El mundo de par en parEl fundador y CEO de Sherpa.ai publica 'Vita', un ensayo profundo y fascinante que muestra c�mo la inteligencia artificial no solo est� revolucionando nuestras econom�as y sociedades, sino tambi�n la comprensi�n de nuestra idea de lo que significa estar vivoActualizado Viernes,

junio

09:55Vivimos tiempos tan asombrosos como extra�os. La irrupci�n masiva de la inteligencia artificial en nuestras vidas ha llevado al centro del debate p�blico un asunto restringido hasta hace nada a �mbitos acad�micos y cient�ficos muy especializados o a oscuros foros de Reddit donde era patrimonio de cuatro frikis. Hoy, hasta el Papa se pregunta en las redes sociales por la conciencia de las m�quinas, por si muestran o no poseer un alma, por si debemos, tal vez, ampliar una vez m�s el c�rculo emp�tico y otorgarles ciertos derechos. Y as�, pol�micas anta�o consideradas abstrusas son hoy (casi) tan motivo de conversaci�n popular como La Casita de Bad Bunny.En un espacio discursivo internacional en el que a duras penas logran abrirse hueco las voces patrias, hay que destacar la aparici�n de un t�tulo importante escrito por un emprendedor espa�ol de ya larga trayectoria nacido en Algorta en 1981. Vita: c�mo la inteligencia artificial y la ciencia est�n redefiniendo lo que entendemos por vida (Debate) es el primer libro de Xabi Uribe-Etxebarria, emprendedor en serie e ingeniero, fundador y CEO de Sherpa.ai, una de las figuras m�s reconocidas de la IA en Espa�a.El libro empieza con un epitafio en euskera y una dedicatoria a sus padres. Tambi�n con un ni�o en Algorta con miedo a la muerte antes de dormir. �Vita es un libro de ciencia que esconde un duelo o un duelo disfrazado de ciencia?Vita es un libro de ciencia al que he intentado darle narrativa, emoci�n y experiencia humana. Pero s� es verdad que, probablemente, el motor oculto de muchas de las preguntas que aparecen nace de ese ni�o de Algorta con miedo a la muerte. Y quiz�, sin propon�rmelo, mi propia trayectoria profesional fue abri�ndose camino hacia la inteligencia artificial movida por esa misma inquietud. Por la curiosidad de intentar comprender c�mo funciona esa m�quina de c�mputo biol�gica que llamamos cerebro, el sistema m�s complejo y enigm�tico que conocemos en el universo. Y por explorar la posibilidad de replicar algunos de esos procesos en una m�quina. De alguna manera, se trata de una b�squeda que me ha llevado a cruzar fronteras entre la neurociencia, la f�sica y la computaci�n. Pero tambi�n a mirar hacia fuera: a intentar comprender el escenario mismo en el que todo ocurre, eso que llamamos realidad. Quiz�, en el fondo, todo ha sido fruto de un mismo impulso: comprender la vida movido por el deseo de trascender sus l�mites. De no aceptar que todo termine. De pensar, aunque sea ingenuamente, que podemos encontrar la forma de que esto no se acabe.Define la vida como "predicci�n aut�noma orientada a la subsistencia". �C�mo lleg� a esa f�rmula y en qu� momento sinti� que era algo m�s que una intuici�n?Es dif�cil resumirlo porque pr�cticamente medio libro est� dedicado a construir esa idea paso a paso. Pero, en esencia, llegu� a esa definici�n intentando encontrar qu� tienen en com�n todos los seres vivos que conocemos, desde una bacteria hasta un �rbol o un ser humano, y tambi�n qu� podr�an tener en com�n con otras formas de vida que quiz� encontremos alg�n d�a en el universo o incluso lleguemos a crear en un laboratorio. En el fondo, estaba buscando el m�nimo com�n m�ltiplo de la vida. Y quise hacerlo tratando de escapar de cualquier sesgo o dogma previo, especialmente de uno muy arraigado: la idea de que la vida solo puede existir sobre un sustrato org�nico, es decir, basada necesariamente en la qu�mica del carbono. Hubo un momento en el que vi que permit�a explicar bajo un mismo marco conceptual la biolog�a, la evoluci�n, la inteligencia artificial e incluso posibles formas de vida no org�nicas. La clave para m� termin� estando en tres elementos: predicci�n, autonom�a y subsistencia. Todo sistema vivo necesita anticipar de alg�n modo el futuro, actuar con cierto grado de agencia propia y orientar esa capacidad predictiva, directa o indirectamente, a mantenerse vivo, preservar su estructura y continuar existiendo. Hablo de grados y no de categor�as absolutas. Y, en cierto