Los alumnos del colegio Navas de Tolosa en San Cristóbal de Los Ángeles, perteneciente al distrito de Villaverde —en el extremo sur de Madrid—, despiden este viernes un curso diferente, un año académico en el que no han sufrido las cada vez más intensas y frecuentes olas de calor. Los días en los que el termómetro se ha disparado han salido al recreo con bañador y crema solar dispuestos a disfrutar de los juegos de agua recientemente instalados en el centro educativo, que ya la pasada primavera derribó el muro de hormigón de cinco metros que rodeaba las aulas para integrar el patio en el entorno natural que lo rodea, el parque de la Dehesa Boyal, repleto de praderas, arbustos, pinos y ardillas.

El gran bloque de cemento se ha sustituido por una valla permeable baja, casi transparente, para meter el bosque en el colegio, todo por un mismo objetivo: “Crear un oasis climático en los meses más calurosos”. Así lo explica Manuel Alméstar, el coordinador del proyecto, que trabaja en el Centro de Innovación en Tecnologías para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid.

Su entidad ha conseguido que el colegio Navas de Tolosa, el Sagunto y el Antonio de Nebrija, todos ubicados en Villaverde, uno de los distritos con más alto índice de vulnerabilidad social, climática y económica, formen parte de un proyecto piloto de la Unión Europea para la renaturalización de patios escolares con un presupuesto de medio millón euros, que han conseguido ampliar con ayudas públicas. Madrid, Lovaina (Bélgica) y Cracovia (Polonia) son los escenarios del programa de adaptación urbana al cambio climático People-Driven: Adapting Cities for Tomorrow (LIFE PACT).