España llega a la final del Mundial 2026 —su segunda en la historia, dieciséis años después de Sudáfrica— tras un recorrido que es, ante todo, una historia de reconstrucción progresiva. El torneo no empezó bien: el debut ante Cabo Verde terminó en un 0-0 que encendió las alarmas, un tropiezo que los propios cronistas españoles no dejaron de comparar con el mal arranque de 2010, cuando la Roja cayó 1-0 ante Suiza y terminó levantando la Copa. El paralelismo se volvió un leitmotiv: primer resultado adverso, corrección inmediata, ascenso sostenido. A partir de ahí, De la Fuente reconstruyó el equipo partido a partido. Goleada 4-0 a Arabia Saudí, victoria 1-0 ante Uruguay para cerrar la fase de grupos con el primer puesto pese al traspié inicial. En los dieciseisavos, un contundente 3-0 a Austria mostró una versión más vertical; en octavos, una ajustada pero sólida victoria 1-0 sobre Portugal confirmó que la solidez defensiva sería la columna vertebral del proyecto. En cuartos llegó la prueba de fuego ante Bélgica: España se adelantó con gol de Fabián Ruiz, sufrió el empate de De Ketelaere y necesitó un error del arquero belga, capitalizado por Mikel Merino en el minuto 88, para sellar el 2-1 y el pase a semifinales. La consagración de ese proceso de reconstrucción llegó en la impresionante semifinakl: España “goleó” 2-0 a una Francia que había ganado sus seis partidos previos con autorida. Decimos goleó porque la diferencia entre uno y otro equipo fue realmente abismal. Francia, ante la Roja, ofreció “la versión más gris” de su historia reciente, según concluyeron tanto los medios españoles como los internacionales. Oyarzabal abrió el marcador de penal a los 22 minutos y Pedro Porro amplió la ventaja a los 58, tras una nueva pared de Dani Olmo. Francia, con Mbappé desdibujado, no logró un solo remate al arco de Unai Simón en todo el partido. Fue la tercera victoria consecutiva de España ante los franceses, tras las semifinales de la Eurocopa 2024 y la Liga de Naciones. El propio Rodri, capitán, se quejó después de la permisividad arbitral con las faltas sufridas por Lamine Yamal, a quien definió como decisivo “sobre todo sin balón”. Reconstrucción. Lo notable es que ese triunfo no fue un golpe de suerte aislado, sino la culminación de un equipo que se fue armando sobre la marcha: España no recibió más que un gol en todo el campeonato —el de Bélgica en cuartos— y Unai Simón acumula una racha de 609 minutos sin encajar en Copas del Mundo, iniciada en Qatar 2022. La defensa, con Cubarsí, Laporte y Cucurella, y un mediocampo ordenado por Rodri y Fabián Ruiz, sostuvieron una base que permitió que las individualidades ofensivas maduraran con el correr de las fechas. Entre los futbolistas descollantes, Mikel Oyarzabal se transformó en la gran referencia goleadora: sus cinco tantos igualan el máximo histórico de un español en un Mundial, marca que ya compartía con Emilio Butragueño (México 1986) y David Villa (Sudáfrica 2010). Rodri ejerce de cerebro futbolístico y de capitán con autoridad, mientras que Lamine Yamal, pese a haber llegado con minutos limitados por una lesión muscular arrastrada desde el Barcelona y con apenas un gol en el torneo, fue destacado una y otra vez por su capacidad de generar peligro y su trabajo defensivo, más allá de las estadísticas. Pedri, Dani Olmo, Pedro Porro y Mikel Merino completaron un plantel joven que respondió en los momentos , incluso desde el banco.