Hay otra forma de apagar los fuegos. Lo llevan clamando los hombres y mujeres del campo desde hace a�os sin ser escuchados. No con grandes inversiones. No con aumento de portentosos hidroaviones. No con aumento de plantillas de bomberos forestales. No, en definitiva, con medidas a posteriori a que las llamas prendan sin remedio y ya no haya piedad, como desgraciadamente ocurri� en Los Gallardos (Almer�a). Se trata de la vuelta a las costumbres tradicionales del pastoreo. Y no es una quimera.Hay un ejemplo palpable y se puede comprobar en Santiago-Pontones, la principal reserva natural de la comarca de la Sierra de Segura (Ja�n), una comarca que abarca 684 km� de extensi�n, de las m�s grandes de Andaluc�a y con poblaci�n m�s diseminada: sus 4.172 habitantes ocupan m�s de 100 n�cleos habitados. Es decir, la zona contiene factores id�nticos a los lugares donde se est�n produciendo en los �ltimos a�os los grandes incendios forestales en Espa�a. Tremenda despoblaci�n y un relieve natural del paraje muy abrupto y angosto, con los altiplanos m�s altos del pa�s, en una superficie amplia, que abarca cerca de 70.000 hect�reas. Sin embargo, los lugare�os no recuerdan un solo incendio grave.�Milagro? No. Vuelta a las ra�ces y, sobre todo, concienciaci�n de la administraci�n, en este caso la Junta de Andaluc�a, que, de la mano de los propios ganaderos, puso en marcha en 2019 un programa piloto que converge la labor de pastoreo en extensivo sin cortapisas administrativas que les permite gestionar a ellos mismos el monte p�blico. La administraci�n regional les cedi� los terrenos, lo que provoc� el acceso a las ayudas europeas, la rentabilidad de la producci�n y el aumento de la caba�a ganadera y los reba�os.70.000 ovejas y 170 ganaderosUna cadena imparable que desemboca en la formaci�n de un gran ej�rcito uniformado de blanco, 70.000 ovejas que, a su paso, de la mano de 170 ganaderos, regeneran la vegetaci�n, aportan materia org�nica al suelo y limpian los bosques. El resultado conlleva adem�s otros triunfos que traen de cabeza a la Espa�a rural y al mundo agrario en general: 80 j�venes se han incorporado al campo gracias al programa, explotaciones rentables y fijaci�n de la poblaci�n. La receta funciona y, de paso, se desbrozan los montes a diario.�Es el pastoreo de toda la vida, que se estaba perdiendo sin remedio�, apunta Antonio Punzano (52 a�os), l�der agrario de la iniciativa. �El escudo? La raza segure�a, una especie aut�ctona de la zona, con un alto nivel de adaptaci�n (con menos lana y una estatura menor a la tradicional), especialmente adaptada a los espacios m�s abruptos y elevados en una zona que tiene la mayor caba�a ovina de toda la provincia de Ja�n. Pero pod�a ser otra raza. O cabras. O vacas.En 2011, la ganader�a extensiva en la Sierra de Segura ca�a en picado. El n�mero de cabezas de ganado hab�a descendido en esta zona hasta unas 35.000. Un desastre. A los j�venes ni se les pasaba por la cabeza continuar con el oficio debido al poco atractivo del trabajo, la falta de rentabilidad, la excesiva burocracia o las prohibiciones constantes para la gesti�n del ganado. Los que se iban, y se fueron muchos, no regresaban. En Espa�a, el balance era similar: 1.219 explotaciones perdidas cada temporada y 432.431 ovinos menos.TIERRAS COMUNESLlegados a esta situaci�n, los ganaderos de la Sierra de Segura se �arremangaron�. Se agruparon en una Sociedad Agraria de Transformaci�n (SAT), una f�rmula que les permiti� administrar de manera conjunta los terrenos de pastoreo y repartirse el acceso a los montes p�blicos que les concedi� la Consejer�a de Sostenibilidad y Medio Ambiente en 2019 despu�s de mucho esfuerzo. �Llegaron a entender la realidad de la ganader�a extensiva, que se mor�a�, recuerda Antonio.Se facilit� el acceso a las ayudas, sobre todo de la Uni�n Europea (la PAC). La viabilidad de las explotaciones se empez� a garantizar. Y los j�venes ya miraron con otros ojos el oficio de pastor, muy sacrificado con sus d�as y sus noches, donde no hay vacaciones ni fiestas. Regresaron los hijos de los pastores, algunos con estudios universitarios. Otros se animaron. �Pasamos en poco tiempo de 15.000 a 20.000 hect�reas, repartidas para todos de la misma manera, y fuimos creciendo, y a la vez fue aumentado el n�mero de ovejas y empezaron a pastorear cada vez m�s terreno...