La sencillez más radical es la clave para preparar unos moluscos al estilo de Chez Madie Les Gallinetes, en Marsella. La alegría la ponen el limón y la mostaza, y la suavidad, la crema

“No tengo tiempo para cocinar” es una frase que todos hemos oído (o dicho) más de una vez. No seré yo quien le suelte a nadie una regañina por no dedicar sus pocas horas libres a los guisos, siendo muy consciente de la carga de trabajo que llevan encima muchas personas en este bonito sistema que nos exprime como naranjas. Solo vengo a decir que existen platos que puedes tener listos en un pispás, que te pueden proporcionar un gran placer y que están especialmente indicados para gentes con urgencias.

Los mejillones al tomillo son un buen ejemplo de ello. Con solo tres ingredientes además del molusco y la hierba –vino blanco, mostaza y crema fresca– y una preparación de unos 20 minutos (o menos si los mejillones están limpios), esta maravilla claramente afrancesada es comida rápida de la buena, y no hay que tocar ni un cuchillo para llevarla a cabo.

La receta parte de las palourdes au thym del restaurante Chez Madie Les Gallinetes, de Marsella, que encontré en el libro Marseille, un jour sans faim!, de Zerah Ezéquiel. He cambiado las almejas por los más económicos mejillones, y modificado algunas cantidades para adaptarlas a este molusco. Advertencia: la salsa es para comerte una baguette entera, y si sobra, puedes usarla para una sopa o un arroz.