"This time of the year es muy apetecible", dice Sonia mientras cuenta su receta de salmorejo en un vídeo que se hizo viral hace un par de años. Sonia de la Rosa es una cocinera de Gibraltar habitual de los algoritmos gracias a esa mezcla entre inglés y español con un acento gaditanísimo. El llanito es otra de las rarezas de esa esquina del sur de la península, la única frontera terrestre que el Reino Unido tiene con Europa, una anomalía que data del siglo XVIII y que está a punto de cambiar para siempre. Hasta hace no tanto, si Sonia quería ir a por los tomates de pera para su salmorejo a una frutería de La Línea tenía que tener cierto cuidado. Si había algún conflicto entre Madrid y Londres no sería raro que se pudiera encontrar con unas enormes colas en la frontera para cruzar al lado español. Este miércoles se acabará esa incertidumbre, aunque es cierto que la situación está ahora lejos de los momentos más conflictivos. En las últimas décadas se trataba de choques puntuales provocados por algún ministro de Asuntos Exteriores un poco más puntilloso, pero no hace tanto que la Verja, que es como todo el mundo llama a la frontera más famosa de España, se cerró del todo. La dictadura de Franco echó el cerrojo de un día para otro en 1969 y no fue hasta 1982 cuando la situación empezó a normalizarse. Ahora, más de 300 años después de que el Tratado de Utrecht blindase la condición británica de La Roca, Gibraltar va a acercarse a sus vecinos más que nunca. A las 00:00 del miércoles empezará a aplicarse el tratado firmado entre Reino Unido, España y la Unión Europea para mantener a la colonia dentro del Espacio Schengen. Han sido necesarios años de negociaciones al más alto nivel y una importante implicación de todas las partes para llegar a este punto que, paradójicamente, es un efecto colateral del Brexit. Lorenzo Pérez Periañez sabe bien lo que ocurre cuando todo el mundo no rema a favor en los alrededores del Peñón. "Mi abuela era de Gibraltar, mis primos son de Gibraltar, estamos emparentados", afirma este empresario, propietario de concesionarios de motos, que ha sido portavoz del Grupo Transfronterizo. Esta organización nació hace ya más de diez años después de uno de esos conflictos que derivó en un quebradero de cabeza para linenses y gibraltareños. El Gobierno de la colonia lanzó bloques al mar para impedir el paso a pesqueros españoles y el Ministerio de Exteriores de José Manuel García Margallo elevó los controles en la Verja como represalia. TE PUEDE INTERESAR "Hubo trabajadores que tuvieron que esperar seis y siete horas para entrar y los gibraltareños que querían salir a comer al otro lado dejaron vacías todas las reservas", rememora este linense, que estos días ha hablado con periodistas de todo el mundo. "En Alemania tienen mucho interés porque les recuerda al muro de Berlín", explica Pérez Periañez, que ensalza la labor lograda por el Grupo Transfronterizo, formado hoy por 11 sindicatos y organizaciones empresariales tanto del Peñón como del Campo de Gibraltar. "Fuimos al Parlamento Europeo, nos reunimos con los grupos políticos y enviaron observadores, hubo quien pensó que cuando nos unimos sindicatos y empresarios de uno y otro lado tenía que ser importante", remacha. Han estado numerosas veces en Londres, en Bruselas y en Madrid y ahora llegan con ilusión a lo que consideran "una oportunidad histórica" porque garantiza la libre circulación de personas y mercancías. "Es vital para la economía y también para las relaciones humanas", asegura Pérez Periañez, que da especial importancia al hecho de que el final de la Verja vaya a quedar plasmado en un tratado, que es un marco jurídico "que no se puede derogar tan fácilmente, venga el gobierno que venga". "Si se llegan a aplicar en Gibraltar las condiciones de un territorio ajeno a Schengen, habría sido una catástrofe", reconoce este empresario. Este es el escenario al que quedaban abocados los casi 300.000 habitantes del Campo de Gibraltar y los 34.000 de la colonia británica cuando el Reino Unido salió de la UE. El acuerdo de Nochevieja, firmado en 