Las cepas rastreras y centenarias de Taganana, que se precipitan hacia el mar en pequeñas terrazas en el extremo nororiental de Tenerife, es una de las imágenes más extremas y salvajes del viñedo canario. Hacia el oeste, en el valle de la Orotava, el aprovechamiento del suelo era máximo. Las cepas se conducían con una poda muy larga que permitía ir trenzando los sarmientos y crear brazos larguísimos de hasta 15 metros, sujetados con horquetas para hacerlos móviles y poder aprovechar el terreno libre de raíces para la plantación de papas. Aunque hoy ese cultivo mixto de subsistencia es residual, el cordón trenzado es un patrimonio vitícola tan valioso como la poda en forma de corona de Santorini (Grecia) o los profundos hoyos que protegen a las plantas del viento en Lanzarote.A 100 kilómetros del desierto del Sáhara, la viticultura en Canarias no sería posible sin las corrientes frías del Atlántico y el efecto de los alisios, vientos húmedos del norte y noroeste que refrescan y suavizan la temperatura en la zona norte de la isla. El sur, en cambio, es mucho más seco y árido, y los viñedos han de buscar el efecto refrescante de la altitud.La viña se cultiva desde poco más del nivel del mar hasta los 1.687 metros de altitud que alcanza el viñedo Los Frontones, de la bodega Piedra Fluida en el municipio de Granadilla de Abona, en la vertiente sur del Teide. Es el más alto de España, y de Europa. Estas enormes diferencias climáticas y de altitud convierten a Tenerife en una suerte de continente en miniatura. Los suelos de origen volcánico ponen la guinda a estos paisajes llenos de contrastes.Los vinos tienen una gran personalidad. Las sensaciones son más especiadas y reductivas (pedernal, fósforo) que frutales, abundan los toques salinos y los paladares frescos y jugosos. La ausencia de filoxera —aunque el año pasado unos brotes detectados en cepas abandonadas hicieron saltar las alarmas— ha permitido conservar variedades de uva que desaparecieron del continente cuando la plaga arrasó los viñedos europeos entre finales del siglo XIX y principios del XX.Muchos siglos antes de que Tenerife se convirtiera en un gran destino turístico, el vino fue el gran motor económico de la isla. Primero gracias a las exportaciones masivas a Inglaterra del canary sack, un blanco de malvasía que triunfó en los siglos XVI y XVII y, posteriormente, de los vidueños, vinos de mezcla de variedades. En las últimas décadas, productores con una buena distribución en la península y en los mercados internacionales como Suertes del Marqués o Envínate han protagonizado el renacimiento de los vinos canarios. Como recordó la master sommelier asentada en Nueva York Pascaline Lepeltier, en un encuentro sobre vinos de islas celebrado en Tenerife, Canarias ha sido el gran embajador de la “nueva España vinícola” en Estados Unidos y el paradigma del cambio de tendencia desde los vinos potentes hacia elaboraciones que expresan carácter sin recurrir a la concentración ni a los sabores de la madera.Cualquiera que visite la isla este verano puede acompañar sus exploraciones paisajísticas con vinos locales. Tenerife cuenta con cinco denominaciones de origen. En el sentido de las agujas del reloj y empezando por el extremo nororiental: Tacoronte-Acentejo (la más grande), Valle de Güímar, Abona, Ycoden-Daute-Isora y Valle de la Orotava. A estas se sumó en 2011 la Denominación de Origen Protegida Islas Canarias, abierta a los viñedos de todo el archipiélago y utilizada por varios productores de Tenerife, especialmente los que elaboran en distintas regiones de la isla.Las variedades de uva más importantes son la listán blanco (la palomino de la Península, pero con un carácter totalmente diferente) y la listán negro, pero gran parte de la diversión está en probar algunas de las decenas de variedades que se han conservado en las islas, como las blancas albillo criollo, marmajuelo, malvasía aromática o vijariego blanco, o las tintas listán prieto (conocidas como la criolla en Argentina y país en Chile), baboso negro, negramoll o vijariego negro.La Casa del Vino en El Sauzal es un buen lugar de partida para empezar a descubrir la diversidad de los vinos de la isla de Tenerife, la impronta del volcán y un pasado de resonancias épicas no exento de retos. Entre ellos, la presión turística, la falta de relevo generacional en unos viñedos que requieren grandes dosis de trabajo manual y el impacto de fenómenos extremos como la sequía o los incendios que han condicionado algunas de las últimas cosechas. Tres propuestas de tintos volcánicosListán negroCráter El Joven 2024Esta etiqueta ofrece un acercamiento puro y directo a la listán negro, la variedad tinta más cultivada de Tenerife. Situada en El Sauzal, en el norte de la isla, Bodegas Cráter envejece sus vinos premium en barrica, siguiendo un concepto bastante clásico, pero la mayor expresividad local (lo que en inglés se denomina sense of place) se encuentra en esta elaboración más sencilla con apenas tres meses de crianza con lías en acero inoxidable. Es un vino limpio, ágil, especiado y con agradable carácter silvestre.·DO: Tacoronte-Acentejo·Tipo: listán negro, 13%·Precio: 13 eurosMezcla de variedadesEl Adelantado 2024Loreto Pancorbo, enóloga de origen riojano, y Gabriel Morales, canario al frente de una empresa de servicios vitivinícolas, han formado una familia en Tenerife y, casi simultáneamente, una bodega que se surte de viñas propias y arrendadas. Este tinto es un buen ejemplo de sus elaboraciones artesanas: fermentan con racimo entero, pisan la uva con los pies y crían en recipientes de roble de gran formato y hormigón. Es fresco y equilibrado, con notas de pimienta negra y fósforo que le dan gran personalidad.·DO: Tacoronte-Acentejo·Tipo: listán negro, negramoll y castellana negra, 13%·Precio: 23 eurosVino de parcela Viñátigo Laderas de Teno 2022La familia Méndez fue pionera en recuperar variedades canarias minoritarias. Las elabora por separado y también en ensamblajes, como ocurre en este tinto que forma parte de su colección de parcelas singulares. El viñedo se encuentra a 650 metros de altitud, en un valle del noroeste de la isla que se abre al mar y a los vientos alisios favoreciendo una maduración lenta de la uva. Es expresivo y complejo, con buen peso de fruta, notas herbales y consistencia en boca, aunque se bebe con gran facilidad.·DO: Islas Canarias·Tipo: tintilla, baboso negro, vijariego negro y bastardo negro, 13%·Precio: 30 euros
Tres vinos volcánicos de Tenerife, el paraíso de las uvas que fascina al mundo
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