Esta semana se cierra con el desahucio de una familia (gitana) y sus tres hijos, el más pequeño con síndrome de Down. “¡No tenéis conciencia ni corazón!” gritó el padre a los ocho agentes de policía que hacían un cordón policial para tratar de contener a vecinas, vecinos y activistas que querían frenar el desahucio. Y es cierto, quienes solicitan, autorizan y ejecutan estos desahucios no tienen corazón ni conciencia, e incluso yo daría un paso más, diría que no tienen alma y, por tanto, que son unos desalmados.
Si tuvieran corazón, conciencia y alma deberían negarse a formar parte de estas comitivas y declararse objetores de conciencia como hacen esos sanitarios que dicen defender la vida cuando se niegan a interrumpir un embarazo contraviniendo las leyes vigentes y legítimamente aprobadas. Para cuándo la objeción de conciencia en las comitivas de desahucios cuando las vidas de personas altamente vulnerables, con Dulce y Herminia y sus hijos, están siendo expulsadas de sus hogares como si fueran enseres viejos que estorban. También son vidas que salvar. También se merecen profesionales con conciencia que se nieguen a participar en esta banalidad de la deshumanización…









