De antemano me disculpo por mi salto al terreno futbolístico. Prometo, al menos, no hacer bromas de dudoso gusto y, si no se ríen, no les reprocharé, a la manera de M. Rajoy, no haberlas entendido. Cada cuatro años me convierto en espectadora del jogo bonito, y lo hago como si visitara una ciudad extranjera, con curiosidad, dispuesta a perderme. Lo ignoro casi todo de sistemas de juego y coberturas, pero ahí estoy, un miércoles de julio, delante de la tele, celebrando los goles de Argentina. Shaun Botterill/Getty ImagesA Messi se le ha llamado el flâneur del fútbol, y en este Mundial, el sexto que disputa, se confirma, una vez más, que el mejor jugador del mundo se pasa buena parte del partido caminando. Treinta y nueve años y máximo goleador de la historia del campeonato, es también el jugador de campo que menos corre. Hay quien ha echado cuentas a lo largo del torneo: el 65% del tiempo de juego anda y otro 25% está quieto. ¿El resto? Un 8,6% de trote, un 2,8% de carrera, un 1% de esprint. Guardiola lo explicó así: parece que está paseando, pero se pasa el partido “radiografiando la situación en cada instante”, de modo que, cuando le llega el balón, “tiene la radiografía completa del espacio-tiempo”.Messi, máximo goleador, es también el jugador de campo que menos correMucho se ha escrito sobre la inteligencia perceptiva del jugador, que le permite procesar gran cantidad de información (el efecto Matrix, la visión de 360 grados, el cálculo de puntos ciegos…) y crear un mapa mental antes de actuar. Un fisioterapeuta del FC Barcelona concluyó que su musculatura consume mucha energía en las aceleraciones explosivas, así que hubo que enseñarle a rentabilizar el esfuerzo.El domingo se juega la final, y el paseante del balompié se medirá con España, la escuela donde aprendió a ser un estratega letal, a leer el futuro de las jugadas y a ejecutar sus movimientos con una precisión destructora. Hay un contraste abismal entre la disciplina que exige la alta competición y la estructura de poder de este deporte que hace de la pasión una maquinaria de especulación. El fútbol es un prodigio sociológico: nobleza, sacrificio y talento consiguen sobrevivir dentro de un ecosistema movido por el lucro desmedido y la corrupción, que no hizo ascos a Rusia ni a Qatar.