Francisco Suárez Dávila Han corrido ríos de tinta en torno a la fecha de negociación para la Renovación del T-MEC(?) prevista para el 1º de julio. Se ha sembrado la confusión entre el optimismo oficial que pretende transmitir que fue un éxito, lográndose una prolongación del mismo y beneficios económicos futuros. Por otra parte, los críticos, entre ellos varios reconocidos expertos, algunos empresarios y la oposición política expresan que fue una negociación deficiente, ya que la revisión anual genera incertidumbres que afectan negativamente la inversión y el comercio. Parte de la confusión lo provoca el lenguaje “trumpiano” sibilino del representante Comercial de E.U. Greer que afirma que no se “renueva el TMEC”… pero por otra parte anuncia la extensión del acuerdo mediante revisiones anuales hasta por 10 años. Muchos dimes y diretes, ilusiones falsas, verdades alternativas. Es necesario por la importancia del tema y sus consecuencias futuras sobre Mexico introducir elementos de realismo, objetividad, y serenidad que tanta falta nos hace. Algunas consideraciones. 1) Es cierto de las opciones contempladas, no resultó la mejor que era la prolongación del T-MEC por 16 años. Tampoco las peores: cancelación del acuerdo o su fragmentación en 2 acuerdos bilaterales, como amenazo Trump. Esencialmente se mantiene el “status quo” del acuerdo actual, supuestamente con algunas mejoras (¿cuáles?) con revisión anual por 10 años. En ese sentido se gana algo. 2) Hay que recordar que el actual T-MEC ya no es un Tratado de Libre Comercio, sino un Acuerdo Comercial híbrido, que contiene elementos de libre comercio y otros de proteccionismo en sectores importantes, como el acero, el aluminio y muy importante el automotriz, pero preserva un sistema con arancel cero sobre alrededor del 80% de nuestro comercio, que hay que preservar. 3) Al amparo de ese “status quo”, México se ha convertido en el principal socio comercial de E.U. en exportaciones e importaciones, adelante de China y Canada. Es cierto, se ha cambiado la estructura con efectos negativos sobre la automotriz, compensado por otros sectores. Sí se ha avanzado en el proceso de integración y competitividad regional, con el impulso a cadenas productiva transnacionales que han generado beneficios y aliados en muchas empresas. 4) Con el esquema de revisión anual se gana tiempo. En 2 años termina el periodo de Trump y previsiblemente con el nuevo gobierno podrá darse un acuerdo mejor. Por el momento somos vulnerables ya que el carril comercial se ha entreverado con el de seguridad, y los aranceles son un instrumento no solo comercial sino político. Una consideración fundamental: El gobierno mexicano hace recaer la posible pérdida de confianza en factores, externos Trump y los cambios en el T-MEC. ¡En realidad, la mayor parte de esa falta de certidumbre se da por factores internos bajo su responsabilidad! Baja inversión privada por falta de confianza en el estado de derecho y un poder judicial confiable, la inseguridad, la extorsión y la impunidad, la inacción y pasividad para proceder eficazmente contra el crimen organizado y sus cómplices, los narcopoliticos en altas esferas del gobierno que nos ha creado una mala imagen global y una mala relación con el gobierno de E.U. La estrategia negociadora ha sido reactiva y defensiva y no propositiva para ir más allá del libre comercio, vinculándolo con la cooperación científica, tecnológica y educativa; la energía y seguridad compartida. Nos ha faltado una estrategia de sustitución de importaciones, aumentar los contenidos locales con una política industrial eficaz sustentada en adecuado financiamiento, y remover obstáculos por una deficiente infraestructura, falta de energía. Deberíamos aplicar la visión de la doctrina Carney: Para que la integración no sea subordinación se requiere, desarrollar una “autonomía estratégica”, “fortalecer como prioridad la economía doméstica” y desarrollar una estrategia de diversificación con alianzas con otras potencias medias, ¡empezando por Canada! Los obstáculos y deficiencias del T-MEC deberían incentivar un verdadero golpe de timón en la estrategia económica, política e internacional política de nuestro Gobierno. En suma “Poner la casa en orden”. Únete a nuestro canal
Hacia una evaluación objetiva de la negociación del T-MEC y sus consecuencias para México, escribe Francisco Suárez Dávila
