De las campanadas, las mulas y las ramas de encina de hace años —cuando además las zonas rurales estaban mucho más habitadas y sus tierras trabajadas—, a los grupos de WhatsApp de ganaderos y agricultores que acuden en cuestión de minutos con sus cultivadoras a lugar donde se declara un incendio. En un nuevo verano marcado por los incendios forestales de extrema gravedad, que han llevado al Gobierno a declarar por primera vez la emergencia nacional por incendios —se había declarado previamente solo con motivo del apagón de 2025— y a pedir ayuda a la Unión Europea, los trabajadores del campo se reivindican como claves en la lucha contra las llamas y reclaman mayor coordinación y participación en los equipos de extinción."En la actualidad, prácticamente todos los agricultores estamos comunicados por grupos de WhatsApp y en cuestión de segundos todos saben que hay un incendio, dónde es y qué tienen que hacer. Van a ayudar en todo. Enganchan sus trastores y cultivadores y van al incendio. Conocen la zona, dónde hay que cortar, tienen esa cultura de apagar fuegos porque lo tienen grabado en sus genes. Gran parte de los conatos en suelo agrícola, e incluso en forestal, es apagado por agricultores antes de que lleguen los bomberos", defiende el presidente de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) en Guadalajara, Juan José Laso.Si antiguamente se avisaba de las llamas desde el campanario del pueblo, hoy en día los trabajadores del campo se avisan a través de los grupos de WhatsApp de los que son miembros, tanto a nivel local, que pueden contar con una decena de agricultores y/o ganaderos, como a nivel comarcal y provincial, con ya cientos de participantes. Con nombres como 'Tractorada' o 'Cooperativa', estos chats se han convertido en una "herramienta importante" cuando se declaran incendios, y "también en caso de inundaciones", porque "en cuestión de minutos se da el aviso"."Estos grupos son instantáneos. En cuanto hay un fuego, el agricultor no se lo piensa, deja lo que está haciendo, engancha su cultivador y se va a apagarlo. Generalmente, coge el cultivador porque es un apero muy rápido, es lo más usual y efectivo junto a las gradas de disco, porque alteran el suelo, tapan algo de vegetación y paran el fuego", expone Laso. "El agricultor se juega mucho, ha habido casos de accidentes, y lo hace con su dinero y su gasoil y sus aperos, y poniendo en peligro su vida", continúa este agricultor de 60 años que explota más de 200 hectáreas de regadío y secano en Cabanillas del Campo (Guadalajara).Los agricultores, defiende, "conocen de sobra el terreno, dónde hay que cortar el fuego, son los primeros que salen, muchas veces llegan antes que los medios de extinción. Muchos conatos son incendios que han apagado los agricultores". Los primeros en llegar son los que más cerca se encuentran en el momento en el que se inician las llamas, pero cuando el incendio se ha extendido mucho, como el de La Mierla, que quemó 32.000 hectáreas, se presentaron compañeros de Sigüenza o Atienza, entre otros. Para colaborar en el foco de Selas, que se dio por controlado este viernes a primera hora, han llegado "hasta 90 tractores de toda la comarca de Molina". "Por eso se apagan los fuegos, es una ayuda muy importante para la Administración que no se está valorando suficientemente", reprocha.Laso considera que cada incendio es diferente, pero señala que "alguna vez no se ha permitido el paso a los agricultores por parte de algún miembro encargado de la extinción de incendios, seguramente pensando en su seguridad, pero creo que en cada comité de extinción de un incendio tendría que haber un agricultor o ganadero de la zona porque les va a facilitar mucha información". "Las tecnologías ayudan. Cuando hay fuego, los que están más cerca acudimos con lo que podemos"Desde A Mezquita, entre Ourense y Zamora, una zona habitualmente azotada por el fuego, el secreatario de Ganadería