2020, salvó una bola de partido, pero luego fueron necesarios cinco años más para cerrar el statu quo que echará a andar en la medianoche del miércoles. La frontera física ya casi no existe, aunque Pedro Sánchez estará este lunes en La Línea para asistir al derribo de las últimas estructuras. Es un acto simbólico, como el que se celebrará el martes por la noche en el aeropuerto de Gibraltar, donde a partir de ahora se hará el control de pasaportes (igual que en el puerto) a cargo de policías españoles en calidad de miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad de la UE. Ese ha sido uno de los grandes escollos de unas conversaciones que han visto pasar a cinco primeros ministros por Downing Street, pero solo a un presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; un alcalde en La Línea, Juan Franco; y un ministro principal en Gibraltar, Fabian Picardo. Una de las calles comerciales de Gibraltar. (EFE) "La inestabilidad ha estado siempre allí", dice Franco en alusión al Ejecutivo británico. El responsable, en primera instancia y de forma involuntaria, de esta situación fue David Cameron, que impulsó un referéndum del Brexit del que una mayoría de los habitantes de su país, diez años después, se arrepiente. "En mi primera reunión con [José Manuel] Albares le dije que este acuerdo no lo íbamos a ver ni él ni yo", relata el regidor linense, que lleva 11 años con el bastón de mando y es uno de los alcaldes con más apoyo electoral del país. "Me equivoqué", añade. La semana se presenta compleja para Franco, que viene de un viaje de trabajo a Italia y comenzará el lunes con el acto organizado por el Gobierno. El martes estará en el aeropuerto gibraltareño, que pasará a ser de uso compartido. Después llegará la procesión de la Virgen del Carmen y la feria de la ciudad, que se celebra apenas a unos metros de la frontera que está a punto de desaparecer. El regidor linense cree que los primeros días sin Verja no serán representativos de la nueva realidad, ya que habrá más curiosos de lo habitual. En agosto tiene prevista una reunión entre su equipo municipal y los ministros gibraltareños para "ver cómo funcionan las aristas" del acuerdo y los asuntos que todavía quedan por cerrar. El alcalde de La Línea recuerda que en su localidad la vivienda ha subido "un 20% en el último año" y echa en falta mecanismos de coordinación en materia de medio ambiente. También serán necesarios cambios en las infraestructuras después de décadas modeladas por la frontera. Además, echa en falta "medidas de acompañamiento" por parte del Gobierno de España que garanticen la situación de los pensionistas o el acuerdo para autorizar a los 36 barcos pesqueros linenses para faenar en aguas gibraltareñas, dado que el Peñón no tiene flota pesquera y las especies que viven en su lecho rocoso tienen un importante valor comercial. "Pensaba que en cualquier momento [de la negociación] se podía romper por las grandes cuestiones de fondo, como la presencia de la Policía en el aeropuerto o la imposición [fiscal] directa en Gibraltar", admite el alcalde, que dedica buenas palabras al empeño del Gobierno central, pero también a las "cesiones" que ha hecho la colonia británica. "Tenemos una relación excelente, pero es una cuestión de inteligencia", sentencia el regidor linense. "En mi primera reunión con Albares le dije que este acuerdo no lo íbamos a ver ni él ni yo", cuenta el alcalde de La Línea Al otro lado de Verja también oscilan entre la ilusión y la cautela. "Si no se hubiera alcanzado este acuerdo hubiera sido un desastre para Gibraltar y el Campo de Gibraltar", admite John Isola, presidente de la Cámara de Comercio de Gibraltar, también miembro del Grupo Transfronterizo. El desastre al que se refiere es sobre todo económico dada la importante interrelación que hay entre la comarca gaditana y la colonia británica. "Se complementan una a la otra", añade Isola, que alude a un estudio elaborado por el organismo que dirige y que ha pasado por muchos "Somos vecinos, es lógico que nos entendamos", apunta el empresario gibraltareño, que celebra