“Tengo reservadas prácticamente todas las tardes hasta el día 15”. Michelle atiende mesas sin apenas detenerse. Es la encargada de Es Poropo, uno de los bares del paseo marítimo de Sant Elm (Mallorca), y este verano ha decidido hacer una excepción. Habitualmente cierra durante el mes de agosto, cuando buena parte de sus clientes habituales -residentes extranjeros que pasan las semanas de más calor fuera de Mallorca- abandonan la isla. Este año, sin embargo, abrirá expresamente por el eclipse total que tendrá lugar el próximo 12 de agosto. “Vuelven solo para verlo”, explica. Calcula que únicamente entre la comunidad internacional afincada en el pueblo regresarán alrededor de 200 personas, en su mayoría británicos, alemanes, suecos y daneses.
La expectación también se percibe en las conversaciones que mantiene cada día con los clientes. Muchos preguntan desde dónde se verá mejor el eclipse o qué alternativas existen si Sant Elm no ofrece una visión completa de la totalidad. Michelle cree que buena parte de los visitantes terminará desplazándose hacia distintos puntos de la Serra de Tramuntana o contratando excursiones en kayak para rodear sa Dragonera y contemplar el fenómeno desde el mar. Aun así, asegura que el pueblo asume con naturalidad la llegada de más visitantes. “La gente ya está mentalizada de que vendrá mucha gente”, resume.













