Este tipo de salas son un espacio cuidado donde los menores pueden desplegar con sentido lo corporal, lo emocional y lo relacional siempre que alguien les acompañe y escuche

Módulos gigantes de colores apilados formando casas, montañas y rampas; espalderas, telas colgadas de una viga, espadas de gomaespuma, un cajón lleno de pañuelos gigantes de tela… Apenas se ve el suelo. Desde fuera, junto a la puerta donde esperan los zapatos, el aula resulta irresistible para criaturas desde el primer año de vida. Habrá quien la vea ...

como eso, como un lugar puramente lúdico; sin embargo, su composición está pensada para cumplir una función educativa y, en algunos casos, también preventiva y terapéutica. Se trata de un aula de psicomotricidad.

Y aunque, como recuerdan las directoras de la escuela infantil Garabatos, Ana Cristina Jara y Elena Romero Díaz, “en el currículo de las escuelas está la psicomotricidad como vehículo de identidad y autonomía”, poco tiene que ver este espacio con el que suele encontrarse en muchos colegios, donde niños y niñas entran con zapatos y practican una suerte de pregimnasia. También cambia la lógica de lo que ocurre dentro: aquí no hay una secuencia de consignas del tipo “ahora toca botar el balón” o “ahora toca saltar el aro”, sino otro tipo de acompañamiento.