En los pasillos de las instituciones comunitarias en Bruselas corre el dicho de que el principal enemigo de la Unión Europea son los propios países que la conforman. Estas semanas se ha vuelto a comprobar cómo los intereses nacionales, en este caso de las empresas de cada país, se ponen por delante de las políticas de la Unión.

Aunque las sanciones europeas contra Rusia han servido para debilitar y desabastecer a la maquinaria de guerra del Kremlin contra Ucrania, la aprobación del paquete 21 se está enfrentando a obstáculos internos por las consecuencias que puede tener para determinadas compañías europeas. Este miércoles y jueves, los embajadores de los 27 se reúnen en Bruselas para intentar cerrar acuerdos que permitan avanzar en las penalizaciones contra Rusia, mientras las firmas de lobby se esmeran ante los despachos de los diplomáticos y los funcionarios europeos.