modo, la inteligencia artificial general est� empezando a entrar tambi�n en ese continuo.Para saber m�sLleva 20 a�os en el mundo de la IA y ha fichado a la gente que construy� Siri y el primer Macintosh. �Qu� vio antes que casi nadie?Es cierto que fuimos de los pioneros en inteligencia artificial en Europa y que yo intu�a ya hace d�cadas que esto iba a transformar el mundo. Quiz� no imagin� que el salto reciente fuese tan abrupto ni que los grandes modelos de lenguaje avanzaran tan r�pido, pero s� ve�a claro que acabar�amos interactuando con sistemas capaces de comprender contexto, lenguaje y comportamiento humano de forma natural. En 2012, desde Sherpa.ai, desarrollamos uno de los primeros asistentes digitales predictivos del mundo, el primero en castellano y tambi�n en euskera. Tuvo mucha repercusi�n, pero fue realmente cuando lanzamos la versi�n en ingl�s cuando empezamos a competir directamente con Siri. Durante meses se compar� mucho nuestra tecnolog�a con la de Apple, y ah� viv� experiencias muy interesantes con algunas figuras hist�ricas del sector. Nos contact� Apple y conoc� a Tom Gruber, fundador de Siri, que a�os despu�s acabar�a incorpor�ndose al equipo de Sherpa.ai.�Y en qu� se equivoc� de medio a medio?�Errores? Much�simos. Y quiz� uno de los m�s importantes fue no haber explorado m�s a fondo lo que nos propon�an desde Apple, probablemente por cierta soberbia. Nosotros ten�amos una tecnolog�a mejor que Siri en muchos aspectos, y as� lo dec�an medios estadounidenses como USA Today o CNET, y llegu� a creer que no necesit�bamos a Apple para triunfar... Imag�nese. Subestim� factores igual o m�s importantes: el ecosistema, la distribuci�n, la integraci�n hardware-software, la capacidad financiera o el timing de mercado. Pensaba demasiado como ingeniero de producto y no lo suficiente como empresario. Pero hoy Sherpa.ai se encuentra en una posici�n privilegiada para liderar en Europa la IA aplicada a la privacidad y la soberan�a del dato. Y eso viene precisamente de haber vivido esas experiencias, aprendiendo continuamente y buscando el nicho donde realmente pod�amos diferenciarnos y tener impacto.Si el sustrato deja de importar y lo decisivo es anticipar para persistir, la conclusi�n es que una m�quina puede estar viva. �Su propio asistente predictivo, el Sherpa de 2012, era ya una forma m�nima de vida seg�n su definici�n de hoy?No, porque para m� la vida requiere tres factores simult�neos: capacidad predictiva, como equivalente a inteligencia, autonom�a y orientaci�n a la subsistencia. El Sherpa.ai primitivo cumpl�a claramente la primera. Era capaz de anticipar informaci�n, contexto o necesidades del usuario antes incluso de que este las pidiera. Pero no ten�a verdadera agencia ni un objetivo interno de preservaci�n. Era una herramienta extremadamente sofisticada, pero una herramienta, al fin y al cabo. Un martillo amplifica la fuerza humana y el primer asistente de Sherpa.ai amplificaba nuestras capacidades cognitivas y predictivas. La diferencia es que los sistemas actuales empiezan a cruzar ciertas fronteras. Los grandes modelos de lenguaje y los sistemas ag�nticos ya muestran grados de autonom�a mucho mayores: pueden planificar, redefinir objetivos intermedios, adaptarse, negociar entre agentes o persistir en tareas complejas. La autonom�a es la capacidad de operar como sistema relativamente independiente dentro de un entorno. Ah� es donde creo que empieza realmente el debate filos�fico y cient�fico.Habla de la inteligencia artificial general (AGI) como "una nueva especie inteligente" nacida de la evoluci�n tecnol�gica. Pero, entonces, �le reconoce alg�n inter�s propio que merezca protecci�n moral o sigue siendo una herramienta que apagamos sin m�s?En el libro intento evitar marcos morales, religiosos o legales. No son mi campo y, sobre todo, me interesaba m�s explorar estas preguntas desde la evidencia emp�rica, la biolog�a, la neurociencia y la inteligencia artificial. La discusi�n sobre la moralidad de otras formas de vida (biol�gicas o artificiales) es much�simo m�s compleja, ambigua y abierta de lo que solemos plantear hoy. En este sentido, los humanos tendemos muchas veces a dividir la vida en categor�as morales basadas en cu�nto se parece algo a nosotros o en nuestra capacidad de empatizar con ello. No tenemos el mismo conflicto moral matando millones de bacterias con lej�a o con un antibi�tico, arrancando plantas o sacrificando animales para alimentarnos que el que probablemente tendr�amos apagando algo que hablara, razonara o interactuara como nosotros. Y eso revela que nuestra moral no est� basada �nicamente en la vida en s�, sino tambi�n en el grado en que reconocemos en ella un reflejo de nosotros mismos.