Decía Voltaire que, si Dios no existiera, habría que inventarlo. Y con el fútbol, salvando todas las distancias, sucede lo mismo. Como escribió John Carlin, quienes lo amamos formamos la tribu más grande del mundo, la más numerosa, la más heterogénea y la de mayor alcance territorial. En España casi veinte millones vieron la final del Mundial, 2.000 millones en todo el mundo. El gol de Ferran Torres fue un acto de justicia poética, pero sobre todo deportiva. Hubo un equipo que salió a atacar y otro a defenderse en la frontera del reglamento. El mal perder es más triste que el mal querer, porque además el derrotado no da pena, sino rabia. Argentina no chutó entre los tres palos en 90 minutos. Lo dijo un argentino sabio como Jorge Valdano hace años: “Jugar contra un equipo que se defiende es como hacer el amor con un árbol”. FRANCK FIFE / AFPUna victoria como la de la noche del domingo tiene un efecto euforizante en la población española, como partícipe del triunfo. Fue un momento de felicidad popular, un pico de dopamina, que durará unos días, como mucho unas semanas. Las victorias son efímeras, pues se desvanecen cuando nos acostumbramos a la nueva realidad. Pero este tiempo de placer íntimo, y a la vez compartido, no nos los quita nadie. El fútbol, además de divertido, resulta terapéutico, pues libera endorfinas, que reducen el estrés y actúan como válvula de escape de los problemas.Si el fútbol no existiera habría que inventarlo, que es lo que decía Voltaire de DiosGeorge Orwell escribió en 1945 el ensayo El espíritu deportivo, donde reflexionaba sobre los nacionalismos. Para el autor británico, “el fútbol es una guerra sin armas”, que acaba siendo una metáfora de los conflictos latentes. En este Mundial, hemos visto a los futbolistas argentinos agitando pancartas donde reivindicaban las islas Malvinas tras vencer a Inglaterra y a los futbolistas iraníes tratados como fugitivos durante el campeonato. Al menos, la roja ha servido para unir voluntades en un país que merecería parecerse más a la España plural que encarna la selección, en la que figuran nueve catalanes y cinco vasconavarros.Y acabo con mi cita preferida sobre este deporte: “Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol” (Albert Camus).