11 de julio, 2026 - 06h00Vivimos días en los que el panorama institucional y social de nuestro Ecuador se presenta bajo un manto espeso y tenebroso. La incertidumbre y el pesimismo pretenden reclamar el derecho de autor sobre nuestro futuro. Sin embargo, los pueblos no se definen por las tormentas que atraviesan, sino por la naturaleza del ancla que los mantiene unidos. Para los ecuatorianos, ese lazo místico es lo que llamamos Nuestro juramento: un pacto de acero que llevamos tatuado en el alma y que se activa cuando la realidad nos exige recordar quiénes somos. Y nuestra selección ecuatoriana de fútbol, la Tri, nos demostró que lo que nos une es superior a nuestras diferencias.La salida a las crisis más oscuras nunca proviene de una fórmula mágica ni de un mesías político, sino que radica en desplazar la mirada de la herida hacia el músculo que aún se mueve. Si analizamos qué mantiene en pie al país, descubriremos que el inventario de nuestras coincidencias es abrumadoramente superior al de nuestras discrepancias. Nos une la resiliencia, el valor de la familia, el ingenio del comerciante y el esfuerzo del trabajador. La penumbra retrocede cuando dejamos de buscar culpables y decidimos, de manera consciente, que la sospecha mutua no ganará el partido.Pretender una homogeneidad artificial en un país tan diverso es una utopía estéril. Somos seres imperfectos y fragmentados, pero es allí donde la sabiduría mística –inspirada en las enseñanzas de Jesús– nos ofrece la respuesta: el ojo no puede decirle a la mano “No te necesito”. El sector productivo, la academia, las instituciones cívicas y el ciudadano común son miembros de un mismo organismo. La perfección colectiva se alcanza cuando ponemos nuestras imperfecciones individuales al servicio de un engranaje solidario.El partido de Ecuador frente a Alemania es un gran laboratorio social, y la histórica victoria por 2-1 nos dejó una cátedra de vida. La Tri y Sebastián Beccacece –director técnico de la selección en este Mundial 2026– nos enseñaron audacia y flexibilidad táctica, al mover el tablero con cuatro cambios estratégicos clave para sostener el resultado. En la cancha no ganaron individualidades egoístas; ganó un sistema solidario donde la frescura de Nilson Angulo y la genialidad de Gonzalo Plata se subordinaron al equipo. La Tri demostró que, con orden, estrategia y fe, el ecuatoriano no se achica ante ningún gigante del planeta.¿De dónde brota la terca fe de que este país tiene salida? De una certeza que desafía cualquier lógica destructiva: el amor es el verdadero ADN de Ecuador. Nuestro compromiso con la patria no nace de una obligación fría, sino del corazón.Ante la incertidumbre del mañana, los ciudadanos de esta tierra mantenemos vigente el pacto más sagrado de todos; ese donde, por encima de cualquier tormenta, “hemos jurado amarnos hasta la muerte, y si después de muertos los muertos aman, amarnos más”. Julio Jaramillo, Ruiseñor de América, te seguimos teniendo presente en nuestros momentos más fantásticos. (O)
Lourdes Luque: ‘Nuestro juramento’ | Columnistas | Opinión
Julio Jaramillo, Ruiseñor de América, te seguimos teniendo presente en nuestros momentos más fantásticos.










