Después 117 años, la verja que dividía el Campo de Gibraltar y que obligaba cada día a miles de trabajadores a someterse al control del pasaporte ha desaparecido de forma definitiva. La vuelta a la línea fronteriza prácticamente libre, tal como lo fue hasta el 17 de febrero de 1909, pone fin a la última frontera física de la Europa continental. Y proporciona un entorno de estabilidad y seguridad a un territorio envuelto en un prolongado conflicto de soberanía, incluido el cierre total de la frontera durante 13 años que impuso la dictadura franquista. En un mundo en el que se multiplican los muros y las vallas, la caída de la barrera en el Peñón es un éxito poco común y un avance para la región.Una década después de que los británicos votaran a favor del Brexit, comienza una nueva etapa entre ambos socios, la Unión Europea y el Reino Unido. Gibraltar era el último fleco en la recomposición de relaciones entre Bruselas y Londres, que habían logrado resolver antes incluso el complicado escollo de Irlanda del Norte. La nueva realidad incluye aspectos no tan vistosos como la demolición de la Verja, o la nueva tasa del 15% que ya ha empezado a operar sobre las importaciones para reducir la brecha con España en lo que respecta al IVA.El acuerdo aportará confianza y seguridad jurídica a los más de 15.000 trabajadores que cada día cruzan la frontera, el 70% de ellos españoles, aunque deja sin resolver cuestiones como las bajas pensiones de los trabajadores españoles transfronterizos, o las normas medioambientales, más laxas en Gibraltar que en el territorio de la UE.Pero estos flecos se podrán abordar ahora sin la “herida abierta” que para la zona representaba la frontera terrestre, especialmente desde que el Reino Unido abandonó la UE el 31 de enero de 2020. La caída de esta última frontera no garantiza por sí sola la prosperidad compartida que esgrimen las autoridades en una comarca de 300.000 habitantes golpeada por el desempleo estructural y la penetración del narcotráfico, pero abre una oportunidad inédita para la región.No ha sido sencillo encajar la integración del Campo de Gibraltar con la salvaguarda del Tratado de Schengen, el mercado único y la unión aduanera. En España se ha echado en falta un debate parlamentario sereno sobre los pormenores de las más de mil páginas y decenas de anexos que componen el texto del acuerdo, si bien la desaparición de la frontera es una muestra de la eficacia de la diplomacia española a la hora de tejer consensos, integrar los intereses nacionales con los europeos y proyectar la influencia en los marcos multilaterales. Es una política que ha dado frutos en el deshielo con México o en la reciente cumbre de la OTAN en Ankara. Y también con la negociación con Gibraltar y un resultado beneficioso para todos: españoles, gibraltareños, británicos y para toda la UE.