Un equipo por encima de todo. La receta del éxito de la España de De la Fuente está clara. Nadie está por encima del colectivo. Todos trabajan por el bien común. El seleccionador ha sabido convencer a sus futbolistas de cuál era el mejor camino hacia la cima. Todos reman en la misma dirección y, de momento, han llegado hasta toda una final del Mundial. Pero este gran juego colectivo se alimenta de pequeños detalles, de conexiones entre los individuos de las que después se nutre el equipo. Aunque en las filas españolas resulta casi imposible destacar a alguien por encima del resto, sí que se pueden distinguir algunas parejas de futbolistas que han dado solidez, brillantez y fiabilidad a la selección. Una química que ha sabido identificar perfectamente Luis de la Fuente y que potencia en sus planteamientos.Cubarsí y LaporteUna casa se comienza a construir por los cimientos y ahí, en la base de todo, están incrustados Cubarsí y Laporte, cuya fiabilidad no encuentra igual en todo el Mundial. Aunque ahora se da por sentada, la titularidad del catalán no era tan evidente antes del torneo, por mucho que llegara avalado por su gran temporada en Barcelona. Pero De la Fuente optó por otorgarle la confianza junto a Laporte, este sí pieza indiscutible, y ha topado con una pareja extraordinaria. “Son dos jugadores muy inteligentes tácticamente, se compenetran y se comunican muy bien. Especialmente Cubarsí me parece un jugador ideal para defender con metros a su espalda por su rigurosidad e inteligencia”, comienza Albert Sánchez, que entrenó al gerundense en el Barça Atlètic, y actualmente es técnico del Dunkerke, de la segunda francesa. “Con Laporte me recuerda a la pareja que formaba con Íñigo Martínez, un zurdo cerrado, más veterano, y que comunicaba mucho”, conviene.Albert Sánchez“Cubarsí con Laporte me recuerda a la pareja con Íñigo Martínez, se comunican muy bien”La pareja de centrales sólo es la punta del iceberg de la mejor defensa del Mundial. Un mérito colectivo, sin duda, pero a nadie se le escapa que el trabajo de posicionamiento y anticipación de los dos centrales está siendo formidable. No sólo eso, con la pelota en los pies transmiten la misma seguridad que sin ella, como confirman los números. Cubarsí (2.º) y Laporte (3.º) están entre los que más pases dan y menos se equivocan de todo el torneo. “Tanto Laporte como Cubarsí tienen muy buen pie, son una pareja espectacular”, espeta Sánchez.Pedro Porro y Lamine YamalLa afinidad entre el lateral de Don Benito y el mago de Rocafonda puede resultar de lo más sorprendente pero es indudable que ha abonado el camino de la selección española hasta el final. De hecho, Porro ya vuela solo y se ha convertido en un pilar defensivo y ofensivo, un crecimiento que alcanzó su cenit ante Francia, cuando recibió el MVP. De aquí nacen los elogios de De la Fuente hacia Lamine, a pesar de que para los ojos del gran público no brille, por su enorme esfuerzo grupal que se traduce en el éxito de España. “Porro es muy inteligente pero también muy humilde, y sabe que Lamine es el bueno, que cuando todo el mundo espera que lo resuelva él tiene su espacio para sorprender. De ahí nace la conexión entre ambos, del hambre que tienen”, descubre Quique Cárcel, director deportivo del Girona, que vio crecer al extremeño en Montilivi.Quique Cárcel: “Porro sabe que Lamine es el bueno y están pendientes de él, así puede sorprender”Aunque Lamine Yamal no haya acaparado los focos mediáticos, no se le ve para nada incómodo en el césped. Más bien, al contrario, intenta disfrutar cuando tiene el balón y trabaja como el que más sin él. Cárcel considera que Porro es en parte culpable porque es capaz de generar un ecosistema similar al que tiene en Barcelona. “Con Porro pasa algo parecido que con Koundé, siendo el primero mejor finalizador. Pero Koundé sabe que tiene que atraer un poco a los defensas rompiendo líneas con sus carreras y así le concede a Lamine, que juega a pierna cambiada, dos opciones, la del pase en profundidad o la de salir por dentro para finalizar”, expone.Dani Olmo y OyarzabalPara encontrar la tercera conexión hay que viajar a la zona de tres cuartos. Ahí se mueven dos futbolistas cuya inteligencia táctica está propulsando el ataque de la selección. Ellos son Dani Olmo, teórico mediapunta, y Mikel Oyarzabal, que parte como nueve. Ambos entienden perfectamente el sentido del juego colectivo que aplica De la Fuente y son capaces de ocupar los espacios como nadie. Es habitual verles permutar de posición cuando el juego así lo aconseja, movimientos que siempre generan inquietud en la defensa rival.Nenad Bjelica“Olmo y Oyarzábal se compenetran muy bien, saben cuándo tiene que subir uno y cuándo bajar el otro”Su facilidad para entenderse sobre el verde parte de su inteligencia táctica y de sus virtudes futbolísticas. “Los dos tienen esa calidad para jugar de diez, donde normalmente juega Dani, pero también pueden jugar como delanteros. De hecho, yo ya le utilizaba de nueve en algunos tramos de partidos”, recuerda el técnico croata Nenad Bjelica, que dirigió a Dani Olmo en el Dinamo de Zagreb. “Olmo y Oyarzabal son dos jugadores muy inteligentes, que se compensan muy bien entre ellos. Saben exactamente cuándo uno baja y cuándo tiene que subir el otro. Lo importante es que siempre está uno dentro del área”, confirma.Ahora consolidado como el indiscutible goleador de la roja, sumados ya cinco tantos en este Mundial, igualada la mejor cifra goleadora de un futbolista español en el torneo (Butragueño en 1986 y Villa en 2010), Oyarzabal ha campado por todas las posiciones del ataque durante su carrera y eso le concede una riqueza táctica descomunal. “Oyarzabal no ha jugado siempre como nueve, ha jugado mucho entre líneas y en la banda, es bueno en cualquier posición. Y Olmo sabe atacar muy bien la profundidad desde la posición de 10, sorprendiendo, aprovechando los momentos en los que el delantero cambia de posición. Ambos forman una gran pareja”, concluye Bjelica.Lee tambiénNací en Barcelona en 1975 y he desarrollado toda mi carrera en el ámbito deportivo. Aprendí en Mundo Deportivo, me asenté en La Razón, el ABC me devolvió al periodismo y La Vanguardia, donde trabajo desde 2015, me dio la oportunidad de crecer.