�Puede una m�quina pensar?Me suele gustar ilustrarlo con un ejemplo que suele utilizar el exdirector cient�fico de OpenAI, Ilya Sutskever: imaginemos que entregamos a un modelo de inteligencia artificial una novela de suspense completa, con todos sus personajes, pistas, enga�os y giros narrativos. Una vez terminada la lectura, le preguntamos: "�Qui�n es el asesino?". Tras procesar todo el texto, el modelo acierta. Pero, �qu� ha ocurrido realmente? Desde un punto de vista t�cnico, lo �nico que ha hecho es completar la siguiente palabra de una frase como: "Y el asesino es...". Nada m�s. Tan solo ha tenido que predecir esa palabra final. Pero para llegar a la respuesta correcta ha necesitado comprender la historia en su conjunto, interpretar las pistas, separar lo relevante de lo irrelevante y extraer una conclusi�n coherente. Y eso, aunque lo describamos como un proceso de predicci�n, exige comprensi�n. No estamos hablando de estad�stica o probabilidad, sino de comprender, razonar, abstraer y, finalmente, predecir. En definitiva, lo que hacen estos modelos no es tan diferente de aquello que, cuando ocurre en los seres humanos, llamamos pensar. Aun as�, son muchas las personas que se resisten a aceptarlo.Por cierto, d�game algo que nadie haya dicho a�n sobre la enc�clica del Papa Le�n XIV acerca de la IA.Hay muchos puntos de la enc�clica con los que estoy de acuerdo y otros que no comparto. Uno de sus mayores aciertos es advertir sobre algunos de los riesgos reales que plantea la inteligencia artificial: la concentraci�n de poder en manos de unos pocos actores, la erosi�n de la autonom�a individual, la manipulaci�n del comportamiento, la p�rdida de privacidad y el riesgo de delegar en sistemas tecnol�gicos decisiones que afectan a la dignidad y la libertad de las personas. Dicho esto, tambi�n hay partes de la enc�clica que, en mi opini�n, envejecer�n mal y probablemente lo har�n muy deprisa, planteamientos que tienen m�s que ver con preservar un supuesto excepcionalismo humano que con la realidad. Por ejemplo, el Papa insiste en que los sistemas de inteligencia artificial �nicamente imitan ciertas funciones humanas y que nunca podr�n desarrollar capacidades como la creatividad, la comprensi�n o determinadas formas de inteligencia que consideramos exclusivamente humanas. Este tipo de afirmaciones recuerdan a muchas otras que han acompa�ado hist�ricamente a cada avance tecnol�gico. Primero se dijo que las m�quinas nunca jugar�an al ajedrez mejor que nosotros; despu�s, que nunca mantendr�an conversaciones complejas; m�s tarde, que jam�s podr�an crear arte, m�sica, ni resolver�an problemas con creatividad. Una tras otra, esas fronteras han ido cayendo al margen de nuestras preferencias. Cada vez que dijimos que las m�quinas nunca podr�an hacer algo, nos equivocamos.Al final del libro, sospecha que no es m�s que materia que cree ser algo, quiz� dentro de una simulaci�n, pero elige vivir como si fuera real. �No es ese, de alguna forma, el viejo salto de fe con ropa de f�sica cu�ntica?Lo que digo es que no lo creo, pero que hago como que me lo creo para poder seguir viviendo. Puede que muchos creyentes tambi�n utilicen la misma estrategia... creer para olvidarse. Yo, sin embargo, pienso que somos materia organizada que cree ser algo, sistemas f�sicos extraordinariamente complejos que han desarrollado la capacidad de construir una representaci�n de s� mismos y del mundo que los rodea y, a partir de ello, una experiencia subjetiva. Creo, por tanto, que la conciencia podr�a ser una propiedad emergente del cerebro, el resultado de innumerables interacciones entre neuronas, mol�culas y se�ales el�ctricas y qu�micas que todav�a no comprendemos del todo, y no una entidad separada de la materia que la sustenta. Tenemos una tendencia natural a rellenar con misterio aquello que a�n no sabemos explicar. All� donde no comprendemos el proceso, tendemos a invocar el milagro.