Vinieron niños a cenar a casa y hablando de piscinas, se volvieron locos imaginando toboganes. Toboganes que pasaran por encima del tejado, que salieran directamente de la cama, que dieran la vuelta a todo el pueblo, hasta el punto de que las piscinas acabaron siendo lo menos importante. Yo les dije que si me hacían un buen dibujo, se lo enseñaba al arquitecto técnico.Cuando éramos pequeños íbamos a las piscinas de Seva, que tenían unos toboganes increíbles. Si no habéis oído hablar de ellos, quizá no estabais atentos, porque era una estructura de curvas legendaria, inmensa, divertidísima e inacabable como el verano mismo, al menos desde la perspectiva de una criatura. Una salvajada literal en que la creatividad a la hora de tirarse o los atascos a la mitad eran la guinda del pastel. Anna Zielinska / GettyUn socorrista veterano me explicaba hace unos días que hasta que no quitaron los toboganes de la piscina donde él había trabajado, tenía que ir semanalmente al hospital. Aunque la gente no se hacía daño bajando, me decía, sino en las escaleras.En un túnel, la experiencia transformadora se da de la Garrotxa a OsonaCarsten Höller es un artista que a menudo construye instalaciones imponentes de toboganes. Toboganes de adulto, toboganes intelectuales que subvierten el espacio del museo o la galería, y abocan al visitante a la pérdida de control y la locura e ingravidez momentáneas. Yo me he tirado por sus toboganes en la Tate, en Luma Arles y en Hayward Gallery el verano del 2015 en Londres.Pero, hablando de toboganes adultos, ¿quién no recuerda el tobogán del PP en Estepona? La consejera acelerada cayendo por un desplome de acero de casi 34 grados de inclinación, toda ella como un tiro que sale por la culata.Si llevas las ventanas del coche bajadas, en verano, entrar en un túnel es casi como deslizarse por un tobogán. El aire es fresco y huele a humedad. En vez de arriba abajo, la experiencia transformadora y la descarga de endorfinas y dopamina tiene lugar del Ripollès a la Garrotxa, o de la Garrotxa a Osona. Como un truco de magia, aparecer y desaparecer, sin saber qué luz, qué paisaje, qué fenómenos atmosféricos encontrarás a la salida. Engulle una bocanada de oxígeno. Tres, dos, uno, y entramos. Dentro de un túnel se tiene que contener la respiración. Muy bien. Así. Tú puedes. Cuando lleguemos al otro lado, podrás volver a tomar aire.