Las nuevas sanciones de la Unión Europea a Rusia por la guerra de Ucrania encallan en la industria naviera de Grecia. El Gobierno de Atenas bloquea el paquete 21 de restricciones, que busca reforzar el cerco financiero a la órbita del Kremlin. Grecia reclama que se incluya en la nueva regulación una excepción para que una de sus grandes compañías navieras pueda seguir transportando gas natural licuado (GNL) a terceros países. El Gobierno del conservador Kyriakos Mitsotakis alega que la salida del armador griego del sector no dañaría a Rusia —porque otra empresa, probablemente china, podría transportar el gas y hacerse con el mercado—, sino a una empresa de la UE. Sus críticos reclaman que Atenas está defendiendo en realidad los intereses de una sola empresa que ha seguido haciendo negocios con Rusia y no los intereses nacionales ni europeos.Grecia se ha enrocado en su reclamación. Pero el paquete había pedido ambición después de que, por el veto de Bulgaria, Bruselas haya abandonado su propuesta de sancionar al patriarca Kirill, líder de la Iglesia Ortodoxa rusa; o eliminar su intención de restringir la entrada en la UE de pescado ruso por las presiones de Alemania y Portugal. El caso griego es el último de una serie de grandes obstáculos a los que se han enfrentado las nuevas sanciones, que deben aprobarse por unanimidad de los 27 Estados miembros de la UE. Al menos seis países han exigido exenciones o bloqueado partes del paquete 21, que ponen el foco en la flota fantasma con la que mueven irregularmente sus hidrocarburos, en las redes de criptomonedas y en nuevas compañías militares-industriales. Los representantes de los Estados miembros ante la UE tratarán este miércoles de sacar adelante las sanciones en un último intento antes del receso de verano y con el cronómetro en la mano por uno de los puntos claves del castigo al Kremlin: el jueves expira el tiempo del límite temporal de precio del petróleo ruso en 44,10 dólares el barril. Si no hay acuerdo (y Grecia afirma que lo bloqueará, como el paquete 21 de sanciones, hasta que logre la excepción a su naviera), ese precio volverá a subir hasta los 58 dólares por barril.En el centro de la polémica está la compañía naviera griega Dynagas, que opera 27 metaneros, buques rompehielos que se especializan para operar en el Ártico y transportar GNL ruso hacia países de fuera de la UE y propiedad de George Prokopiou, hombre que tiene fama de operar donde otros armadores se repliegan. Grecia asegura que Dynagas ha hecho una inversión inmensa ya antes de la guerra para afianzar esa ruta, que no puede destinar sus barcos a otro lugar y que se vería obligada a venderlos. Eso, dicen, implicaría que Europa perdería el control de ese activo que tomarían sus rivales (Estados Unidos, Japón y China) y que, mientras tanto, no se dañaría a Moscú, que es lo que persiguen las sanciones ―estrangular su economía para que no alimente su guerra contra Ucrania―. Atenas asegura que esa prohibición de transportar GNL no estaba en el texto legal original, sino que la Comisión Europea lo ha colado, de alguna forma, por la puerta de atrás sin hacer, además, el correspondiente análisis de riesgos y daños.Trabas a las sanciones a Rusia El Ejecutivo comunitario presentó el paquete 21 de sanciones como una respuesta contundente a los duros ataques de Rusia contra Ucrania. Sin embargo, pese a que ya no está el Gobierno de Viktor Orbán, muy afín al Kremlin y que bloqueaba tradicionalmente las sanciones, su aprobación se está complicando. Con la salida del nacionalpopulista, Bruselas volvió a intentar meter en su lista negra al patriarca Kirill. Sin embargo, Bulgaria lo ha vetado y ha logrado sacar al religioso de la lista. El nuevo primer ministro búlgaro, Rumen Radev, euroescéptico y prorruso, asegura que esa sanción se trata de una injerencia en asuntos religiosos y que, además, no sería eficaz. “Esta guerra ya se ha movido más allá de las trincheras; se extiende más allá de la economía y la energía, podemos ver su impacto en la cultura y el deporte y ahora solo le queda engullir religión también”, dijo hace unos días. Bulgaria también ha exigido que se retire de la lista al oligarca ruso Vagit Alekperov, fundador y principal accionista de Lukoil, ya que asegura que su inclusión dañaría intereses estratégicos búlgaros porque esa petrolera dirige la única refinería del país.La Comisión, tras una propuesta de Estonia, propuso limitar los visados para entrar en la UE a ciudadanos rusos que hayan combatido en la guerra contra Ucrania, pero Francia e Italia (los dos países que más visados conceden a rusos) se oponían a la medida alegando razones de dificultad técnica. Finalmente, ese punto se va a revisar. Además, se han retirado del paquete de sanciones las restricciones a la entrada en la UE de pescado ruso (merluza, salmón, bacalao) a las que se oponían Portugal y Alemania, que tiene una industria de palitos de pescado que se nutre de Rusia. También Austria ha logrado que se aplace hasta octubre un punto que afectaría al banco austriaco Raiffeisen Bank International.