“¡Illo, illo, illo! ¡Que se implementa hoy el treaty, que va a caer el final frontier!”. Así comienza el Diálogo fronterizo que el escritor gibraltareño Jonathan Teuma escribía con motivo de la caída de la verja de Gibraltar esta semana. Una noticia que afecta fundamentalmente a los trabajadores que durante décadas se han visto obligados a hacer cola y sacar sus pasaportes cada vez que entraban y salían de la Roca, pero también a los poetas y narradores que, por naturaleza, han venido cruzando también las fronteras idiomáticas de manera cotidiana.

Según Trino Cruz, un poeta que ha hecho su carrera entre Gibraltar, España y Marruecos, “da gran placer y cierto vértigo cruzar la frontera (nosotros nunca la hemos llamado ‘la verja’) en ambos sentidos sin ningún tipo de control, sin presencia policial, sin necesidad de identificarnos”, celebra. “Humanizar un territorio de nadie es de gran valor, un gesto contracorriente y generoso en un mundo ruidoso y distraído, un gesto que demuestra confianza en el otro, y en la necesidad de fomentar el bien común. ¡Territorio de todos!”, aplaude el poeta.

“Cada uno de nosotros es un vínculo entre mil vidas, vaso comunicante entre espacios y memorias, cada uno tiene la responsabilidad de seguir tejiendo a su manera, ejerciendo su libertad, con respeto, con amor”, prosigue el autor de Rhila o Mediodía del cantor. “Todos tendremos algo que decir al respecto, nuestras historias seguirán creciendo, nutriéndose de complejidad y honradez, transformándonos y enriqueciéndonos. Pienso también en los que sólo conozcan esta no-frontera, tendrán otras referencias, será un nuevo punto de partida para ellos. Las futuras generaciones fomentarán el respeto, y cultivarán y mimarán este regalo que hoy se nos brinda”, añade Trino Cruz.