de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), José Ramón González, también explica que "en el mismo grupo de WhatApp nos avisamos unos a otros cuando hay un problema". En su caso, en el grupo al que pertenece está formado por "unos 50-60 miembros" de la Agrupación de Defensa Sanitaria Ganadera de Galicia, en el que participan "ganaderos de la zona" y un veterinario. Todos pertenecientes a los ayuntamientos de A Mezquita, Riós, Gundías, Villardevós y Viana do Bolo y a la Asociación de Gandeiros Artesáns da Alta Montaña de Ourense Oriental (Agamo)."Cuando hay un fuego, los que están más cerca acudimos con lo que podemos, tractores o hazadas. Las tecnologías ayudan en este sentido. Es algo intuitivo pero no es baladí, porque para apagar incendios hay que conocer bien el monte y en algunos casos hemos tenido dificultades con la Guardia Civil porque no nos dejaban pasar y si ves a un tío con un tractor y una cisterna, en principio, en una situación de emergencia, debes presuponer que sabe lo que hace", apunta González, que tiene 54 años y explota 120 hectáreas de terreno de pasto y pastoreo para ganadería extensiva.También Javier Fatás, que gestiona 300 hectáreas de cereal en Cadrete (Zaragoza) y es miembro de la Comisión Ejecutiva de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), está dentro de varios grupos de WhatsApp, uno a nivel comarcal en el que hay unos 150 miembros y otro de la cooperativa de Muel de la que forma parte, con entre 50 y 60 participantes."Cuando comienzan las llamas, por el humo se ve enseguida. Y cuando lo comunicas por el grupo, lo normal es que respondan un 'ok', un pulgar, un 'ya voy' o nada, pero sabes que todo el que está por la zona acude al momento. Lo de menos es responder, lo importante es acudir. Si ves el fuego, te desocupas del fuego, coges el tractor con la grada y la cuba y acudes al lugar donde está el fuego. El que tiene un problema de estos, cuando ve aparecer a cuatro, cinco o diez compañeros con sus tractores en cinco o diez minutos para echar una mano, la sensación de alivio es tremenda", relata este agricultor que explota 300 hectáreas de cereal y "algo de forraje"."Intentamos tener diferente maquinaria preparada para estar lo antes posible con la que esté más cerca en un momento en el que pueda darse un incendio", relata. Entre sus herramientas contra el fuego se encuentran las cultivadoras o tractores con gradas y cubas de agua. "Cuando se cosecha en una zona, en un radio de cinco a diez kilómetros puede haber varias cosechadoras y si se da un fuego, los más cercanos acudimos al lugar donde se ha dado el problema, bien sea por una cosechadora o en una cuneta por otro vehículo. Nosotros somos los primeros interesados, te juegas el trabajo de todo el año. Además de los grupos de WhatsApp, al trabajar en el exterior, por el humo nos damos cuenta enseguida", expone Fatás, al tiempo que subraya que "lo primero que hay que hacer es llamar al 112". Cuentan los ganaderos y agricultores que las comunicaciones y tertulias han pasado prácticamente de la barra del bar al móvil. "Son muchas horas de tractor y la forma más sencilla de comunicarnos, como para el resto de la sociedad, son estos medios telemáticos", comenta Fatás. No obstante, no siempre hay cobertura en la España rural, por lo que "aún muchos se comunican por radiocontrol". "En muchas zonas la cobertura es pésima, su fuera buena ayudaría mucho más", agrega.Desde COAG abogan por trabajar con los operativos de extinción de forma coordinada. "Tenemos que trabajar en la coordinación. Como organización nos preocupa mucho. El operativo sabe cuántos tractores hay, pero no quién los lleva o cuáles son. Hay que trabajar en la coordinación tanto entre nosotros, para saber que los vehículos están bien y que las personas están bien, tienen agua y comida, como con el mando del operativo de extinción, porque la gente del terreno conoce muchos detalles que quizá el operativo no tenga controlados".