Francisco Suárez Dávila Han corrido ríos de tinta en torno a la fecha de negociación para la Renovación del T-MEC(?) prevista para el 1º de julio. Se ha sembrado la confusión entre el optimismo oficial que pretende transmitir que fue un éxito, lográndose una prolongación del mismo y beneficios económicos futuros. Por otra parte, los críticos, entre ellos varios reconocidos expertos, algunos empresarios y la oposición política expresan que fue una negociación deficiente, ya que la revisión anual genera incertidumbres que afectan negativamente la inversión y el comercio. Parte de la confusión lo provoca el lenguaje “trumpiano” sibilino del representante Comercial de E.U. Greer que afirma que no se “renueva el TMEC”… pero por otra parte anuncia la extensión del acuerdo mediante revisiones anuales hasta por 10 años. Muchos dimes y diretes, ilusiones falsas, verdades alternativas. Es necesario por la importancia del tema y sus consecuencias futuras sobre Mexico introducir elementos de realismo, objetividad, y serenidad que tanta falta nos hace. Algunas consideraciones. 1) Es cierto de las opciones contempladas, no resultó la mejor que era la prolongación del T-MEC por 16 años. Tampoco las peores: cancelación del acuerdo o su fragmentación en 2 acuerdos bilaterales, como amenazo Trump. Esencialmente se mantiene el “status quo” del acuerdo actual, supuestamente con algunas mejoras (¿cuáles?) con revisión anual por 10 años. En ese sentido se gana algo. 2) Hay que recordar que el actual T-MEC ya no es un Tratado de Libre Comercio, sino un Acuerdo Comercial híbrido, que contiene elementos de libre comercio y otros de proteccionismo en sectores importantes, como el acero, el aluminio y muy importante el automotriz, pero preserva un sistema con arancel cero sobre alrededor del 80% de nuestro comercio, que hay que preservar. 3) Al amparo de ese “status quo”, México se ha convertido en el principal socio comercial de E.U. en exportaciones e importaciones, adelante de China y Canada. Es cierto, se ha cambiado la estructura con efectos negativos sobre la automotriz, compensado por otros sectores. Sí se ha avanzado en el proceso de integración y competitividad regional, con el impulso a cadenas productiva transnacionales que han generado beneficios y aliados en muchas empresas. 4) Con el esquema de revisión anual se gana tiempo. En 2 años termina el periodo de Trump y previsiblemente con el nuevo gobierno podrá darse un acuerdo mejor. Por el momento somos vulnerables ya que el carril comercial se ha entreverado con el de seguridad, y los aranceles son un instrumento no solo comercial sino político. Una consideración fundamental: El gobierno mexicano hace recaer la posible pérdida de confianza en factores, externos Trump y los cambios en el T-MEC. ¡En realidad, la mayor parte de esa falta de certidumbre se da por factores internos bajo su responsabilidad! Baja inversión privada por falta de confianza en el estado de derecho y un poder judicial confiable, la inseguridad, la extorsión y la impunidad, la inacción y pasividad para proceder eficazmente contra el crimen organizado y sus cómplices, los narcopoliticos en altas esferas del gobierno que nos ha creado una mala imagen global y una mala relación con el gobierno de E.U. La estrategia negociadora ha sido reactiva y defensiva y no propositiva para ir más allá del libre comercio, vinculándolo con la cooperación científica, tecnológica y educativa; la energía y seguridad compartida. Nos ha faltado una estrategia de sustitución de importaciones, aumentar los contenidos locales con una política industrial eficaz sustentada en adecuado financiamiento, y remover obstáculos por una deficiente infraestructura, falta de energía. Deberíamos aplicar la visión de la doctrina Carney: Para que la integración no sea subordinación se requiere, desarrollar una “autonomía estratégica”, “fortalecer como prioridad la economía doméstica” y desarrollar una estrategia de diversificación con alianzas con otras potencias medias, ¡empezando por Canada! Los obstáculos y deficiencias del T-MEC deberían incentivar un verdadero golpe de timón en la estrategia económica, política e internacional política de nuestro Gobierno. En suma “Poner la casa en orden”. Únete a nuestro canal






