La incorporaci�n de pol�ticas proteccionistas busca obtener ingresos fiscales y un mayor control aduanero. Sus defensores, como Donald Trump, quieren favorecer el desarrollo de la producci�n de su pa�s.Pocos temas han sido tan pol�micos en la historia de la econom�a como la conveniencia o no de establecer el comercio libre entre las principales naciones. La estructura del moderno sistema de comercio internacional se dise�� tras la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de liberalizar las relaciones comerciales entre los principales pa�ses y evitar que volviera a producirse una cat�strofe como la ocurrida en la d�cada de 1930.El cierre de fronteras por parte de muchas naciones -empezando, no lo olvidemos, por los Estados Unidos- para proteger la agricultura y la industria nacional en los a�os de la Gran Depresi�n, agrav� en gran medida la crisis econ�mica de aquellos a�os. Desde entonces, el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), primero, y la Organizaci�n Mundial del Comercio (OMC), m�s tarde, intentaron -no siempre con �xito, ciertamente- que el mundo diera pasos sostenidos hacia un comercio multilateral libre. Y, pese a todo tipo de problemas y desacuerdos, no cabe duda de que se avanz� en un proceso de globalizaci�n, que favoreci� el crecimiento de la econom�a mundial y benefici� a los pa�ses en v�as de desarrollo especialmente.Cuando en 2007 estall� la primera gran crisis econ�mica del siglo XXI muchos economistas observamos, con preocupaci�n, la evoluci�n de las pol�ticas comerciales por el temor de que se pudieran repetir algunas de las medidas que tan malos resultados hab�an tenido setenta a�os antes. Afortunadamente, no sucedi� tal cosa. Pero, a�os despu�s, y sin razones que realmente lo justificaran, surgieron nuevas amenazas al comercio internacional libre. Y el protagonista de esta nueva era ha sido el presidente de los Estados Unidos Donald Trump.El objetivo b�sico de las pol�ticas proteccionistas ha sido siempre favorecer el desarrollo de la producci�n nacional discriminando a los productores extranjeros. Pero sus efectos son mucho m�s complejos de lo que parece y tienen, por lo general, efectos no esperados, que pueden ser muy negativos para el pa�s que trata de proteger a sus productores mediante aranceles.La protecci�n aduanera favorece, sin duda, a determinados productores nacionales; pero genera costes a los consumidores. Y no son solo los ciudadanos particulares los perjudicados. Tambi�n diversas industrias pueden verse afectadas muy negativamente por el encarecimiento de algunos de sus inputs. Un ejemplo lo tenemos en los aranceles al acero y al aluminio que estableci� el propio Trump en su primer mandato. Tales grav�menes pudieron beneficiar a los productores nacionales de estos bienes. Pero perjudicaron a aquellos que los utilizan en sus procesos productivos como bienes intermedios; entre ellos la industria del autom�vil.Por otra parte, el nuevo proteccionismo parece tener, al menos otros dos objetivos. El primero es obtener ingresos fiscales. Tal estrategia tiene amplios antecedentes hist�ricos. Pero, con el paso del tiempo y el desarrollo de los estados fiscales modernos, ha perdido mucha importancia. Es cierto que, en haciendas poco desarrolladas, el componente fiscal de los aranceles ha tenido -y tiene aun en algunos casos- una cierta relevancia. Pero, resultaba muy dif�cil suponer que, en la tercera d�cada del siglo XXI, un presidente de los Estados Unidos argumentara que unos aranceles m�s elevados podr�an reducir de forma significativa la carga impositiva que soportan los contribuyentes norteamericanos.La idea se basa en la creencia equivocada de que ser� el exportador extranjero quien soporte en su totalidad el coste del arancel; y de que no habr� efecto negativo alguno para los ciudadanos del pa�s. Sin embargo, lo que dice la teor�a econ�mica m�s b�sica es que la carga de los impuestos a la importaci�n se repartir� entre los vendedores extranjeros y los consumidores nacionales; y el porcentaje que soporte cada uno de estos grupos depender� de la elasticidad de la demanda de cada producto. En otras palabras, de la capacidad de los consumidores para reemplazar los bienes importados por otros de producci�n nacional.La reacci�n de un gobierno ante estos resultados inevitables no deber�a ser nunca presionar a los vendedores nacionales (como ha hecho Trump) para que no repercutan en sus precios los costes m�s elevados que tienen que soportar a causa de los aranceles. Tal estrategia ser�, seguramente, in�til; y, si tiene alg�n �xito, generar� no pocas distorsiones indeseables en la econom�a del pa�s.Pero tal vez el objetivo m�s sorprendente para un economista es el uso de la protecci�n aduanera como instrumento geopol�tico. En este caso el prop�sito del arancel no es tanto favorecer a los productores nacionales como causar da�o a los extranjeros. Se trata de amenazas de elevar los aranceles a determinados productos exportados por pa�ses con los que la naci�n que los impone tiene alg�n tipo de conflicto que, a veces, poco tiene que ver con la econom�a.Es cierto que buena parte de estas amenazas no se han materializado, finalmente, en medidas concretas; y que no sabemos si estas pol�ticas continuar�n en el tiempo cuando los Estados Unidos elijan un nuevo presidente. Pero sospecho que quienes redactaron, en 1947, los acuerdos del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) se habr�n removido en sus tumbas al ver hasta qu� punto est�n llegando las cosas.Francisco Cabrillo es catedr�tico em�rito de Econom�a de la Universidad Complutense. Fundaci�n Civismo.
El retorno del proteccionismo
Pocos temas han sido tan pol�micos en la historia de la econom�a como la conveniencia o no de establecer el comercio libre entre las principales naciones. La estructura del...












