica en detection tools: confunden rigor humano con output IA, afectando governance de contenido y compliance académica.