que el nuevo tratado les permita continuar esta especial relación "sin interferencia política". Y para ello, cree Isola, ha sido clave el Brexit. Sin la salida del Reino Unido de la UE, afirma, "no habríamos llegado a este acuerdo histórico". Hay que recordar que en el referéndum de 2016 la colonia enclavada en la provincia de Cádiz votó abrumadoramente a favor de mantenerse en la UE, con un 83% de los sufragios. A diferencia de Juan Franco, Isola era optimista sobre el resultado final de las negociaciones. "Los políticos habrían actuado de una manera irresponsable y hubieran dañado el bienestar de la población", advierte el empresario británico, que aventura que el desastre habría sido similar al que ocurrió cuando la dictadura cerró la Verja en 1969. Lo habría sido para las familias que viven a caballo entre La Línea y Gibraltar, pero también para los 15.000 trabajadores transfronterizos, españoles que van cada día a su puesto de trabajo en la Roca, y para los gibraltareños que cruzan a España para buscar lo que no tienen en la colonia o que tienen a este lado su segunda vivienda. Isola también tiene sus cautelas, aunque son distintas a las que tienen los linenses. "Los cambios importantes generan nerviosismo", reconoce el presidente de la Cámara de Comercio de Gibraltar, que muestra su preocupación por el efecto que tendrá la creación de un impuesto equivalente al IVA español, que hasta ahora no se aplicaba en la colonia. "Puede afectar a la competitividad de las empresas, sobre todo las que se dedican a la venta de productos y bienes", alerta Isola, que reconoce que este tipo de negocios tendrán que competir ahora con el mismo sector del otro lado de la Verja, aunque con gastos de explotación más elevados. TE PUEDE INTERESAR "En gran medida emplean a trabajadores transfronterizos", recuerda el presidente de la Cámara de Comercio de Gibraltar, que advierte del posible impacto en estos negocios, en su mayoría de pequeño tamaño, que podría redundar en pérdida de empleos. Pero más allá de las precauciones, Isola es optimista por las "nuevas oportunidades" que se asoman a partir de este miércoles. El final de la Verja supondrá, cree, la llegada de nuevos turistas, igual que el aumento de actividad previsto en el aeropuerto una vez pase a ser de uso compartido. "Se va a rebalancear la economía a ambos lados de la frontera", sentencia. Esa predicción del empresario británico encaja con la visión que tiene Manolo Triano del futuro para este rincón tan peculiar. "Gibraltar tiene el capital y nosotros tenemos el terreno que le falta", ilustra el responsable de CCOO en el Campo de Gibraltar, que reconoce que "no hay varitas mágicas para resolver nuestros problemas" y vuelve a la palabra que todos pronuncian: "Es una oportunidad". Lo es, según este sindicalista, porque ya ni Madrid ni Londres podrán utilizar la frontera "como arma arrojadiza con los trabajadores cautivos". "Aquí ha habido momentos históricos en los que la gente no sabía cuándo salir de casa para ir a trabajar a Gibraltar y los llanitos no salían porque no tenían garantías para volver", relata Triano, que admite que en las últimas fechas los controles han sido más laxos a la espera de la medianoche del 15 de julio. "Estamos contentos porque el tratado recoge la igualdad de derechos entre trabajadores residentes y no residentes en Gibraltar", pero también hay asuntos que no convencen del todo y que son propios de la legislación gibraltareña. Sí están satisfechos con la equiparación en materia de pensiones para las personas que han pasado gran parte de su vida laboral al otro lado de la Verja. Pero echan en falta mayor claridad en los asuntos relacionados con el medio ambiente, uno de los puntos de choque que deberán resolverse en futuros acuerdos.
El final de la Verja: el regalo que el 'Brexit' dio a Gibraltar y La Línea 300 años después de Utrecht
Autoridades, empresarios, sindicatos y trabajadores de un lado y otro celebran una "oportunidad histórica", aunque mantienen la cautela: "Ya nadie podrá usar la frontera como arma arrojadiza"













