Un grupo de niños y niñas de entre cinco y seis años atraviesa un surco en la tierra que serpentea cuesta arriba. Hacen puzles con los pétalos, reconocen las aves por su trino y reconfiguran los roles y capacidades que muestran en el aula: “El que en clase muestra timidez, aquí se siente capaz de ser líder”, relata María Jené, la maestra que los acompaña. Están en el parque de los Alcornoques, en Tres Cantos, un municipio al norte de Madrid, en la salida semanal desde el CEIP Antonio Osuna. Antes se calzaron las botas de agua y dejaron los restos del almuerzo en la compostera. Las dos etapas de educación infantil que acoge el centro público ponen en práctica la pedagogía de bosquescuela.
Las maestras Amanda Campillejo y María Jené, apoyadas por su directora, Rocío Gil, son el alma del proyecto. “Los contenidos educativos pueden aprenderse al aire libre, la naturaleza es un aula en sí misma”, resume la directora, al tiempo que señala las dificultades de escalarlo. “El hándicap, de momento, es trasladar con la misma facilidad estas dinámicas al resto de etapas educativas”. Lo ve como “un trabajo a largo plazo para que ganen seguridad”. “Se tienen que reorganizar los horarios y los recursos humanos, pero con eso resuelto se puede cumplir con los objetivos y materias del currículo, adaptarlo a tu grupo y circunstancia”, asegura.






