Actualizado Viernes,
julio
07:34"Mirabas al cielo y te daba pena solo de verlo", relataba una vecina del pueblo abulense de Burgohondo. A esa hora, la noche todav�a no hab�a conseguido imponerse del todo y el resplandor anaranjado segu�a iluminando unas monta�as que, en apenas unos d�as, se volvieron el escenario sobre el que el fuego se convirti�, una vez m�s, en el protagonista de la historia.Mientras, a lo lejos, una larga lengua envuelta en llamas bajaba dibujando el contorno de la sierra, avanzando, despacio, hacia las primeras viviendas. El humo se hab�a quedado suspendido en el aire, convirtiendo el ambiente en una escena que irritaba los ojos y obligaba a muchos vecinos a cubrirse con mascarillas.En Burgohondo, donde comenz� el incendio, 39 vecinos desalojados pasan la noche en el Polideportivo municipal, dentro, apenas se escuchan conversaciones. Solo descansan entre camas plegables alineadas en mitad de la pista mientras que fuera del pabell�n el incendio contin�a vivo.Desalojados por incendio en polideportivo de Burgohondo- El incendio que se declar� el mi�rcoles en Burgohondo (�vila) ha obligado a desalojar a 1.500 personasMUNDOA las 13:02 horas del pasado mi�rcoles, se declar� el incendio en el t�rmino municipal de Burgohondo. Impulsadas por el viento y las altas temperaturas, las llamas avanzaron con rapidez hasta situarse, apenas dos horas despu�s, a unos 1.500 metros de Navaluenga. El avance oblig� a activar el sistema ES-Alert, ordenar el confinamiento de ambos municipios y El Tiemblo y desalojar viviendas, campings y alojamientos rurales. Con la llegada de la noche, los medios a�reos se retiraron y el operativo terrestre, reforzado por la UME, centr� todos sus esfuerzos en impedir que el fuego alcanzara nuevas zonas habitadas.En Navaluenga, el incendio se viv�a de otra manera. El municipio permanec�a confinado, pero las calles no estaban completamente vac�as. Algunos vecinos sal�an unos minutos para pasear o acercarse al polideportivo, casi todos cubri�ndose con la mascarilla.Caminaban con una serenidad llamativa, como si la rutina pudiera imponerse al incendio, aunque con detenerse y escuchar unos segundos descubr�as que todas las conversaciones terminaban mirando hacia el fuego y al "que pasar� ma�ana".En el centro habilitado para los evacuados tampoco todos hab�an elegido dormir bajo techo. Algunos prefer�an pasar la noche dentro de sus coches, aparcados junto al pabell�n, convencidos de que as� podr�an escapar ante el peor escenario.Desalojados por incendio en polideportivo de Burgohondo- El incendio que se declar� el mi�rcoles en Burgohondo (�vila) ha obligado a desalojar a 1.500 personasMUNDOUna de las voluntarias que llevaba desde el d�a de ayer atendiendo a los desalojados recordaba c�mo hab�a cambiado el paisaje conforme avanzaba la tarde. "Antes hab�a much�simo humo. Ahora lo ves rodeando toda la monta�a y bajando poco a poco", explicaba sin apartar la vista del paisaje. El fuego, dec�a, parec�a avanzar con calma, pero no dejaba de hacerlo. "El problema es que entre abajo y se meta en los �rboles. Lo primero que se hace es proteger a la poblaci�n", resum�a.En Navaluenga, una voluntaria relataba c�mo algunos vecinos hab�an tenido que abandonar sus casas sin apenas tiempo para reaccionar. "Hubo una se�ora a la que tuve que intentar localizar a su hija. Solo repet�a que se le iba a quemar todo", contaba mientras, a su espalda, las luces del polideportivo iluminaban y daban vida al pueblo. "Y luego se te pon�an a llorar. Ya no sab�a ni que decirle", agrega.Ahora, con la emergencia ya declarada de inter�s nacional, el operativo entra en una nueva fase. El Ministerio del Interior acept� a las 00.20 horas la petici�n formulada por la presidenta madrile�a, Isabel D�az Ayuso, y activ� la situaci�n operativa 3 para el territorio de la Comunidad de Madrid y la provincia de �vila, despu�s de que la evoluci�n simult�nea de los incendios obligara a elevar el nivel de respuesta.Y mientras, en ambos pueblos de la provincia de �vila, decenas de vecinos tratan de conciliar el sue�o sin dejar de mirar de reojo a una monta�a iluminada por el fuego, esperando y confiando en que al despertar no haya rastro de las llamas













