Fácil de preparar, muy versátil y perfecta para casi cualquier ocasión, la quiche de espinacas y calabacín con queso crema destaca por su textura suave y cremosa y los sabores delicados de sus ingredientes. Este pastel salado originario de Francia es ideal para degustar en reuniones familiares, para tenerlo disponible en la nevera para esos días en los que las obligaciones y la rutina se nos echan encima, para llevar al trabajo o para comer de pícnic. Además, se puede servir tanto recién hecha, caliente, como fría. Se trata de una preparación con muchas posibilidades, pudiendo convertirse en un plato principal acompañado, por ejemplo, de una ensalada verde de canónigos y rúcula o en un aperitivo perfecto.
La estructura de la quiche es muy simple: una base de masa quebrada rellena de huevos, nata o crema de leche y los ingredientes de tu elección. Aquí manda la imaginación, aunque las recetas más populares se hacen con verduras como los champiñones, puerros, brócoli o cebolla caramelizada; proteínas como la panceta, el salmón o el pollo y en cuanto a los quesos, los favoritos son la mozzarella, el de cabra, el emmental o el parmesano.
'Quiche' viene del alemán 'kuchen', que significa pastel. Esta tarta salada tiene su origen en la región francesa de Lorraine (Lorena), que hace frontera con Alemania en el Noroeste de Francia. Hunde sus raíces en el siglo XVII, aunque en un principio se preparaba sin queso, solo con una masa a base de pan, huevos y nata fresca. Como muchas recetas de la época, nació como un plato humilde en las mesas de los campesinos. Tuvo que esperar hasta el siglo XIX para que se sustituyera el continente de pan por la masa quebrada y se le añadiera la panceta ahumada. Y hasta el XX, en plena posguerra, para que diera el salto a otros países y se le terminara sumando el queso.