�.M�s de 170 profesionales, 80 de ellos j�venes, demuestran que hay una barrera muy efectiva contra los incendios: la ganader�a.Luc�a RivasAraba Press�Por gestionar 200 hect�reas de media pod�as recibir 18.000 euros de fondos europeos, y si pod�as juntar otras ya podr�an ser hasta 30.000�. Sonaba bien. Primero 12 j�venes. Al a�o siguiente otros 14. As� hasta los 80 actuales, que se unen a los ganaderos actuales y conforman, con las ovejas, la mejor brigada contra el fuego: �Con el pastoreo eliminamos la materia org�nica, limpiamos y despejamos las hierbas y matorrales, mantenemos el ecosistema�. El caso contrario es por todos conocido: �En cuanto se prenda una llama todo se convierte en un polvor�n, y m�s si ha llovido tanto como este invierno, a lo que se suma la primavera tan seca�. Por eso, a�ade, �son imprescindibles nuestras ovejas, que se convierten en los verdaderos gestores del monte�.Ni atisbo de una llama: �Hab�a que demostrarles que el modelo funcionaba y lo hicimos�. No de la noche a la ma�ana, pero se hizo. Y la Junta los reconoci�. El experto forestal Paco Casta�ares, ex director general de Medio Ambiente en Extremadura, apuesta por el regreso a esta labor tradicional �que durante miles de a�os ha contribuido a modelar, controlar y aprovechar el crecimiento de la vegetaci�n y a mantener buena parte de nuestro ecosistema m�s resiliente a los incendios�.Con 900 ovejas y 70 vacas de su propiedad, Alicia Fern�ndez es uno de los �ltimos ejemplos de incorporaci�n a este programa. Licenciada en ADE en Murcia, con Erasmus en Oporto y hasta haciendo de au pair en Birmingham para aprender ingl�s, lleg� a trabajar haciendo sustituciones en una entidad financiera, pero decidi� dar un cambio radical a su vida y desde hace seis a�os ha apostado por la actividad profesional agraria, siguiendo la tradici�n familiar. �Me encantaba, de peque�a, acompa�ar a mi padre al campo�, dice. Se instal� en La Matea, una aldea de menos de 500 habitantes, y comprob� �que la explotaci�n pod�a ser viable�. No se arrepiente y se muestra orgullosa, como sus compa�eros, de �no recordar tener que combatir un incendio� y pertenecer a un oasis limpio de combustible y matorral seco.LA TRASHUMANCIALa labor de limpieza del ecosistema no s�lo se ci�e a esta comarca. Cada invierno, por el duro clima de la sierra, cuando los pastos no son aprovechables, los pastores practican la trashumancia y emprenden a pie con sus reba�os el camino hacia los pastaderos de la Sierra de And�jar. Son unos 300 kil�metros en un recorrido que dura casi dos semanas para establecerse, durante seis meses, en Sierra Morena, en zonas m�s c�lidas. La estampa se repite a�o tras a�o, mientras todo el recorrido queda tambi�n perfectamente peinado.A los seis meses, ya en mayo, se emprende el camino contrario. �Hace a�os pag�bamos por pastorear por las numerosas fincas privadas por las que pas�bamos un canon elevado, entre 20 y 35 por oveja, pero ha llegado un momento que casi la totalidad del recorrido se produce por montes p�blicos de la Junta de Andaluc�a y eso nos hace abaratar el coste�, destaca Antonio, tan ambicioso en este proyecto que ahora quiere extenderlo y llegar a un acuerdo con el Gobierno central para poder disponer de otra zona, entre Ba�os de la Encina y And�jar, donde se sumar�an 11.000 hect�reas de titularidad estatal.EL MEJOR APAFUEGOSRecuerda el experto Paco Casta�ares que la mejor f�rmula contra los incendios es �combinar el pastoreo con actividades agr�colas que impliquen el laboreo de la tierra y la siembra de cereal, actividades forestales como desbroces del matorral y quemas prescritas�. �Adem�s de las ovejas, se pueden usar las vacas, muy �tiles en zonas abiertas y adehesadas. En las zonas de monte cerrado las cabras son muy eficaces, junto con los grandes ungulados silvestres (ciervo, gamo, mufl�n, jabal�es...)�.De esta manera, �regresar�amos a lo que ha funcionado cuando los campos estaban habitados y vividos, antes del gran �xodo rural que ha dejado los pueblos vac�os y los terrenos sin cuidar�. A ello le unir�a �el uso de fuego t�cnico de baja intensidad�, que describe como �una de las herramientas m�s eficaces para reducir combustible y evitar los grandes incendios�. �Hay consenso en toda la comunidad internacional de incendios en la aplicaci�n de estas medidas. Si se usan todas, mejores ser�n los resultados�, pronostica.Es pleno verano. Las ovejas segure�as descansan y pastan en Santiago-Pontones. No tienen prisa. Pasados unos meses emprender�n el camino. Comenzar�n a escucharse los cencerros dirigidos por m�s de un centenar de pastores a pie. A�n no ha amanecido, pero cientos de ovejas conforman ya una extensa l�nea cual ej�rcito organizado mientras el camino se vuelve a llenar de polvo en su lento caminar. No hay matojos. No hay combustible. No hay hierbajos. No hay matorral. Es su mejor alimentaci�n. As� de f�cil. La vuelta a las ra�ces con un resultado inmejorable: cero incendios all� por donde pasan.