“¿No te parece muy raro?”. Dos canis en moto se gritaban al cruzar por la Verja de Gibraltar unos minutos después de que, a mediodía, una grúa hubiera retirado la herrumbrosa cancela que separó durante más de un siglo a La Línea y al Peñón.

Una grúa la había levantado en peso mecánicamente, ante la mirada protocolaria del presidente Pedro Sánchez, de su ministro de Exteriores, José Manuel Albares y un séquito que incluía a los alcaldes del Campo de Gibraltar, a la presidenta de la Mancomunidad, a Fabian Picardo, ministro principal de la Roca y su vice, el historiador Joseph García: “Estudiar un plan B por si el Tratado no salía adelante, fue terrible. Cada vez que sacaba una nota técnica, para tenerlo todo estudiado, temía que tuviéramos que aplicarla”, comentaba este yanito del Gibraltar Liberal Party, autor de The Gibraltarians, un libro fundamental, y cuyo padre, Joe García, fue un influyente periodista que hubiera merecido estar hoy en La Focona –The Four Corners--, si su muerte, hace años, no se lo hubiera impedido.

“Echo mucho de menos, aquí, a Bernard Linares y a Tito Benady, lo que hubieran dado por ver esto”, protestaba por los mismos motivos Francisco Oda, actual director del Instituto Cervantes en Dublín y único director del Instituto Cervantes de Gibraltar, hasta que lo cerró Margallo. Linares y Benady también causaron baja, por defunción, en las filas de quienes, a un lado y a otro de la Verja, defendieron durante décadas el entendimiento y el conocimiento recíproco.