La Unión Europea ha pasado años con dificultades a la hora de sacar adelante cada paquete de sanciones contra Rusia a raíz de la invasión de Ucrania en 2022. La mayoría de las ocasiones el problema tenía nombres y apellidos: Viktor Orbán, primer ministro de Hungría. La derrota del orbanismo en las elecciones legislativas húngaras y la victoria de Tisza, el partido opositor liderado por Péter Magyar, ahora primer ministro del país centroeuropeo. Con Orbán fuera, en Bruselas se extendió la esperanza de que los típicos bloqueos de Budapest desaparecieran. Y, sin embargo, el vigésimo primer paquete de sanciones está bloqueado desde hace semanas, con ministros, diplomáticos y embajadores ante la UE enzarzados tratando de sacar adelante las medidas. Pero ya no está Orbán. ¿Quién es ahora el ‘bloqueador en jefe’ de la Unión Europea? Un tipo llamado George Prokopiou, de 80 años, un auténtico zar de la industria naviera, dueño de un imperio del transporte marítimo de mercancías, del que forma parte, entre otros, la compañía Dynagas, especializada en el transporte de gas natural licuado (GNL) y con una importante flota de Arc7, rompehielos utilizados para sacar GNL de la principal base de exportación de Rusia, Yamal LNG, una explotación clave en Siberia. Este miércoles, los embajadores representantes permanentes de los Veintisiete ante la UE se han sentado y han negociado durante horas para intentar desbloquear la situación. Sin éxito. La presidencia irlandesa del Consejo ha convocado un nuevo encuentro el jueves a primera hora. El Gobierno griego considera que la medida incluida en el paquete de sanciones que prohíbe a las empresas participar en actividades de exportación podría hundir a Dynagas. La realidad es que la Comisión considera que esa prohibición ya está acordada como parte del decimonoveno paquete de sanciones, acordado en 2025, según una nota aclaratoria que circuló en noviembre del año pasado. Atenas considera que se debería eliminar o retrasar esa medida, que "prohíbe la compra, la importación o la transferencia, directa o indirecta, de GNL procedente de Rusia o exportado desde este país", que entraría en vigor el 1 de enero de 2027. TE PUEDE INTERESAR Grecia votó además a favor de otra norma, acordada recientemente, que establece la prohibición de importar energía rusa a partir de 2027, que contó con la oposición de Hungría y Eslovaquia y que se adoptó usando la base jurídica de política comercial, lo que permitía esquivar los vetos particulares de los Estados miembros. El paquete de sanciones, sin embargo, al ser política exterior, requiere del apoyo unánime de los Veintisiete. Para el Ejecutivo del conservador Kyriakos Mitsotakis, el sector naviero es clave, con un peso que el sector sitúa en torno al 7% del PIB del país, y que es un auténtico gigante dentro de la industria del transporte marítimo de la Unión Europea, controlando el 60% de la flota europea. No es Atenas la única que pone problemas. La negativa griega ha sido la primera pieza que ha provocado un efecto dominó que ha hecho que otras delegaciones nacionales apunten a sus dudas respecto a diferentes elementos de las sanciones. Es lo que muchos consideran una de las primeras claras señales de un agotamiento de muchas capitales con las sanciones contra Moscú, cada vez más difíciles de diseñar sin que afecten a intereses centrales de los Estados miembros, ya que después de veinte rondas de sanciones empiezan a agotarse los objetivos económicos rusos. TE PUEDE INTERESAR Sin embargo, la Comisión Europea, que presentó este paquete de sanciones hace ya meses, ha ido esquivando una a una las objeciones de la mayoría de Estados miembros, incluyendo a uno de los últimos reticentes, Austria, reduciendo la oposición clave a la de Grecia. En todo caso, Atenas ha aumentado la importación de gas natural licuado (GNL) ruso un 11%, con un aumento importante por parte de España, Francia, Países Bajos y Bélgica. El embajador griego ante la Unión Europea encuentra poco respaldo entre sus colegas, muchos de los cuales representan a Estados miembros que han tenido que infligir daños importantes a su industria en otros paquetes de sanciones con el objetivo de dañar a la economía rusa, un argumento que en los últimos días se ha ido utilizando más y más, una señal de la irritación que existe en otras delegaciones. Dynacom, otra de las empresas del magnate Prokopiou, ha hecho más de 1.000 millones de euros en beneficios transportando crudo ruso desde 2023, según datos recopilados por el Financial Times, aunque ese negocio ha sido legítimo, aunque sea políticamente sensible: se han obtenido transportando crudo que se vendía bajo el precio ‘tope’ establecido por el G7. Esos mismos cálculos apuntan a que el conjunto de las compañías navieras griegas, que van más allá de las que controla Prokopiou, ha hecho cerca de 4.300 millones de euros de beneficios desde el inicio de la invasión rusa. La Unión Europea ha pasado años con dificultades a la hora de sacar adelante cada paquete de sanciones contra Rusia a raíz de la invasión de Ucrania en 2022. La mayoría de las ocasiones el problema tenía nombres y apellidos: Viktor Orbán, primer ministro de Hungría. La derrota del orbanismo en las elecciones legislativas húngaras y la victoria de Tisza, el partido opositor liderado por Péter Magyar, ahora primer ministro del país centroeuropeo. Con Orbán fuera, en Bruselas se extendió la esperanza de que los típicos bloqueos de Budapest desaparecieran.