Antes de la primera semifinal del Mundial, era fácil subirse al vagón en el que viajaban los que veían a Francia como favorita. Nadie despreciaba a España, ni mucho menos, pero el equipo de Deschamps era el que estaba dejando mejores sensaciones en el torneo, sin ninguna duda. Cuatro delanteros del máximo nivel la situaban como la que mejor atacaba. “Nos enfrentamos a la mejor selección...”, comenzó diciendo De la Fuente a sus jugadores en el vestuario, antes de que saltarán a calentar en el AT&T Stadium de Dallas. Sólo era un preludio del mensaje que les quería transmitir, el concepto que le está conduciendo al éxito. “... Pero nosotros somos el mejor equipo”, concluía para cargar las pilas de los futbolistas antes de intentar el que resultaría un apabullante asalto a la Bastilla. El 14 de julio también será fiesta nacional en España porque abrió el paso para luchar por la segunda estrella de la roja. La histórica clasificación de España para su segunda final de un Mundial tiene una punta del iceberg llamada Luis de la Fuente. Sin duda, el riojano es el artífice del éxito con su habilidad táctica y su inteligencia emocional, que ha calado en el vestuario. Un estilo que recuerda al que tenía Vicente del Bosque, y que acabó alcanzando la gloria en 2010. Se le pueden poner todas las ganas del mundo, pero conseguir reprocharle algo al de Haro es misión harto complicada. Encadena un acierto tras otro. “Lo importante es saber elegir a tus compañeros de viaje, si te equivocas puedes tener problemas. Siempre he puesto mucho interés a la hora elegir gente normal, generosa, que prioriza el bien común por encima del particular. Es la manera de que el viaje sea mucho mejor”, repetía tras barrer a Francia, poniendo el mismo foco fuera del césped que sobre él. El riojano cuenta con una gran ventaja sobre los demás, ha coincidido con casi todos los futbolistas en las categorías inferiores y eso le permite saber lo que le pueden ofrecer con la pelota pero también qué tipo de personas son fuera del campo para elegir mejor a esos “compañeros de viaje”.Lee tambiénTal y como predijo, su equipo ha ido creciendo a medida que avanzaba el Mundial y las piezas se iba asentando. “Es un proceso planificado para que llegáramos al momento clave de la mejor manera posible, con un nivel físico y futbolístico de los jugadores en un nivel muy alto”, presumía. Parte de este éxito colectivo, aún inacabado a falta de la gran final, se refleja en la dificultad para escoger a una estrella, a un líder. Objetivamente, el técnico ha logrado construir un equipo en toda su extensión, concepto sublimado en este Mundial. ¿Laporte? ¿Cubarsí? ¿Rodri? ¿Dani Olmo? ¿Lamine? Incluso, ¿Merino? Se pueden señalar prácticamente a los once titulares como potenciales motores de España y seguramente nadie se equivocaría. Así ha llegado España hasta la final, anteponiendo el bien común sobre todo lo demás.“Jugamos ante la mejor selección... pero somos el mejor equipo”, les remarcó De la Fuente a sus hombres en DallasLos aciertos de De la Fuente comenzaron desde el inicio del camino, cuando apagó con maestría el debate de la portería. Optó por convocar a Joan Garcia, decisión que muchos pensaron que se le volvería en contra, que generaría un problema en el vestuario. Ha sido todo lo contrario. El riojano es fiel a los suyos pero no es ajeno a la realidad y el portero del Barça había sido, sin atisbo de duda, el mejor de la Liga. Lo lógico era llevárselo al Mundial y así lo hizo, pero sin que eso alterara el ambiente del vestuario. Unai Simón, el capitán, iba a ser su portero titular, como había sido siempre desde su aterrizaje en la absoluta. Siete partidos después, el del Athletic sólo ha recogido un balón de su portería y la roja está en la final. Una vez más, De la Fuente acertó con la tecla.La cosa continúa en otras partes del campo con idéntico acierto. El seleccionador español es el responsable de tomar la decisión final en todo, pero le gusta que sea algo colegiado, consensuado con su equipo de trabajo. Y cuando entre todos no ven algo claro, hacen pruebas hasta lograr una solución que les convenza. Así ha sucedido en el Mundial con el lateral derecho, por ejemplo, donde De la Fuente ha ido practicando el clásico prueba y error entre Marcos Llorente y Pedro Porro, hasta que el extremeño ha ganado claramente la partida y se ha hecho con el puesto de titular.Aunque quizás es el centro del campo la línea que mejor refleja la metodología y la filosofía de De la Fuente, un técnico a la vieja usanza pero con mucha más visión de futuro de lo que pueda parecer. Su empeño en mantener a Rodri, a pesar de que era evidente que no estaba en su mejor momento, sin darle una oportunidad a Zubimendi tras su gran temporada en el Arsenal, pudo dar la sensación de ser el capricho de un entrenador anclado en el pasado. Un mes después de aquellos inicios dubitativos, queda claro que el riojano otorgaba su confianza al Balón de Oro de 2024 porque le veía en el camino de recuperar su mejor versión. Ante Francia ya nadie dudó de Rodri, impartida cátedra organizando y manejando los tiempos de la finalista. En cambio, cuando no lo ha visto claro tampoco le ha temblado el pulso a De la Fuente para tocar teclas. El caso más evidente es el de Pedri, pieza imprescindible para entender el juego de España, al que el seleccionador no acababa de ver fino y al que no le tembló el pulso para enviarle al banquillo de inicio en cuartos y semifinales. Una decisión a priori polémica, a la postre acertada. Tampoco ha tenido problemas De la Fuente para ir rotando entre las opciones que más le convencían para jugar de 10, como dice él mismo. Una carrera que Dani Olmo ha ganado con varios cuerpos de diferencia y que ha sido premiada por el técnico con la titularidad indiscutible en todas las eliminatorias.El debate de la portería, la fe en Rodri, la apuesta por Olmo... el técnico encadena un acierto tras otroEspaña está alcanzando la excelencia bajo un paraguas de aparente normalidad. Así triunfó el equipo de Del Bosque y así está triunfando el de De la Fuente. El MVP es para todos.Nací en Barcelona en 1975 y he desarrollado toda mi carrera en el ámbito deportivo. Aprendí en Mundo Deportivo, me asenté en La Razón, el ABC me devolvió al periodismo y La Vanguardia, donde trabajo desde 2015, me dio la oportunidad de crecer.