Cae el último muro de Europa occidental”. “Abrimos una nueva era para el Campo de Gibraltar”. Pedro Sánchez resumió con estas dos frases, pronunciadas durante su visita de ayer a las obras de demolición de la verja que separaba Gibraltar de España, el nuevo vínculo entre ambos territorios. El martes se había firmado en Bruselas el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Reino Unido que establece un nuevo marco para las relaciones de Gibraltar con los países comunitarios, pendiente desde que se hizo efectivo el Brexit, seis años atrás.Una de las principales consecuencias de dicho acuerdo es la mencionada supresión de la verja, efectiva a partir de las cero horas de ayer, día 15. Por tanto, y si bien ha sido negociado por la UE y el Reino Unido, el acuerdo afecta de modo especial a España y Gibraltar, y sobre todo, a las 15.500 personas –un 70% españolas– que diariamente atravesaban, en su mayoría por razones profesionales, la frontera ahora suprimida. También afecta al conjunto de la zona, con rentas muy dispares entre los gibraltareños –unos 93.700 euros anuales per cápita– y los españoles que viven a su alrededor –alrededor de una cuarta parte de la anterior–.Desde hace 313 años, a raíz del tratado de Utrecht (1713), Gibraltar pertenece a la corona británica. Este pequeño enclave (menos de siete kilómetros cuadrados) se halla en la zona más meridional de la península Ibérica, frente al Estrecho y la costa africana, y posee por tanto gran valor estratégico. A lo largo de los siglos España ha intentado recuperarlo, por las buenas o las malas, sin éxito. El franquismo hizo de él una reivindicación recurrente, también infructuosa, manteniendo entre 1966 y 1982 la verja cerrada, lo que de hecho sometía a Gibraltar a un bloqueo terrestre.La desaparición de la verja debería favorecer tanto a los gibraltareños como a los españolesAhora corren otros tiempos. Es cierto que la puesta en práctica del Brexit implicó la reinstauración de los controles de pasaportes y una rigurosa frontera con la UE. Pero, caídala verja, concentrados esos controles en el aeropuerto –y compartidos por policías de España y de Gibraltar–, la situación es mucho más fluida y cómoda, abriendo esperanzadores horizontes de intercambio económico para toda la zona. En Gibraltar viven 40.000 personas; en La Línea, 64.400.Si bien las fuerzas políticas españolas situadas más a la derecha manifiestan que toda solución que no comporte la devolución del Peñón a la soberanía española resulta insatisfactoria, lo cierto es que el acuerdo firmado en Bruselas contiene elementos interesantes tanto para los naturales de Gibraltar como para los españoles de La Línea y demás localidades del Campo de Gibraltar.Los primeros son mayoritariamente partidarios –más del 98%, en el 2002– de mantener su estatus británico, pero al tiempo de conservar las ventajas de una buena relación con la UE. En el Peñón, el referéndum del Brexit arrojó un resultado muy distinto al del Reino Unido. Un 96% de los gibraltareños votó por la permanencia en la UE, mientras que en elReino Unido los brexiters ganaron la consulta con un 52% de los votos, frente al 48% de los remainers . En el curso de la negociación entre la UE y el Reino Unido, España decidió sacar a Gibraltar de su lista de paraísos fiscales –en terminología oficial, jurisdicciones no colaborativas–, algo también muy apreciado en el Peñón.Tras el Brexit, el diálogo y el acuerdo entre la UE y el Reino Unido han acabado dando sus frutosPara los españoles que tienen tratos con Gibraltar, o sencillamente viven en suelo de España cercano, así como para los gibraltareños, decisiones como la de suprimir la verja, o cualquier otra que permita mejorar las relaciones económicas, resultan pertinentes.Algunos quizás consideren paradójico que fuera el Brexit el que generó el acuerdo que ayer entró en vigor, suavizando las relaciones de Gibraltar con la UE y, por tanto, con España. Pero algo de eso hay. Ahora bien, lo más sustantivo en este asunto es que se optó por la negociación y el acuerdo –ya en tiempos de la ministra de Exteriores Arancha González Laya– y a la postre se impuso un criterio pragmático, que facilita la vida tanto a los trabajadores españoles que acuden diariamente a Gibraltar como a los gibraltareños, que podrán desarrollar sus iniciativas en mejores condiciones. Ahora solo falta que esas promesas de nueva colaboración económica y desarrollo compartido se hagan realidad a la mayor brevedad posible. Sería una consecuencia deseable del nuevo marco de relaciones establecido ahora entre los gibraltareños y los ciudadanos españoles que habitan en las poblaciones aledañas.